Mamita…

Si eres mujer y madre, si eres hija y madre; si eres varón soltero, pero tienes infinidad de proyectos realizados, o de esos padres que sienten que no fueron una mera semilla humana colocada en el vientre amado, sino él mismo, que sigue vivo en un 50% en sus bebés, entonces, estoy escribiendo para contarte una historia de amor.

¿Habéis oído eso de COMO ARRIBA ES ABAJO?

Es otra forma de contar aquello de que somos imagen de un dios. Y de decir también que somos una pasada como seres. ¡Vamos divinos! ¡No os digo más!

 Sé, lo sé, que cuesta creerlo. Sobre todo porque no hacemos magia… O al menos no somos conscientes de hacerla.

Pero hubo un tiempo en que la humanidad inconsciente de ser humana, miraba el mundo y tomaba de él lo que le hacía falta. Todo resultaba mágico. Ciertamente a veces ese mismo mundo te mataba a un hijo que comía sabe Dios que vegetal y resultaba ser veneno (de ahí que los niños odien las verduras…), o que a veces el rayo tocaba tu casa y te la quemaba…, o que ya fuera un maremoto, un terremoto, una inundación primaveral o un volcán, te dejaba desarmado si es que sobrevivías.

Sin embargo en aquel tiempo, que duró la friolera de 35.000 millones de años, uno se comía su añoranza, como hacen aun los elefantes cuando pasan junto a los huesos de sus congéneres.

No fue súbito, ni rápido. Pero las cosas se modificaron el día que el varón y la hembra homínidos descubrieron, que no era magia lo de que de ella surgieran seres vivos, que él tenía una participación en aquello de traer niños al mundo. 

Hasta entonces la prole era de todos y estaba a cargo de todos. Pero ya sabiendo que el niño era suyo, mejor que fuese él quien heredara su arco y las cuatro cosas que poseía y no los demás críos. Claro que…¿Cómo estar seguro de que no era de otro…?

Ahí nació algo que apenas hace décadas hemos conseguido quitarnos de encima las mujeres españolas. El hombre quiso hacer uso de su fuerza, se convirtió en jefe y paulatinamente todo lo femenino cayó en desgracia, hasta no dejar ni que disfrutásemos de nuestra herencia paterna o hasta considerarnos tan poco, que sólo con su autorización podíamos firmar papeles: ser dueñas de nuestro cuerpo y nuestras vidas.

¡ Ellos que tanto disfrutan cuando nos tratan como a reinas y nos protegen y nos dan de su esfuerzo lo que necesitamos!

Visto desde la perspectiva actual, el mundo fue dejando de ser eso que canta Balú el oso, en la versión del Libro de la Selva de Disney:

“Toma no más lo que has de necesitar. Mamá naturaleza te lo da”.

La naturaleza, materia al fin, MADRE siempre, mujer tenía que ser…, pasó a convertirse en UN RECURSO del que servirse, aun si cual células cancerígenas estamos comiéndonos el planeta y lo esquilmamos como si ya tuviéramos uno nuevo que habitar a la vista. Somos realmente como el cáncer y nos jugamos matar al portador… Pero eso a los varones que no escuchan su alma les trae al pairo. Ellos quieren beneficio y si eso deja a sus hijos sin futuro…, pues…, ya se verá.

¡ Pero estamos de suerte! Hasta ellos llevan en sus genes el amor a la madre. Ojito con mentarla, y qué común es que se vengan a bajo cuando mami muere. Es SU mami. La Tierra no lo parece.

Y estamos de suerte, porque las madres cuando parimos nos resulta extraño que los hijos crezcan, que aquel chiquitín al que custodió nuestro cuerpo y hemos criado con culpa y miedo, con dolor y lágrimas, con gozo y alegría sea ese señor que me abraza o esa mujer que va a ser madre y no esa personilla que amamos sólo con verla. ¡Y mira que están a veces feos al salir del canal del parto! Hay un vacío, rara vez contemplado en el alma de la madre, que protesta porque aquella fusión del embarazo está rota, o lo parece.

Y es una suerte esa añoranza, como lo es que hasta los más fieros machos suelan adorar a sus madres, pues ese es el imán de la vida, para que busquemos nuestro estado original, para que conectemos con una memoria de milenios en la mente colectiva humana, que nos sigue cantando: MAMÁ NATURALEZA TE LO DA…

En contra de la miseria, la desesperanza o los desastres provocados y naturales, guarda el ser humano en su mente y su corazón aun la esperanza de que Mamá no haya muerto del todo y nos esté custodiando como nosotros, los padres, custodiamos a nuestros amados hijos o como los padres buenos lo hacen y se nota.

Por eso busca cada cual, como sabe, la felicidad o al menos el bienestar.

 ¿Y si mamá fuese además el príncipe o la princesa azul?

No es descabellado, pues lo natural puso un macho a las hembras y viceversa y un poder total que nos atrae a él o a ella. Se podría decir que la Madre naturaleza, llamada por algunos Gaia, en su afán de dar sin medida, y quitar también cuando le parece necesario, nos ha regalado el AMOR.

Yo siento, veo, conozco ese amor. Sólo que me he permitido criticar al león por masticar viva a la gacela. Me he permitido corregir lo natural y prescindir de ello. Eso es lo que fastidia todo ¡Es más! Sigo sin dejar de criticar a mis semejantes cuando no hacen, dicen , o son, como a mi me enseñó la vida que hay que ser. Y barrunto que como yo hay muchos.

Queremos todo, pero de ello sólo una parte. Y eso se cae por su propio peso. Lo que hay es lo que ves.

Si en vez de llamar al vacío cuántico vacío, conocedores ya de que es una sopa llena de cuantas posibilidades seamos capaces de imaginar Si sabiendo que el universo, el mundo y mi cuerpo tienen más vacío que masa, infinitamente más, si en vez de llamarlo energía lo llamo Dios y me acuerdo que lo visible o lo de aquí y lo de arriba o invisible son iguales…, me atrevo a poner voz a esa MADRE, a ese vacío que pare a cada instante la vida y tiene un fin del que soy un elemento más.

 Yo mamá vació, GAIA, diría a mi hijo/a:

“¿Sabes? No hallé hombre/mujer alguno que me complaciese y decidí parirte para que tú fueses mi amor.

Me gustaría casarme contigo.

Sí. ¡Resulta aberrante tal vez, pero cuando me dejes de mirar como mami, y me sientas como amante, ya seas hombre o mujer…, ¡yo soy el mejor partido que imaginarte puedas! Puedo darte lo que me pidas. Y ¿Sabes? Yo sólo te quiero A TI. No necesito que seas de otra o mejor forma. Ya te eduqué para que fueses como yo quería.

Pero…Tu, que antaño me adorabas, ya no ves en mí a tu princesa/príncipe. Has conocido el universo que hice y cuando por necesidad del guión, hago algo que te aprieta, incluso un poquitín, me rechazas.

Tu eres mejor que yo mil veces, pues ya me encargué de hacerte libre, para que absorbieses todo lo necesario y me sorprendieses. Sin embargo me reprochas a cada instante que me sirva del abono, que me ensucie las manos, que no sea la brillante y limpia versión de mi todo el tiempo, esa que tu memoria infantil guarda.

 Nunca podrás sentir todo mi amor mientras me exijas ser de otro modo. Yo sólo te quiero a ti. Pero en mi, que hice y hago lo que hago usando todo mi conocimiento, hayas formas y usos que te dan hasta asco. A veces me temes. No confías en mí. 

 Sabe mi amor, que soy la mujer, el hombre con quien sueñas. Pero sólo me sentirás como tal cuando me halles en tu pareja, en tu trabajo, en tus distracciones, en todo aquello que es tu mundo. Cuando estés dispuesto a tomarme como soy y creas que a mi me vales como eres. Entonces yo seré la esposa amada, aunque mi cara y mi cuerpo sean los de tu mujer.

Hay un universo de gozo esperándonos hijo mío, amado de mi corazón, para cuando quieras. Y no temas. Soy eterna y esperaré con los ojos cerrados, respetaré tus miedos y te protegeré hasta de ti mismo…, dejándote total libertad hasta que tu me pidas que te mire y me mires”.

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