FOTOS Y TÓXICOS y II

Soy una cámara, pero no una máquina y tengo la virtud de ver y sentir lo que veo de muchas formas.

El cabreo por ejemplo, puede ser una reacción de escape, algo así como cuando una olla suelta el vapor para no explotar. Pero en mi existe la posibilidad de mantener el cabreo, pasarme el vídeo de lo que me hizo reaccionar y de mis razones un instante o toda la vida. o no hacerlo. 

¡¡Y no es lo mismo!!

Mi interpretación de los hechos es siempre incompleta e inexacta, pero suele ser inevitable, porque tampoco somos conscientes del edificio interno en que basamos nuestras opiniones. Ahí están las ideas de nuestros padres, a veces sin revisar. Las experiencias frustradas sin entender y muchos más datos inconscientes, no por ello inactivos, ya que determinan cómo respondemos ante los hechos.

Lo que si podemos evitar seguramente es pasarnos el mismo vídeo y prolongar la rabia. Lo que ocurrió pasó. Si cada vez que veo al vecino, o entro en mi trabajo y miro al jefe con el pensamiento de “otra vez“, al único que daño es a mi mismo. Ni al vecino le preocupa si le llamo por dentro cabrón, ni a mi jefe que me de asco. No es OTRA. ES UNA y ES NUEVA esta vez.

Sin embargo la sensación de mirar al cabrón o al malnacido deja en mi ánimo un malestar inevitable y creciente. Un día ya ni te fijas. Esas sensaciones conviven contigo, sientes ansiedad o por salir a la calle, o sólo por  pensar que de nuevo mañana vas a ir al trabajo.

Y sería muy normal caer en una depresión, o en tal estado de ansiedad que te lleve al médico. ¡Hasta por puro egoísmo no es práctico alimentar pensamientos como estos!

¡Y no es tan difícil mirar con ojos nuevos!

No son ellos los tóxicos, sino que mantener el pensamiento en ellos de esa forma me envenena y no sólo la mente. Desgraciadamente se suele creer que lo psíquico no es físico también. CRASO ERROR.

La consciencia, la mente, puede no conocer qué le ocurre. Pero los pensamientos sostenidos provocan reacciones orgánicas tan fuertes que ni lo imaginamos. A favor y en contra.

Tener ansiedad parece como si uno se lo inventara…, hasta que te ocurre a ti. El corazón late realmente desacompasado, sudas, sientes órganos como a presión sin entender de dónde parte el inicio del malestar… Se marea uno, se altera la presión arterial, te ves enfermo de verdad, aun si la causa era un pensamiento, por ejemplo de rabia.

La salida a esto pasa por respirar lento y profundo. Tal vez haya que tomar un sedante además. Es una solución a cortísimo plazo. No resuelve nada.

La causa nace en uno mismo, en la intolerancia, en la auto exigencia, en el perfeccionismo, en vivir en ayer en vez de en ahora mismo…

El jefe puede ser de los que uno preferiría nunca conocer… Y sin embargo no es más que el cómplice perfecto para que mires por qué te molestan tanto sus órdenes. ¿Es orgullo, es pereza, soy realmente como creo ser? ¿Soy sincero conmigo mismo? ¿Su voz nunca tiene otros matices, o te niegas a percibirlos de puro enfado? Puedo pensar si hay algo en la vida de ese jefe que pueda haberle dañado de tal modo, que no sepa ni si aun tiene corazón, porque lo ha enclaustrado literalmente en calcio.

Puede ser cierto y es un pésimo jefe. Pero quizá puedo sentir compasión, pensar qué pobre es quien no sabe más que justificar sus errores a través de los actos de otros y plantearme que a lo mejor si en vez de con rabia, le respondo con la amabilidad que todo ser humano merece, su actitud cambie.

 La realidad no existe. Hablamos de ella como si fuera una y hay una para cada uno en cada momento.

Podemos mirarla con odio, con miedo, con respeto o con amor. Es posible intentar descubrir el tesoro que el otro guarda detrás del malestar auto provocado por mirar como si el ojo fuese una cámara total, en vez de ser un foco que no ve más que aquello que enfoca y lo interpreta erróneamente. Bajo su piel hay un minusválido emocional gritando auxilio. ¡No te conviertas tú en otro!

Si pudiésemos ver desde todas las perspectivas lo real, incluida la de un gigantesco microscopio que permitiese ver que no hay ni partes, ni trozos, ni división alguna, si fuésemos conscientes de que no es sólo poético que somos una unidad con cuanto vemos, tampoco reaccionaríamos con agresividad interna o explícita al vecino o al jefe.

Si lanzas una piedra te termina dando a ti.

Mis juicios basados en lo que mi cámara, mis sentidos y mi opinión dictan son FALSOS. No mentira, sí incompletos y por ello falsos. A lo mejor mi vecino se muere de vergüenza, vaya usted a saber por qué. A lo mejor mi jefe antes era distinto y no ha sabido gestionar de otro modo su vida. Sería para sentir comprensión, más que asco o desprecio.

Si me empeño en ser víctima y echar la culpa a lo que me hacen y no a lo que yo hago manteniendo mis pensamientos auto destructivos, un día mi hígado dirá que ya no soporta más cortisol y claudicará.

A cambio es posible echar una nueva mirada a cada persona tóxica. No es ni inmediato, ni te sale solo. Has de mantener tu voluntad a prueba de hechos desagradables.

Y eso un niño sabe cómo hacerlo sin que se lo enseñen.

Nosotros, los adulterados por tanto veneno producido y consumido, con hígados tocados del ala, hemos olvidado volar.

Aun así hay esperanza.

Cada día tiene su afán. Concéntrate en ahora. No recuerdes lo de antes. Y si te persigue, aun si sólo es por tu propia salud, cambia tus pensamientos, confía en que es posible otra visión y mantente alerta. Llegará el día en que lo mismo que te sentías víctima, ahora seas el autor de tu vida.

Es una cuestión de confianza.

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