VOLAR, VIVIR o SOBREVIVIR

Me despertó una palabra: ángel. Ignoro porqué. Entonces estamos pata acá pata allá: lógica y razón están desconectadas…

Aprendí que ÁNGEL significa fuerza celestial, ser con alas y sin pies, casi fantasmal aunque amable, conectado a Dios mejor que yo. Felizmente seguimos aprendiendo. Ahora, un ángel es quien te cuida, nutre emociones y sentimientos, aunque tenga sexo, pies y carezca de alas. “No comment” de la conexión con DIOS. Sé más de los ángeles.

Estaban cerca. Realmente, viven en todos. No son etéreos, sino impulsos, fuerzas, posibilidades reposando en la mente del corazón y no del cerebro. Podemos bloquearles, retardar su efecto. Pero están. Tienen tarea y la cumplen sí o sí.

Es… como las palabras. Hay registros. Leí que un hispano maneja, es decir entiende, una burrada de ellas. Dicen que 10.000. Un neerlandés tiene unas 5.000. Manejar indica que nos suenan sin dominarlas. “Normalmente” estamos muy por debajo: unas 1500, o menos. ESAS PALABRAS son como ángeles. Reposan en ti y surgen leyendo un libro, por ejemplo. Pero conocer, conocemos 1.500. Y como a los ángeles, hacemos poco caso de las otras.

Nos convencemos de que la gasolina de nuestros actos es eso que piensa casi simultáneamente a nuestra actividad. Y como todo acompaña, cuando decimos YO, hablamos de ese corralito cotidiano que manejamos tan bien y además conocemos.

Dos meses atrás creíamos que estar en ese corralito era ser libre. Ni nos dábamos cuenta, ni queríamos pensar más. ¿”Pa” qué? ¡Vivíamos “en un país libre”, siempre que pagásemos los impuestos! Y si votabas, mucho más. Podías protestar. ¡¡Qué lujo!!

Pero mira tú. Sin comerlo ni beberlo amaneces un día y tu querida “libertad” se ve, no ya restringida. ¡Está cortada de cuajo! Hay voces reclamando esa libertad de pacotilla engañosa, porque insensiblemente, tampoco éramos tan libres.

Podíamos viajar… ¿o debíamos? El precio de volar antes lejos de nuestros bolsillos, por arte de “magia”, buscando con tiempo, estaba tirado. No importaba reservar nueve meses antes del vuelo. Aceptábamos vivir esperanzados un embarazo para realizar un sueño. Bahamas… Cancoon… New York… París… Londres… ¡¡MUNDO allá VOY!!… sonaba dentro, como si “ese mundo” me permitiera volver, inevitablemente claro, más repuesto al mi conocido y aburrido mundo. “Viajar” es como “ángel”. Otra posibilidad. Con poca voluntad era real y a mi alcance. Ahí, reside el engaño. Ya comprábamos los billetes con seguro. Más de uno perdió vuelo y dinero.

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La Vida es sabia. Un cotidiano elemento algo reformado aparece; nuestros jefes dan una orden inhumana, y aterrados aceptamos la prisión. ¿Reos de qué? Reos de crédulidad. Es uno delito grave. La sentencia no tortura, salvo que… súbitamente necesitas, buscas tu libertad. ¿La tenías? ¿Podríamos reencontrarla? ¿Existe?

 Es, como la palabra: Dios. Si existe, está. Si no, olvídate. Y vivir sin ángeles, con 1.500 palabras sólo y sin Dios es en sí la tortura.

No tendremos alma. Pero cualquiera sabe que tiene un yo. Es mi personalidad, mis recuerdos y experiencias, que por parecidas que parezcan a las de otros… SON ÚNICAS. Todos amamos alguna vez conscientemente y nunca pudimos coger nuestro amor, ponerlo sobre una mesa como prueba palpable, y demostrar científicamente que amábamos. ¡No tendremos alma… Pero uno es capaz de amar hasta la locura! Y ESO EXISTE.

No existirá Dios, pero… ¿ Qué se ocupa de que respire y lata mi corazón mientras juego con mis 1.500 palabras e ignoro a los ángeles?

Somos un magnífico proyecto natural largamente procesado durante millones de años y cambios progresivos de genes mutantes…. Un proyecto construido en continua comunicación con cuanto nos rodea. Y… ¿Qué mueve ese proceso?

Ya podemos hacer hasta que llueva. Pero no, mover montañas. Un terremoto, una fuerza tectónica, SÍ. Y aún nadie sabe porqué un óvulo permite sólo a un espermatozoide entrar para crear vida. Lo descubriremos. Aunque… no por mucho descubrir sabremos qué amenaza continuamente nuestra libertad. Para eso, sería interesante saber qué es o en qué consiste. Y eso, solo lo sabe uno.

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