Julio de 1936. Día 18. Los ancianos aun recuerdan el ALZAMIENTO. Una facción se ALZÓ. La otra, tres años después perdía una de las más sangrientas guerras que España recuerda, de las que la crueldad fue la nota común. No había una causa común. Hubo venganzas aprovechando que se podía matar gratis. También creyeron muchos que luchaban por unas ideas… Y se luchó por ensayar una conflagración mundial, claro que entonces eso pocos lo sabían. Así se ve desde el suelo, aunque podemos alzar nuestro corazón y quedarnos con que alguien se elevó.
Hasta ahora, en toda victoria hay vencidos. Lo llevamos haciendo milenios, humillándolos encima. Y el resultado es una sociedad, que como gran modelo de cambio acepta las máquinas inteligentes y los cuerpos biónicos…, por ahora. Un día solo quedará de nosotros un avatar. ¿¿DE VERDAD?? ¿Es esa la confianza que tenemos en el ser humano? ¿No tenemos mejor opción que desaparecer a cambio de la inteligencia artificial?
Mar de Galilea. Año cero. Un hombre se dirige a un grupo de personas diciendo:
«No os enfrentéis al mal. Cuando os den una bofetada poned la otra mejilla».
¿Hemos comprendido? Es una expresión, no te está pidiendo que seas imbécil. ¿Qué hacemos cuando nos sentimos atacados? Hay quien huye. Muchos atacan a su vez y se sienten en su derecho. Es la primitiva ley del ojo por ojo. Primero hemos nombrado enemigo al otro, y a partir de ahí organizamos cómo devolver el golpe. Puede ser instantáneo o diferido. Y huir, no es más que relegar la solución del conflicto.
Entiendo que Jesús te pide que te quedes y que no devuelvas el golpe. Mi experiencia es que entonces, el mal se diluye, se evapora. Jesús encontró el mapa de la VICTORIA, no la suya, sino una sin vencidos, porque pobre victoria es la que deja a tantos humillados. Jesús se alzó sobre la mirada común que también conocía. No sé de nadie que no quiera ser feliz sin miedo a perder su felicidad. No conozco a nadie que no quiera la VICTORIA FINAL.
La cuestión es qué estamos dispuestos a hacer, porque nadie va a crear otra sociedad humana, compasiva, fraterna, si nosotros no la creamos. La oferta es: o un mundo progresivamente lleno de máquinas inteligentes o una sociedad dispuesta a encontrar el tesoro. El tesoro es uno mismo, cada uno de nosotros listos para no enfrentar al mal, reconociendo que eso que me remueve las tripas, lo hace porque es mío. Otro lo expresa, pero…ES MÍO.
Abril 1939. Entonces se cantó victoria, una que a media España le supo a lágrima y a exclusión.
Podemos repetir y repetir el rechazo, la venganza, el odio, y suma y sigue. Los vencedores ofrecen un mundo deshumanizado que acaba al final con la especie humana. Pero también podemos empezar a cambiar lo que SÍ podemos cambiar, es decir, nuestra respuesta ante el mal.
Muchos esperan la vuelta de Jesús para resolverlo todo, pero quien no se fue, no va a volver. Él ya alcanzó la VICTORIA, se alzó sobre los primitivos instintos. Miró a todos y todo como siendo suyo. Nos ofreció el mapa. Hoy nos toca a nosotros. Si queremos un mundo humano empecemos por serlo nosotros y «humano» no es imperfectos, sino conscientes, compasivos, dispuestos a amar al enemigo.
Entonces, y sólo entonces, viviremos una VICTORIA sin vencidos, una que nos haga crecer y nos brinde un mundo nuevo.
