¡¡HECHO ESTÁ!!

Siglo I: un anciano casi ciego llamado Juan, dictaba un mensaje. Nos ha llegado bajo el título: Libro de la Revelación, también conocido como APOCALÍPSIS. El sentido catastrófista de la palabra es reciente. Hace apenas un siglo, algunos lo convirtieron en la idea del trágico final que acabaría con nosotros. Más cuando él dictaba, simplemente DESCUBRÍA lo escondido, lo alejado de nuestra conciencia: eso significa «apocalípsis». Hay que leerlo hasta el final…, un final para nada destructivo. Acaba maravillosamente bien. De sus 22 capítulos y su epílogo, los veinte primeros describen en clave hechos tremendos, pero el aire cambia al comienzo del XXI. Con las palabras «Vi un nuevo cielo y una nueva tierra…» Juan, el amigo de Jesús de Nazareth, presenta UN MUNDO NUEVO.

Puedes o no creerlo, pero quien habla por su boca es Jesús, su Maestro, quien dijo: EL PADRE Y YO SOMOS UNO. Así inicia el capítulo XXI:

«He aquí que hago nuevas todas las cosas… Hecho está».

Muchos quisimos cambiar el mundo, hacerlo nuevo. Y ya veinte siglos atrás, se nos descubrió que EXISTE. ¿Entonces…? ¿Por qué todo sigue igual?

La religión en su más amplio sentido no ha ayudado a conocer más a Dios, sino a perder el contacto con lo que Dios es. Así, vivimos al menos dos realidades. Una cotidiana y luego la de los sueños, siempre ahí: en el sueño. El mundo real está lejísimos del que soñamos.

Juan revela un mundo sin lágrimas, sin esfuerzo, sin muerte, un mundo donde cada ser es uno con Dios, sea lo que sea Dios. Y afirma que está HECHO. ¿Qué nos impide verlo, vivir en él?

Instintivamente el personaje que somos busca fuera las causas de nuestro sufrimiento. Desde los políticos mentirosos enriqueciéndose a nuestra costa, a los religiosos que siguen al mando de los diferentes caminos de la fe. Desde nuestro status social tan condicionante, hasta la mala suerte. O seres muy próximos: un padre, una madre, algún hermano… Es facilísimo hallar causas fuera.

Sin embargo, la causa reside SIEMPRE dentro, en las tres bases que señalaba Krishna: el miedo, el inmerecimiento y la culpa. Miramos al mundo a la defensiva, llamando a gritos a aquello que más tememos. Nos proclamamos imperfectos, luego …¿qué puede salir de nosotros sino «cagadas»? Y para coronar, actuamos como sospechosos de culpa, porque nunca lo damos todo y alguien puede creer que por nuestra causa algo salió mal. Con estas ideas…¡¡Cómo vamos a ver ese mundo que está hecho!!

Cuando abrí este cuaderno virtual quise llamarlo EN BUSCA DE LA FELICIDAD. Estaba cogido, y lo llamé «del REINO DE LOS CIELOS». Lo hice consciente de que ese nombre que Jesús le dio, no aludía a una ubicación, sino a una realidad psíquica, un estado del Alma y que se acompañaba de dos elementos:

UNO: la imperiosa necesidad de BUSCARLO…

DOS: de una actitud, no ligada a mis hechos, sino a una intención constante empeñada en dar bien y ver bien.

Vigilo mis sentimientos, mis pasos, mi mente y mi corazón. La búsqueda cesó dentro. Ahora busco a Dios fuera. Cualquiera me vale. Sé que soy perfecta con ellos, porque lo que soy sirve a un fin. A veces sé cual. Otras no. Y es un fin dentro de un Plan. Merezco todo lo bueno, no por mis actos, sino por ser lo que soy: un hombre. Y descubrí que donde fallo es en el miedo.

Creía no temer a nada… Y resultó que temía que no fuese verdad que ese Mundo Nuevo ya está hecho. Por eso, vea lo que vea, escuche lo que escuche, toque lo que toque, dejo mi vida cotidiana para vivir mis sueños. ¡Basta ya de escuchar al personaje caduco que me alerta de todos los males del mundo! Es a ese otro que nace en mí, que cree a pies juntillas en ese mundo que HECHO ESTÁ, al que doy vida.

Ver ese mundo nuevo supone borrar culpas imposibles, miedos absurdos o una estima que te juzga imperfecto.

Dios lo puede todo. Son ciertas las palabras de Juan.

EXISTE ese mundo nuevo. ¡¡¡DATE CUENTA!!! ¡¡CAMBIA TU MENTE!!

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