ESTRENAR

Hay un fenómeno llamado EL EFECTO BEBÉ. Indica, que el depredador ante un cachorro, «un bebé», no actúa pretendiendo alimentarse. ¡No! Antepone el impacto que causa el bebé a su hambre y no lo mata.

Entre nosotros reconozco ese efecto, sin ser animales. Personas aparentemente insensibles, quedan «afectadas» contemplando un bebé, incluso sin ser bonito. Se debe, creo, a que lo que se está estrenando evoca nuestro origen auténtico. Sabemos que fuimos ese bebé … y brota un aire de misterio, también en nuestra tan materialista sociedad, que nos retrotrae al inicio.

ESTRENAR es comienzo, nuevo, auténtico…, vuelve lo demás intrascendente ante el júbilo de estrenar. Dicen que no hay nada nuevo bajo el sol, quizá. Sólo que sí hay una capacidad de transformar y sentir que estrenamos. Y estrenar, nos gusta.

Sin embargo, dos percepciones básicas marcan nuestra existencia. Una, la brindan los sentidos. Uno ve, oye, toca algo…, y lo llama real. Pero…, no es menos real, sobre todo si duele, lo que piensas, lo que sientes. Por costumbre, asentada especialmente desde hace dos siglos, prima la información de los sentidos. No obstante, que le digan a un enamorado que no ama, o al deprimido que se mueva. Ahí, diría la objetividad, que sólo son conductas o actitudes, y que no es seguro afirmar ni la depresión, ni el enamoramiento. Sólo porque NO SON TANGIBLES. Pertenecen al reino de lo invisible.

Un bebé parece un humano recién estrenado, aunque decir eso, es confundirse. Es discutible desde luego, aunque me guía el conocimiento ancestral para afirmar, que un bebé no se estrena para nada. ¡Aunque sólo fuera porque su base genética copia a sus progenitores y ancestros! Y aún así… ¡CUÁNTO GOZO da mirar a un bebé…! Es ver abrirse una página en blanco, como si se nos diera otra oportunidad para, esta vez, hacerlo con rectitud. Es una promesa esperanzadora.

Nadie retrocede materialmente para estrenarse. ¿O sí?

Justamente, usando esa capacidad de transformación que reside en los invisibles pensamientos y sentimientos, se puede todo. Todo, de veras, todo. La virtud más sobresaliente del pensamiento unido al sentimiento es, que lo que imaginas y diseñas en tu mente (p. ej. una vida nueva para ti, o un mundo nuevo), se puede hasta experimentar, si te entrenas. Aplicación de este efecto es, ver una película, (que no deja de ser el sueño de otro humano), y quedar contagiado: si es de terror, de miedo y si es cómica, de risa recordando alguna escena. Ahí el efecto procede del sueño de otro, pero igualmente tú lo puedes crear para ti.

Nos pesa, no ya la edad, sino pensamientos que creemos nuestros, cuando son herencia de un pasado infeliz. Creemos ser imperfectos, fruto de un mal comienzo. Sin embargo, el bebé, no proclama eso. No hay error en un recién nacido, sino milagro, magia, aun para nuestra descreída sociedad.

Un hombre, hace 2000 años rizó todos los rizos, alcanzó la cumbre más elevada al unir en sí esos dos mundos: el visible y el invisible. Cuentan quienes le conocieron que era alegre, que destilaba gozo, que emanaba confianza. Jesús de Nazareth, a quien me refiero, es discutido incluso dudando de su existencia. ¡Siempre hay interesados en fastidiar lo original, en desdibujar lo que fue, para recabar elementos para su rebaño!

Pero lejos de hipótesis y dudas, importante el mensaje. Muchos lo tergiversaron, pues habla precisamente de la posibilidad de estrenarse cada día, a cada momento. Habrá quien diga que es el opio del pueblo. Pero quienes le aman a pesar de tanto malentendido, le hacen real. Su imagen es como el efecto bebé. No sabes por qué, pero existe, porque lo sientes.

De cuanto dijo, hoy me quedo con una nota suya: SED MANSOS COMO YO.

Serlo no humilla ante quien nos manipula. Es ser original, real. También es real, que no nacimos el día de nuestro cumpleaños ni estamos desamparados como cuentan, como tampoco somos imperfectos. Muy al contrario, somos mansos cabreados, que en su furia olvidaron nuestra todo poderosa imaginación, capaz de materializar un mundo invisible, capaz de crear un orden nuevo, no mundial, sino personal, recto y virtuoso, que no construye bombas nucleares, porque se dedica a la fusión del átomo.

Tu decides donde pones tu fe:

En un proyecto pervertido, caduco y miserable, también nacido de la imaginación, que desintegra…

O en quien se postuló como camino para la dicha eterna.

Yo elijo seguir a ese Jesús que estrena vida. Hago frente a mis miedos. Lo demás, como decía Él, se da por añadidura. DOY FE.

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