LA CLAVE DEL TESORO

De niña oí mucho: » SÉ BUENA», prueba de que no debía serlo. Escogí luego un buen modelo para mí. Y mucho más tarde, tuve una revelación, un conocimiento indiscutible sobre mi auténtico modelo. Me refiero a Jesús.

Leía la Biblia, con miedo, sobrecogida siempre por una amenaza. Ahora las Escrituras me decían «SE BUENA». Y pedía a Dios que me hiciera mejor persona, porque evidentemente temía caer en el infierno. Los juicios que uno hace sobre otro no son nunca tan fieros como los que hacemos sobre nosotros mismos.

Pero esa revelación me aclaró que lo que Jesús dice no es una petición, no tiene moral, no va de buenos o malos, sino de ser APTO para un estilo de vida, si uno encuentra el tesoro que su palabra revela. De pronto dar la capa, caminar en vez de tres diez kilómetros con el afligido, no condenar al otro, tantas pautas que explican sus parábolas, eran el MAPA del TESORO. Luego supe que es verdad que cuando buscas hallas y cuando pides se te da. Ojo, que no se te da la tarta si pides una, sino los ingredientes y la tarta la has de hacer tú.

De esta forma recibí una enseñanza, encontré a mi maestro (Félix Gracia) y supe que aún en lo escrito, uno ha de buscar lo que resuena dentro. Sí, porque aquel Jesús de mi infancia, justiciero a veces, no concordaba con el Jesús que yo sentía. No cuadra que un ser puro amor incondicional, diga: «¡¡Marchaos malditos!!…, aunque no le vistieran, le alimentaran o le visitaran en la cárcel. No. Mi Jesús no echaría jamás a nadie, por muy egoísta que fuera.

Hay unas palabras de Jesús que apenas suenan: Da al otro lo que quieras para ti.

Es ahí donde se esconde la clave del tesoro. Dar significar perder lo que das. Para Jesús, no. Lo que das es lo que recibes. Y de pronto, ser buena no importaba., Ahora sabía cómo encontrar el tesoro: me lo darían los que tenía a la vista, dando yo lo que para mí quiero.

¿Y qué quiero yo? ¿Qué necesito como el respirar?

PAZ, deshacerme de cada culpa por chiquita que sea. ¡Quiero mi inocencia! Quiero vivir sin miedo. Quiero ser libre. Ahí estaba lo que yo podía y puedo dar. La paz me llega a medida que veo inocentes hasta en los eternos culpables, en agresores de todo tipo. La paz emerge cuando comprendo que el malo tiene una función, probablemente que yo pueda ver su inocencia. Y paulatinamente, ocurre es que yo soy Dios acogiéndolo todo y el miedo se esfuma. Me he convertido en un terminal de Dios que es como el Padre bueno de que habla Jesús.

Y la última cosa…, la libertad…, es que ya nada me oprime, no necesito nada, me vale todo, y ahora justamente, tengo el privilegio de poder escoger qué hago. ¿Hay quien de más?

Ser APTO para la Vida significa ver su bondad, como Yavhé al acabar su creación: «Y vió Dios que todo era bueno».

¿La clave? Repitámosla: Piensa qué quieres para ti. Y ahora ve y dáselo a tu rival, a tu enemigo, al que te cae mal y a cuantos ames, también. ¡Claro!

Lo opuesto también es verdad. Si damos de lo que nos sobra, si restamos lo esencial y nos ponemos CONTRA, estamos sembrando más de lo mismo y el Reino de los Cielos no se materializa.

Ahora lo sabes. ¿Quieres librarte de esa culpabilidad que te atenaza? SOLO HAY UN CAMINO. Ve la inocencia en los demás: En el mezquino, en el abusón, en el vago, en el soberbio, en cuantos te muestran lo peor…, ¡¡declara su inocencia!!! Ellos son también del Plan de Dios y antes vomita a un tibio, que a un perverso. Repito: SOLO HAY UN CAMINO y es este: dar al otro lo que para ti anhelas. Y cuando veas que hace aquello para que tu puedas ver su inocencia y cobrar la tuya, la PAZ anidará en tu corazón. Doy fe.

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