Celebramos EL DÍA de los INOCENTES. ¡Un día! ¿Sólo uno?. Es la llave del Reino de los Cielos, una decisión personal íntima que entiende que un sólo culpable impide SER inocente. Es un momento. Es, ver inocente el acto más aberrante incluso. ¡¡También las supuestas ofensas con que cargamos toda la vida, mediante el «perdono, pero no olvido»!!
Vivimos a dos niveles, al menos. Visible e invisible. No es demostrable el amor, la amistad, los proyectos, las emociones… Sí, hay cambios en tu cuerpo, pero sin interpretación y puede ser errónea, no hay constatación. ¿Cuanto amas? ¿Cómo de buen amigo eres? Nadie sino tú lo sabe. No es tangible. ¿Las caricias lo muestran? sí. Más podrían ser interesadas…
Hay una vida inaccesible a las comprobaciones. Existe, la sientes, más no se rige por las reglas del mundo llamado real. Tiene una regla de oro que nadie cuenta: ALLÍ LO QUE DAS ES LO QUE RECIBES y puede ser eterno.
¿Das envidia, amor, ánimo, miedo? Eso que das es lo que de ese mundo invisible recibes y curiosamente, es tan intransferible, que rodeado de gozo estarás fatal dentro. Da pues cosas buenas, porque lo que das es lo que tendrás. ¡¡Es la clave del bienestar anímico, psicológico, material… !!
El mejor regalo es la inocencia. ¿Crees en culpables? El más pequeño fallo, siendo intrascendente, carga una sombra sobre ti invisible sí, pero efectiva. Difícil, sentirse así bien. Siempre buscamos culpables, inventando castigos para ellos y la lista de culpas es tal, que mirándolo comprendes cómo está el mundo. Condenar y castigar es nefasto, porque el juez eres tú y es imposible no auto juzgarse por esas mismas reglas que imponemos a los demás. Es más. El juicio propio es el más despiadado. Destroza.
Sin embargo, la respuesta no es el perdón. Perdonar es admitir que previamente hubo un fallo. Es convertirse en el árbitro de los hechos según un código propio al que nos adherimos con tal fuerza, que aun si te perdonan, podrías sentirte culpable aún.
Existe un orden superior. No es de fácil acceso, pero es posible. Según ese orden toda idea puede ser real y todo está llamado a su momento: SER SENTIDO. Tal vez no todo y por todos, pero alguien lo protagonizará, ya sea convencionalmente bueno o malo. Es preciso el discernimiento para crear la realidad, seleccionar, proyectar e imaginar mucho antes de actuar, de hacer. Así surgen todos los roles y sus protagonistas…Un día, conocidos los efectos, podremos producir lo que hace y sienta bien. Por eso nacen las guerras, los perversos, los parásitos… Por eso hay demonios y ángeles materiales.
No puedes ser feliz y condenar. Me gustas, eres amable, pero si eres desagradable, te rechazo y en poco tiempo te condeno. Es sólo un ejemplo. Te quiero si me cuidas, pero si no, pierdes mi amor… Otro. ¿Eres un asesino? Mereces la cárcel. Aunque… algo nuestro se encarcela también… Y curiosamente, ni veinte años de prisión hacen sentir la deuda saldada.
Lo que das, recibes. Te interesa dar, reconocer que hay un ORDEN complejísimo, inaccesible a nuestra ignorancia. Ejecuta todas las ideas posibles para que podamos discernir qué será real y qué sostendrá esa realidad. Como en un árbol, el mal será la raíz del bien que lo sostiene. Para ello el discernimiento…, y cuando la culpa sea para ti la raíz, será real tu inocencia, sabiendo qué hace el mal por nosotros y agradeciéndolo.
Sí, ver al «hijo de…» inocente, no es lo inmediato. Pero un sólo culpable impide sentir nuestra inocencia. La inocencia, como la de un niño, no es patrimonio de la infancia. La traemos inconsciente.
Haz consciente la inocencia. Reconoce que todas las ideas y sentimientos han de expresarse, aunque ya actos causen dolor. Este cambia, o desaparece, cuando comprendes que el malvado es otro Hijo de la Luz, como yo, con un papel: QUE YO RECUPERE MI INOCENCIA el día que pueda por fin sentir la suya. Me lo enseñó Félix Gracia y funciona.

