¡¡¡¡¡¡¡A Honolulu!!!!!!!

Tengo una amiga, que lleva años diciendo que su sueño es ir, no a Honolulú, sino a Honolulu.¡¡ Cuánto bromeamos con ello…!!

Y es que, de alguna manera somos caracoles. ¡Tardamos tanto en todo!

El caracol es un bichito que amo en particular, porque es baboso sí, pero inofensivo para nosotros que no somos lechugas. Desde siempre coger esos caracolazos que ante la lluvia somera o bajo un cielo nublado sacan todo su cuerpo menos sus partes desprotegidas, intestinos, genitales, etc, y avanzan, no tan despacio como su fama dice, me han chiflado.

Hay una cantinela infantil que suena así:

¡¡¡CARACOL; CARACOL; SACA TUS CUERNOS AL SOL; QUE TU MADRE, Y TU PADRE TAMBIÉN, LOS SACÓ!!! A veces me maravilla cómo en lo tan simple y no por conocido, se oculta tanta sabiduría. Yo caracol protestaría. ¡A ver! Los tengo que sacar…¿ porque mis padres lo hicieron? Y una voz interna me cuenta: Justo. Porque tu también eres de la misma naturaleza de tus padres y no te cabe otra, o por mejor decir, tienes la suerte de no tener que aprender a hacerlo, ya que lo heredaste de ellos. Además…¿¿Cómo vas a ver por dónde ir si no miras??

Tus padres, es mas que posible, que te animasen a soñar. A ellos puede que también alguien les animase a ello. Animar es gratis y no duele. Y como mi amiga, hemos crecido soñando con un territorio, asequible porque es posible, pero esta tan lejos como una islita perdida en nada menos que el océano más grande. No sólo es caro ir y estar, sino costoso: por el numero de horas de vuelo que supone llegar, más aun si vas en barco. Claro que se nos anima a soñar grande. Pero somos caracoles…

Y…¿PARA QUÉ se nos anima, porque somos caracoles? Es fácil. Para que vivamos en un perpetuo descontento, en una continua muestra de lo incapaces de realizar nuestros sueños que somos. ¡¡Es más fácil cazar avispas atontadas y que obedezcan, que exponerse a su aguijón!! De ahí, a renunciar a Honolulu no hace falta más que una lágrima. En adelante soñar será tener pesadillas y vivir sin sueños será de lo más corriente.

Hace 2000 años, un hombre como nosotros se hizo Dios y por eso le mataron. ¡Pedazo de sueño el suyo…! Suerte que antes, dejó el tesoro escondido con el mapa para que alguna vez tu y yo nos atrevamos a SOÑAR. La cuestión podría ser dónde. ¿Donde lo escondió? Pero no es esa la cuestión. La cuestión real es: ¿¿¿TE ATREVES A SOÑAR???

Para mi amiga Honolulu, ya no existe. Hoy me decía que se conformaba con un pueblo precioso de la costa del sur español. Por lo menos ha encontrado su Honolulu, y ahora me pregunto, si se atreverá a disfrutarlo. ¡Paradojas de la vida! Muchos han hallado su sueño. Pocos lo disfrutan. Aquel hombre de Nazareth lo dijo clarito: ESTA CERCA.

Y ¡ay! lo cercano se vuelve normal y lo normal…¿Lo apreciamos alguna vez? A menudo, ni lo vemos.

Junto a hacer los sueños grandes nos vendieron que estaban lejos, a veces en el Cielo. «¡Cuan largo me lo fiáis!», que diría D. Quijote. Largo, sí. Tanto como largo «está» el camino para ser feliz. ¿Sabes por qué?

A tu sueño, no sólo estorba que lo hagas grande. Estorba que no lo diseñes, que lo sitúes en lo imposible. Ahí está. Un sueño puede incluso esclavizarte. Entretente en crear tu sueño en tu mente. Conéctalo con tu corazón y mira si late fuerte. Y cuando sepas lo que tu alma pide y lo que tu mente y tu corazón unidos quieren, no lo dudes. Honolulu aparecerá.

Honolulu es el Reino de los Cielos, allí donde no hay pena, ni se suda, donde la sonrisa nace sin porqué. Honolulu está tan cerca, que a nadie juzgues culpable de no alcanzarlo, porque sólo, exclusivamente, depende de ti…, porque el que busca halla, al que pide se le da, no lo que pide sino lo que le hace falta, y al que llama, y más si grita, SE LE OYE. Entonces… ¡¡DISFRUTALO!!

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