PERFECTO

Tú tienes una idea sobre la perfección que se puede revisar. Sí. Seguramente crees que perfecto es lo que te gusta, lo que plasma tus expectativas, lo amable, lo bueno. Déjame decir que así nunca sentirás que las cosas marchan como resultan mejor en todo momento y para todos.

Con mucha frecuencia usamos la excusa, y lo hacemos convencidos, de «nadie es perfecto». La verdad es justo lo contrario. Todos somos perfectos, actuamos a la perfección y producimos efectos perfectos. ¡Claro que para percibirlo así, hay que salirse del pequeño mundo en que habitualmente nos movemos!

Existe una parte de la vida con un aspecto, a priori totalmente destructivo. Cuanto supone deshacer, cambiar, modificar, si requiere descomponer lo que había para recomponerlo de otro modo, suena a fracaso, a desastre, y está lejos de nuestra idea de perfección, que además va unida a otra idea: la de estar completo, entero, acabado.

Sin embargo la vida humana, la naturaleza, y el tiempo, hacen que jamás nada concluya. Todo sigue y está en perpetua transformación. Cada modificación representa un crecimiento, un paso evolutivo más. Y la evolución no se detiene, aunque nuestra pobre forma de darnos cuenta nos haga creer que en algún momento llegaremos a alguna parte donde todo por fin esté en equilibrio y sea así para los restos. Cabría preguntarse si la evolución terminará alguna vez… Mi sensación es que si el universo es infinto como lo define la ciencia, la evolución también es infinita.

Tenemos una pista en el Génesis, una pista para «descansar» de esta sensación de continuo cambio. Los libros sagrados de todas las confesiones religiosas suelen escribirlos personas inspiradas, sabias…, gente que ha reflexionado mucho antes de escribir en nombre de Dios. Han captado verdades eternas y aunque no todo lo que escriben es igual de valioso, leyendo unos y otros hay un paralelismo muy interesante, que hace pensar cómo gente de latitudes tan distintas, de civilizaciones tan dispares han llegado a conclusiones tan parecidas. Unos explican que hacer con nuestra mente, otros explican cómo siente el alma los procesos que vivimos, hay distintas pautas de comportamiento, pero, repito, se nota un fondo común. Y así, el Génesis de la Biblia judía y cristiana señala cómo y cuando la evolución deja de coaccionarnos.

En las primeras páginas el Génesis cuenta cómo el universo va tomando forma, como del mundo invisible de la Mente Divina surge cada elemento. Lo curioso es que a cada aparición, a cada materialización, se le une esta frase: «Y VIÓ DIOS QUE TODO ERA BUENO». Podría decirse que cada cosa que surge sólo puede ir unida a la bendición, a ser percibida buena, o en otras palabras cada cosa es declarada perfecta. Y en los siete pasos que concluyen en la materialización, el séptimo se acompaña del descanso. » Y AL SÉPTIMO DESCANSÓ».

Siento que sólo cuando somos capaces de distanciarnos un tanto de esas emociones fuertes que nos provocan el rechazo de lo que percibimos como fallo, como error, cuando podemos ver cada acto como una pieza de un inmenso puzzle y encajarlo en el todo, bendiciendo su acción, es decir viendo su conveniencia, su bondad, podemos ver que sí, que aquello es perfecto.

De cerca, en el momento presente, con el proceso en marcha, sentimos incertidumbre, tenemos dudas, mucho más si no se cumplen nuestros objetivos. Pero con cierta perspectiva, no hay acto humano que no lleve al equilibrio, como tampoco en la naturaleza hay errores. Uno llega a constatar que existe un guión de guiones, una dirección exquisita, que por difícil que en un momento puntual sean los acontecimientos, por dolorosos, por crueles, se muestra como una fuerza esencial bajo tanta manifestación, que no está loca. Muy al contrario, es de una perfección impresionante.

La clave es verlo todo bueno, buscar algo que pueda permitirnos declararlo perfecto. Cuentan de Jesús una anécdota. Con sus amigos se dirigía a una ciudad amurallada. Cerca de las puertas de la ciudad había a un lado del camino un perro en avanzado estado de descomposición. Quienes le acompañaban espezaron a hacer aspavientos, a taparse la nariz y a comentar el hedor que el cadáver producía.Entonces, Jesús se acercó al perro y comentó: «¿Habéis visto sus dientes? ¡Parecen perlas!».

Cuanto vivimos, cuanto nos ocurre puede sentirse, verse de formas diferentes y contarse también de mil maneras. Hay sólo una manera de alcanzar la paz: ver lo perfecto en cada suceso, en cada acción, y agarrándose a esa visión, podemos vivir en un mundo perfecto por podrido que lo vea el resto. ¿Idealismo?

Llámalo así si te place. Pero mientras así vivimos en un mundo en equilibrio y perfecto, de otro modo vivirás sin esperanza. Si además CONFIAS en la Vida… entonces, pase lo que pase eres feliz.

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