SEMANA SANTA

¿Santa? ¿Y las demás semanas…, no son también santas?

Recuerdo un momento, que buscaba con verdadera devoción. Aquí en mi pueblo sacaban una imagen de Cristo, bastante lograda, al son del himno de España. Toda mi piel se erizaba ante la idea de un ser que dejó (a decir de la Iglesia) su vida en una cruz, para resucitar tres días después. Pero ocurrió que un día estaba muy cerca de la imagen y de pronto saltó en mí este pensamiento:

¡¡Dios mío, si es un muñeco…!!

Nunca más he asistido a ninguna procesión. Muchas otras ideas acerca de este ser y la cruz, viven ahora en mí. Ya no puedo rezar a un Dios lejano y justiciero, que tiene un Cielo para los buenos y un infierno, eterno además, para los malos.

Aprendí que la CRUZ es un símbolo, antiquísimo, muy anterior al cristianismo y a Jesús por tanto. Es un símbolo de victoria y no de sacrificio. Indica el éxito del hombre que une Cielo, espíritu y tierra, materia, con quién es y quienes son los demás. Nada que ver con llanto, dolor o muerte. Aprendí que Jesús no se postuló como Hijo único de Dios («Cosas más grandes que yo haréis»), sino que se ofreció como pionero en un camino abierto a todos y que empieza por vivir aquí en Cielo al que esperas ir. Y tal vez lo más importante que aprendí, es que para infierno, ya está el mundo INFERIOR, de ahí la palabra «infierno». ¡Si que puede ser el más terrible de los infiernos, salvo que las palabras de Jesús las acojas en tu corazón! Y Él dijo: «El Reino de los Cielos está cerca». ¡Y tanto! En el corazón humano se haya ese Paraíso, en el corazón, que es donde está la capacidad más interesante que poseemos, la de AMAR.

Cada primavera crucificamos a Jesús. Dedicamos al dolor seis días enteros y uno a su resurrección.

La Celebración de la Primavera es tan antigua como la humanidad. Es la fiesta de la siembra. ¡Es imposible no alegrarse! Basta ver los trocitos de campo o los parques (para quienes viven en la ciudad), escuchar los pájaros como enloquecidos, sentir nuestro cuerpo alborotado, mirar a los niños… ¿Pero qué sembramos nosotros? ¿Por qué justamente en primavera festejamos la muerte del más justo de los hombres en lugar del éxito de uno de los nuestros, que descubrió que somos uno con DIOS? Creo que se debe a que vivimos inmersos en mentiras dañinas (como esa de que esto es un valle de lágrimas), vivimos en la desconfianza, vivimos sin saber que somos LA VIDA, no Juan, Sara, o Pepito solamente.

Hoy quiero celebrar la Vida de Jesús, del hombre que supo pedir a Dios y recibió muchísimo más de lo solicitado. Supo ver que todo es voluntad de Dios, que todos somos el mismo con diferente vestido. Supo transmitir que sea lo que sea Dios se parece a un padre, el mejor de los padres, o un esposo, el mejor de los cónyuges. Y supo fijar como condición sine que non el amor incondicional para sentir ese Cielo. A ese hombre que se descubrió totalmente unido a Dios y nos invitó a intentarlo como Él lo hizo, es al que yo hoy festejo, celebro y el que me hace saltar de alegría.

Sí, porque a despecho de cuantos males me ha tocado padecer, y no han sido pequeños, he salido por Él del infierno y vivo en el Reino de los Cielos. Me quedarán tal vez hechos por vivir que de entrada me disgusten, pero gracias a Él sé, que si me pongo las gafas de ver bueno, cualquier dolor desaparecerá.

Quiero ver la Primavera y sentir amiga la muerte. Quiero brindar mi dicha a quienes lloran, porque su llanto tiene fin. ¿La receta? AMAR, AMAR, y AMAR. ¡¡FELIZ PRIMAVERA!!!

Deja un comentario