29 de Octubre

Richard Sheldrake, científico inglés, descubrió el pasado siglo algo que la intuición confirma: Cada especie, comparte un «campo» lo llamó él, donde quienes forman parte de él comparten la misma información por lejos que se hallen los individuos entre sí.

En su día se repitió y se repitió, porque les parecía inconcebible a los científicos, un experimento. Hacían un encefalograma a dos personas que vivían en sitios distintos y no se conocían, en dos laboratorios distintos. Ellos apenas sabían que participaban en un experimento. A uno de los tipos, durante el encefalograma, se le daban esos flashes típicos de la prueba y al otro no. No obstante, los gráficos de ambos encefalogramas daban idéntico resultado. ¿Qué ocurría? Tuvieron que determinar que, inexplicablemente, toda la especie está conectada, UNIDA, aunque sea a nivel inconsciente.

Vamos ahora a la Dana de Valencia. Aunque yo estuviera en mi sofá, cuanto sucedió a cuantos murieron y a los supervivientes, también yo, tú, él, lo vivimos.Hay una estrecha relación entre todos los seres humanos, que ni todo el materialismo actual puede romper.

Este suceso es atroz desde el punto de vista material y habrá responsables. Es lo inmediato en quienes miran la botella del mundo medio vacía. Pero hay otra visión, la de quienes ven la botella medio llena, quienes creemos ver entre toda esta dejadez, ineficacia y muerte una luz: la oportunidad que se nos da de transformar tant dolor e indolencia en esperanza, fe y acción. ¿Qué acción?

Primero, comprender a los que se han ido. A menudo nos arrastramos por la vida. Otras, vamos con un entusiasmo que no corrobora nuestro mundo y nos agotamos. Cuando el personaje ya no puede más, vale desde un cáncer a una dana para ir a buscar uno nuevo. Ninguno pensó irse conscientemente. Pero hay causas poderosas que permanecen hasta para uno mismo ocultas. Vendría bien que quienes les aman, les soltaran psicológicamente y que sus muertes nos abrieran a todos los ojos del alma.

No tiene lógica que el gobierno central y local hayan actuado tan mal. ¿ Casualidad? Más parece que oscuras razones causaran esa actuación fatal. No ha sido una negligencia fallo de las instituciones, por más que lo vendan así.

Llevan años rayando nuestro cielo con aviones que lo convierten en una tela escocesa, unas veces ahuyentando, otras atrayendo las nubes, sin explicación oficial alguna. Hay, se cuenta, radares capaces de (por medios electromagnéticos supongo) influir en la trayectoria de las nubes. En el giro que llevó a Valencia tal cantidad de nubosidad, intervinieron, parece ser, un radar de Cádiz activo y tres inactivos de Murcia, Alicante y Valencia. Así, unas precipitaciones que iban a distribuirse por una amplia zona se concentraron sobre Valencia.

Ignoro si esto es o no cierto. Algo me dice que sí. Pero profundicemos más.

Miro desde el alma y siento que todo este movimiento tan doloroso ha sucedido por algo. Hay bajo todo ello un puzzle de acciones y omisiones que pueden despertarnos, para que no seamos «los muertos que entierran a sus muertos». Bajo la apariencia, está la unión de personas buscando el Reino de los Cielos inconscientemente. Y ese Reino, no es para después de morir, sino para darnos cuenta de que si dejamos de criticar y protestar y hacemos nuestra labor con dedicación, el conjunto humano funciona.No va de cambiar, más bien de aceptar que somos capaces de la mayor heroicidad y del acto más mezquino TODOS. A partir de ahí, la vida marca el paso siguiente.

La dana nos dice qué poco que vale lo que poseo y lo mucho que cuenta lo que soy. El Reino de los Cielos no es un lugar, sino una actitud con la que ver bien la vida, aún en el desastre, porque incluso ante la mayor catástrofe, como en Valencia, surgen ángeles dispuestos a confortarnos en forma de ayuda. Y después, habrá que meterse en el alma, mientras que todo se reconstruye, para reencontrar la unión de la que somos parte y en adelante seguir dando al otro lo que quiero para mí, porque el otro y yo somos UNO.

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