¡¡¡VIVA LA VEJEZ!!!

Acabamos de celebrar la NATIVIDAD (el nacimiento de Jesús, que eso es la Navidad) como cada año y en el mundo entero prácticamente. Conmemoramos el 25 de diciembre el nacimiento de Dios como niño, o la venida de Dios al mundo, como si el resto de días no estuviera presente, o no lo estuviera desde el minuto uno del universo. ¡Tiene sentido!… Porque la gente olvida a Dios y juega a ser joven, como si nunca fuesen a ser viejos y llenan de actividades sus jornadas para no acordarse de que estar aquí, tiene un por qué, tiene principio y tiene un fin. ¡Qué sorpresas nos llevamos cuando nos cuentan que «fulano» ha fallecido y decimos: «pero si le vi ayer…»! Es entonces, cuando alguno se pregunta si hay Dios.

Decía Carlos Castaneda, autor de «las enseñanzas de Don Juan», que el hombre tiene 4 enemigos a vencer en una vida: el miedo de los jóvenes, el poder de los maduros, la clarividencia de quienes tienen más cerca la vejez y la vejez en sí misma. El miedo se supera cuando descubres tu fuerza para afrontar casi, casi todo. El poder que saber eso da te hace más fuerte y un tanto prepotente. Llega el día en que la experiencia te permite ver por adelantado muchos acontecimientos… Y cuando lejos de egoísmos bobos, con un arsenal de conocimientos, aceptas humildemente que vivir es otra cosa y que en si es un premio, tu cuerpo te recuerda que ya eres viejo. El último enemigo, aunque el ser humano sólo será viejo en la medida que olvide una capacidad especial que posee: LA CONSCIENCIA.

Nada más nacer comenzamos a OXIDARNOS. En los 25 primeros años, un chute gracias a las células madre contrarresta el efecto de oxidación. A partir de ahí, nadie es consciente de que sólo está en los albores de su vejez. Publicidad, moda, medios, el discurso social, etc. intentarán que olvides que envejeces, como si ser viejo fuera una lacra, como si por ser viejo te convirtieras en inútil y en sobrante.

En nuestra historia, siempre, se respetó al anciano. Era no sólo respetado. Era venerado y escuchado. Eran viejos los que podían dirigir los países, pues se les concedía la sabiduría de su experiencia, el honor de haber sobrevivido y superado numerosos conflictos.

Hace poco cumplí 67 y con sorpresa vi, que me falta muy poco para tener 70. ¡SETENTA AÑOS… ! ¡Caray! A lo largo de mi existencia hay una constante: QUERER CONOCERLO TODO, experimentar cuanto más mejor, encontrando el sentido a cada fase. ¡Y en ello me hallo!¡También quiero vivir mi vejez!

Hay una…, voy a llamarlo «fuerza» (también lo llamo Dios) algo que me nace, que motiva y estimula todos mis pasos, y que viene de dentro. A veces olvido mi edad, olvido mis pequeñas molestias musculares y de huesos. Nada la ahoga más que ver como todos pretenden ser jóvenes, cómo intentan ignorar que el cuerpo es el espejo del alma y que un alma cobarde, un alma tibia, un alma vendida a las cantinelas de lo correcto y deseable, que reflejan muchos medios, muchas veces, es como una rémora. Una muy, muy pesada.

Cuando esa fuerza interior se enciende a tope, de pronto es cierto que el Reino de los Cielos existe. ¡Lo siento! ¡Lo veo! Mi vejez al final, por mi consciencia de esa fuerza, logra que nada me ahogue, que mi compresión se amplíe, que pueda ser más amor que interpretación de lo que me rodea.

Nos vendieron que el Reino de los Cielos es como un honor otorgado al bueno, cuando estamos muertos. Pero el Reino de los Cielos es como uno está cuando mire lo que mire y oiga lo que oiga, todo, TODO, le parece bueno, justificado y con sentido. Entonces, corto o largo en edad, el cuerpo y el alma vuelan juntos y las arrugas se ven como la historia de una cara.

Sí, ser viejo puede hundirte, hacerte inútil, o sobrante. Pero si tu estado interno es de amor, de reconciliación, si miras tu historia personal y comprendes que cada hecho tenía y tiene su sentido…

¡¡¡ SER VIEJO ES UNA MARAVILLA!!!

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