De niña se cantaba en el colegio: «El trece de mayo la Virgen María bajo de los cielos a Cova de Iria…» y esa melodía con su letra resuena aún hoy en mí, sólo que he descubierto una María más grande, una, cuyos atributos nos atañen a todos.
María, a tenor de lo que se lee en los evangelios, fue una persona sabia, respetuosa, a quien el mundo ha convertido en un icono, aunque es mucho más que eso. María es un ARQUETIPO, es decir, vive una María en cada ser humano, que despertará o no, siempre dispuesta a emerger.
Tal vez de eso se trate, de que esa esencia dé la cara en nosotros, en vez de rogarle que haga todo el trabajo pidiéndole tantas cosas. Sin embargo, lo hagamos o no, su esencia vive en nosotros, lo cual indica lo que realmente somos.
María es conocida por ser la MADRE de un prototipo de persona, un modelo a seguir, de nombre Jesús. Las cosas del lenguaje transformaron «mater», que en su versión latina significa MADRE. Y ahí esta la pista, pues MATER es también el origen de la palabra MATERIA.
Cada vez que pronunciamos ese nombre» MARÍA» estamos inconscientemente aludiendo a la materia, a todo lo material. Y en un mundo como el nuestro tan materialista, donde Dios se ha dejado en muchos casos al margen, es bueno recordar que cuanto se dice de ella es extensible a todo lo material, entre lo que nos encontramos nosotros.
El cuerpo, marcado por la Iglesia durante siglos como enemigo del alma, como si el Espíritu y la Materia fuesen opuestos y uno fuese lo bueno y el otro lo malo, es a día de hoy nuestra carta de presentación. Desde hacer deporte para conseguir lo que se entiende ahora como un cuerpo diez, pasando por dietas y tratamientos múltiples de estética, ponemos a nuestro cuerpo material por encima de nuestra dignidad a veces y a menudo se estigmatiza a quienes no saben o no pueden tener esos cuerpos estandarizados que la gente llama bellos.
Ese cuerpo es la ubicación de nuestro verdadero ser, un vestido temporal, que como nuestra casa es importante cuidar. No sé si sirve de mucho transformarlo porque una moda así lo demanda.
Dice la sabiduría ancestral que Dios es ESPÍRITU, invisible al ojo humano, que es una mente que lo ocupa todo. Nada hay fuera de Dios. ¿Entonces, qué pasa con la materia…, está fuera? No. La materia es un estado del espíritu. No son opuestos, ni contrarios. Son como el agua, que puedes verla en estado gaseoso, líquido o sólido. Así mismo, la materia que contemplamos está sólida pero lo que es de verdad, como el gas es impercetible, salvo que empieces a comprender qué es eso de estar y existir en otro estado.
Y si de María se dijo que su concepción fue inmaculada, es decir, sin falta alguna, sin error inicial posible, uno empieza a pensar que nosotros como materia, también fuimos concebidos sin mancha, que como todo lo material somos hijos de la evolución y sus ensayos. Unos salieron con daño y otros no, pero los daños colaterales a vivir una evolución sin freno, no nos convierten en culpables.
No sólo evolucionó el cuerpo, sino nuestras capacidades mentales. Había que practicarlas y lo hicimos y estamos aprendiendo aún qué actitudes y conductas requieren discernimiento. Eso precisamente es el logro evolutivo que la aparición del córtex otorga al ser humano, sin que desaparezca nada de lo anteriormente conseguido.
De pronto muchas de las alabanzas dedicadas a María me suenan como dirigidas a una humanidad que se cree aún hija del pecado. ¿No es tiempo ya de que empecemos a ser conscientes de que nuestro cuerpo es bendito, que la inocencia no se pierde al crecer, de que sepamos que la materia es el altar donde podemos crecer cual sagrados seres que como Ella somos dignos de brillar?
Eres la manifestación de Dios, al que te guste o no vas unido. Dentro de su mente existes y te olvidas de que sólo espera que seas como eres, es decir espíritu en estado de materia para descubrir tu auténtica identidad y que vestido como ahora vas, ejecutes todo en su nombre. Eres su boca, sus oídos y sus manos y sus pies. Tus ojos le permiten apreciar la maravilla que toda la creación es. Y lo harás en su nombre, lo sepas o no. Ahora bien… si crees que tú eres quien respira, quien hace, quien se saca las castañas del fuego serás siempre pobre y no de espíritu.
María supo en la cruz que no sólo su hijo era Dios, sino ella misma, al comprender la grandeza de ser madre, Mater, MATERIA, que pare y cuida y ama por encima de todo y sin fin en su hijo a todos los Hijos de Dios. Entre ellos estamos. ¡¡VIVA MARÍA!!
