Hay un tipo de persona que SIEMPRE es optimista. Ante la situación actual del planeta a todos los niveles, ese tipo de gente parece tonta cuando menos, si no irrealista e irresponsable. Reflexionaba sobre ello cuando, de pronto, me surgieron dos imágenes.
En una veo a grupo de hombres hechos y derechos, que se creen custodios de Jesús y sus intereses, apartando a unos críos revoltosos y juguetones de su amigo Jeshua. La otra ocurrió ante mis ojos ayer. Mi nieto de dos años y medio, junto a mi hijo, ya jugando, ya charlando, ya subiéndose por su padre como si fuese montaña y no persona.
Mi nieto tiene una confianza total en su padre. Le sabe justo, incluso cuando ha de llevarle la contraria. SE FÍA de ese hombre que llama PAPÁ. Y si «papá» hace algo muy desagradable para sus gustos, no le retira su amor. Tampoco «papá» le apartará jamás por causa alguna. ¡Qué va! Le sigue, están unidos y padre e hijo se toleran sin demasiada resistencia por ninguna de las partes. También el peque le pone a prueba, porque a veces desobedece a sabiendas, irritándole demasiado. No obstante este niño juguetón, revoltoso, agotador, nunca pierde la fe en la guía que significa el amor de su padre. Pase lo que pase, caiga quien caiga, su unión es tangible, por más que es invisible.
Aquellos chiquillos que revoloteaban en torno al Maestro de Galilea, se mostraban con Él de un modo muy similar al de mi nieto con mi hijo. Conocían a Jesús seguramente de un modo que sus adultos custodios no eran capaces de conocer. Y a las reprimendas de los apóstoles, da el Maestro esta:
DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MI; PUES DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.
Y yo, tal vez como Zaqueo, me pregunto cuando Él me invita a ser niño, si es que tengo que volver al vientre materno y recuperar mi niñez. Será eso? Jesús no proponía imposibles. No, no es eso. Los niños son optimistas, incluso a menudo, cuando han sufrido traumas. Están abiertos al gozo, al bienestar…, al amor, a poco que se les de la más mínima oportunidad.
No, no se me pide recuperar mi infancia, sino que desde todo cuanto es bueno y eficaz descubierto a lo largo de mi vida, me sirva para discernir cuándo me estoy poniendo cenizo. Se me pide que recupere la Vida, que recupere a eso que el Maestro llamaba «Padre», para decirme que sigo unido a Ello y QUE ME FIE. No importa cómo de feas están las cosas, ni lo amenazante de medio mundo en llamas reales y el otro medio encendiendo «otros» fuegos.
La Vida, que nunca ha sido un valle de lágrimas, espera de mi optimismo, esperanza y fe en ella, tenga el aspecto que tenga. Y ahora saldré a la calle con cuerpo de vieja y fe de niña, y si alguien me pregunta, les diré que…:»NO PASA NADA», como le gusta a mi nieto decir para tranquilizarse.
