PAZ ??

Uno se siente separado de todo lo demás. Cree que «se terminas» en su piel y que el resto es otra cosa dividida en tantos elementos como sea capaz de ver. Te sientes en una dimensión en la que parece que tu eres quien actúa, quien decide, la causa de tus movimientos y de tu conducta. Y creemos que es desde el mundo de lo material, desde lo que tocamos, donde hay que cambiar las cosas. Por eso cuando uno tiene noticia de una salvajada, como nos vemos como una cuenta de un collar larguísimo, nos sentimos impotentes ante hechos como el que nos dicen que está sucediendo a pocos kilómetros de la tierra que pisó Jesús.

Hay además dos mundos: El visible y el invisible. Lo que no vemos parece inexistente. Sin embargo, es ese mundo invisible el origen y donde se hallan las causas de lo que muestra el visible.

Vivimos en una ilusión óptica que nos condiciona y altera nuestro más profundo «yo». Damos por cierto lo que los sentidos comunican y actuamos de espaldas al ALMA. Nos cuentan una masacre, y queremos acabar con la matanza automática consentida por quienes mandan. Ahí es donde quienes intentan sentir el mundo invisible rezan, piden la intercesión de elevados seres, para que paren tanto asesinato cruel. Los que no creen organizan acciones, manifestaciones, y respuestas materiales para una cuestión que no es material. El ser humano está hecho de opuestos y puede reprimir uno de ellos mucho tiempo, pero termina por salir.

Somos paz y guerra, somos día y noche, somos calor y frio y lo que uno es no puede reprimirse ni extirparse. Somos todo, por más que la educación social nos haya enseñado a ocultar la rabia, el miedo o la autoestima. Sólo cabe una solución.

Esta pelea con parte de lo que somos, ha de terminar en una aceptación de «eso» que también soy y oculto. Es muy bonito querer la paz en el mundo, rasgarse las vestiduras por Oriente Medio y seguir en guerra conmigo, con mi pareja, con el vecino, o con mis parientes.

El mundo visible no es más que el espejo de nuestro «yo». Uno no cogería un arma para matar a un conocido que te pone a prueba.¿O sí? Porque cada día hay más que matan a su pareja, madres que matan a sus hijos, seguramente por haber llegado a un punto extremo en su ser. La mayoría no lo hace. Eso no significa que estén en paz.

La paz solo se alcanza cuando uno admite al salvaje que también es, lo reconoce suyo y comienza a hacer la paz dentro a base de aceptarlo como propio. Es curioso, que cuando lo haces, esa parte tuya horrible vuelve a la sombra, de donde sale porque nadie la había amado. Como por arte de magia, vuelve a nuestra raíz y nos nutre, ya sin reclamar protagonismo. ESA ES LA SOLUCIÓN.

La guerra, el odio, la marginación, todo cuanto nos daña, tienen una función en la vida y si no se la damos, aparece cada vez con más saña, como si dijera: «Tu gozas de paz, porque yo no emerjo. Pero dame mi sitio».

Si te preocupa Gaza, trabaja en ti esa aceptación, porque lo que hoy pasa allí tiene mucho que ver con tanta ira sepultada por todos «los buenos ciudadanos del mundo». Es una cuestión de grado. Tu no matarías… Pero si no estas en paz con tu familia, con tu vecindad, con tu pareja o tus hijos, has de saber que por mucho que te manifiestes con pancartas en la calle, sigues alimentando a quienes orquestan tales matanzas.

Somos una UNIDAD. Parecemos separados. Mas tu pequeño acto de reconocimiento del salvaje que también eres, será como aquella mariposa que bate las alas en Indonesia y crea un huracán en el Caribe. Esta vez un huracán de AMOR, que deshaga esa falsa sensación de estar en paz que tenemos por no vivir allí a 5000 kilómetros de nuestra casa.

ACÉPTATE, acoge esa ira que escondes, bendícela y hagamos por fin la PAZ.

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