Desde siempre hemos celebrado los solsticios, esos a los que un día el cristianismo «pescó» y dio un significado distinto. Ahora, celebramos el nacimiento de Jesús, hijo de José de Nazareth, que marca para al menos un tercio de la especie humana un punto de inicio, un corte en el tiempo. Se dice que «algo» ocurrió antes o después del nacimiento de Jesús, tanto para cristianos, como para ateos y agnósticos, científicos o historiadores.
Mi hogar no era religioso, pero a mi madre le encantaba la Navidad, esa que cada cultura celebra con sus ritos y tradiciones, con sus alimentos y golosinas propios. En casa se celebraban muchas costumbres. Siempre tuvimos un árbol y también un nacimiento, teníamos Papá Noel y a los Reyes, sin pensar si aquello era pagano o sagrado. Eran símbolos de felicidad, sobre todo que fuéramos muchos a la mesa. Los hombres no celebramos nada sin reunirnos a la mesa para comer, beber, cantar y reír juntos.
Durante mucho tiempo la cercanía de la Navidad me produjo un cosquilleo, un gozo particular. Saber que muchos la celebraban, que incluso las guerras se daban un mini respiro entonces, me enternecía el corazón. Un día alguien me habló de otra NAVIDAD, una que sucede en el alma, un verdadero parto, esta vez no biológico, sino espiritual. Seguí celebrando la Navidad como siempre, aunque una especie de música me llamaba a lo lejos.
Entre tanto noté que muchos sólo celebran una fiesta, gastan como descosidos para beneficio del sistema consumista, encienden luces y manejan símbolos cuyo significado nadie recuerda. Me entristecía… Se habla del espíritu de la Navidad como de una magia, pero hemos olvidado lo de NACER.
Navidad significa NACIMIENTO. Y no sólo se nace una vez. No percibimos cuántas pequeñas muertes experimentamos y que con cada una de ellas nacemos. O …¿Habría que decir RENACEMOS?
Jesús animó a un hombre viejo a nacer . Explicó que hay un nacimiento en que no intervienen ni papá ni mamá. Ocurre en el corazón (el sentimiento) y en la mente ( la búsqueda psicológica), o por respetar las palabras que nos llegaron de Él: DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU. Tardé mucho en asimilar esto que para Jesús era vital. Es una opción que no se nos cuenta, ni se nos explica, pero está abierta a todos, creyentes y ateos. Es la única Navidad.
Esta Navidad, con su Nochebuena he estado sólo conmigo. Era interesante saber qué pasaría. Nada típico junto a mí. Ni mi gente, ni el Belén, ni el árbol o las luces. Tampoco una gran comida exquisita. Pero casi sin confesármelo, supe que en mí había un árbol y a sus pies sabía que habría un regalo. Llegó el regalo. Y al abrirlo, la noche fue de paz y amor, como dice el villancico.
Sentí a mis allegados. Fui muy lejos, incluso dando saltos por la historia. Supe que mientras siga queriendo internamente que los demás cambien, nunca sentiré que yo soy aceptada.¡Cómo van a aceptarme! Soy como ellos y rechazan lo que no les gusta fuera. Cada «no me gusta» es un «te condeno», «no me vales», «no te quiero».
Por extraño que parezca, comprender que ellos, el mundo necesita mi bendición sincera, me dio PAZ. Ya sé qué hacer. Nunca trato mal a quien no me gusta, pero esto es un paso más. Aprobarles desde mis adentros, ver bueno lo que muestran, lo que no significa que vaya a copiarles. ¡Ha cambiado algo en mi sentimiento!
El Espíritu de la Navidad no es magia al principio, aunque lo parece. No se restringe a las Navidades. Es dejar de ver al otro equivocado. Y cuando yo me equivoque no tendré que llorar. Me aceptare como a ellos. Este ha sido mi regalo de Navidad. Lo comparto, por si también a ti te toca El ESPÍRITU sea o no sea Navidad.
