El día de…

Personalmente, me resulta ofensivo dedicar un día a la mujer.

En su origen, mujeres de países como E.E.U.U., Rusia, Dinamarca y otros clamaban por algo tan elemental como el pan, algo tan lógico y justo como el voto, unas condiciones de trabajo dignas o que teminara la guerra mundial. Hoy ni se ha extinguido la pobreza, ni hemos conseguido eliminar el abuso o la violación del ámbito laboral. Tampoco todos los trabajos iguales reciben la misma remuneración según el sexo, ni las mujeres han alcanzado todos los techos en cuestión de desempeño laboral. Y las huestes de señoras y jovencitas que se manifiestan por las calles, año tras año, no han disminuido las muertes a manos de sus maridos o parejas de decenas de mujeres, ni han mejorado las condiciones laborales que quedan por lograrse. Parece que los gobiernos soportan esta «plaga» de un único día, para continuar exactamente igual.

Siento que no va de ideas generales más o menos extremas, que a la MUJER no se le puede dedicar un día, sino LA VIDA ENTERA. ¿Qué es ser mujer, qué significa? No me parece que vestirse de un color y gritar sea el mejor modo de homenajearla. Ser mujer encierra una grandeza y una generosidad infinita. Todo lo que de ella se desprende merece loa y honra. Desde la transformación biológica a que la somete un embarazo, pasando por la sensibilidad y la empatía con que trata a sus semejantes, hasta la capacidad de atender a varios frentes por el bien de los suyos…, son tantas las cualidades que le pertenecen de forma casi natural, que dedicarle un día es penoso. No todas están adornadas por todas esas cualidades. Aún así, un solo día es un ejercicio raquítico de reconocimiento.

Existen estas olas sociales, a las que uno puede unirse, pero existe también una forma personal de discernir y llegar a conclusiones primero y a conductas después, que transformen nuestras vidas a diario. «Te he fregado los platos» o «friégame los platos» y como esa mil y una frases en que consentimos que él siga creyendo que lo del hogar es tarea femenina. ¿Cómo que TE HE fregado? Por aquí hay que empezar. Modificar el lenguaje, modificar el reparto de acciones que tradicionalmente correspondían a las mujeres.

El machismo empieza en casa, con un trato de emperador al varón, que le autoriza a creer que viene para que hagan por él, «le hagan» las cosas. Y las niñas, las jovencitas, han de sentir que en casa no hay emperadores, sino tareas que se han de realizar entre todos.

Y siendo importante que nosotras nos tomemos en serio que no puede haber abuso alguno, todo empieza por comprender QUÉ es SER MUJER.

Desde que la vida humana existe tal como hoy la concebimos, hace unos 200.000 años, la naturaleza como proveedora fue considerada Madre, es decir mujer. Por extensión las mujeres eran veneradas. Hace sólo 10.000 años, que las mujeres pasaron a estar bajo el mandato masculino. El machismo surge del descubrimiento de la participación del varón en la concepción, para dejar verdaderamente a sus hijos sus herencias. Para eso tenían que asegurarse que ellas eran «suyas» y sólo suyas. Pero antes, la mujer era respetada porque consideraban mágicos sus embarazos.

Un embarazo es mucho más que un hecho biológico. Desarrolla cualidades en la embarazada de sensibilidad extrema y establece un vínculo con el bebé, que el tiempo no debilita. Entonces, una mujer se convierte en nido de la vida. En adelante nutrir y proveer a sus vástagos es una segunda naturaleza. Y no sólo a nivel material. El bienestar anímico del retoño importa mucho más allá del alimento o el vestido. Pero el mayor acto de amor de que una mujer es capaz viene luego. Es un parto espiritual. Es el reconocer que ha de soltar emocionalmente al hijo/a y permitirle ser y hacer siguiendo sus propios predicados.

Es ahí donde la mujer se descubre Diosa. El vínculo se fortalece, justamente cuando ella lo suelta.

El ejercicio continuado de pequeños actos en que una mujer actúa así, soltando al hijo/a, no pertenece sólo a mujeres que han sido madres. Hay una creatividad, una entrega, un darse a si mismas propio de este sexo, que el hombre está llamado a proteger y nutrir. Pero para eso, los histerismos callejeros no son útiles. Son las mujeres quienes, una a una, seguras de ser amor en dos «patas», han de respetarse, tomar conciencia de su valor y ejercerlo.

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