Abundan frases «maravillosas». Son como un koan, esas frases orientales cuyo verdadero sentido es tan difícil de hallar. Las lees…, parecen tan acertadas. Pero… No se integran en tu conducta…
Hay una, de cuya eficacia y verdad doy fe: CAMBIA TU PENSAMIENTO y cambiará tu VIDA.
He leído: El poder está en ti. También: Eres creador de tu realidad… ¿Sabemos qué es crear y qué es lo que crea?
Se dice que Dios es el creador. Y uno no concibe cómo crear una cordillera, un mar o un huracán. Aún así, creamos proyectos, grandes o pequeños, que da igual, cosas visibles… Nunca de la nada. ¿O sí? El origen de toda creación es una idea, nada pues. Los pensamientos viven en la mente, que es inmaterial.
Nuestra realidad no suele ser maravillosa. Andamos sobreviviendo a impedimentos varios. Nuestro día es un paraíso pobre, o un infierno soportable. ¿Por qué? Si un pensamiento origina una realidad, quizá convendría cuidar nuestros pensamientos. Los dejamos salir sin más, con un agravante: NO SON ORIGINALES.
Muy pequeños, cuando empezamos a dominar el lenguaje, nuestra memoria une imágenes con emociones, pensamientos atados a palabras. Quienes nos rodean dictan el «apellido» de cada experiencia con tintes de bondad o maldad. Aprendes » que no eres perfecto», «que no puedes tenerlo todo», que si «eres bueno» te quieren, si «malo», como poco te regañan. Estas y muchas otras ideas no son suyas. Probablemente nunca pensaron por qué las repiten como loros. Son las que aprendieron cuando apenas andaban. NO SON ORIGINALES.
La mente es una «máquina» que emite pensamientos sin freno y almacena imágenes, emociones ligadas a lo que sentimos las primeras veces. Crecemos, notando que hay otra salida no necesariamente igual a aquella primera vez. Pero…, no siempre. Esas primeras impresiones son muy potentes. Vencer su inercia cuesta lo suyo. Oriente opta por vaciar la mente, cosa harto complicada.
Si vivir fuera estar en el vacío de la mente, que permite juzgar lo que vivimos, no necesitaríamos palabras. Los animales, incluso las plantas, tienen lenguaje. Ciertamente, «la palabra es fuente de malentendidos», seguramente cuando no dice verdad.
Verdad y Vida van unidos. Como Vida y Creación. El resto es muerte. Somos muertos vivientes, zombis. No paramos y analizamos, ni usamos esa mente para acotar qué nos daña, observarlo, sentirlo y dejar que las auténticas causas de nuestro dolor afloren. Además, hay miedo al cambio. Ahí está el POR QUÉ mi vida no es maravillosa y por qué si lo es un rato, dura tan poco.
Merece la pena VIVIR, que no es lo que hacemos. Vivir es ser conscientes. Requiere frenar, no vaciando mi mente. Si la mente fuera una casa, vacía no sería cómoda. Conviene colocar el mobiliario según mi necesidad o transformarlo. Ahí empieza la creación: Cuida tus palabras.
Nadie coloca su casa de cualquier manera si busca un hogar feliz. No obstante, vivimos en la mente y no encontramos tiempo para disponerla de modo que nos dé paz. Entremos en el almacén a descubrir aquellas viejas impresiones que nos coartan y deciden por nosotros al actuar. Fijémonos en qué muebles uso, qué ideas inamovibles manejo y su autenticidad. ¿Es verdad que no somos perfectos?¿ Es cierto que no lo podemos todo?
La mente usa palabras cargadas de emociones caducas. Bastaría cambiar esas ideas, poner ahí otras palabras y cambiaría nuestra vida. Eso sí, una palabra crea. Ahora toca crear y ser fieles a la creación que aparece, sin permitir que antiguas emociones nos ahoguen de nuevo.
