Acabo de ver una película basada en la realidad. En ella un barco escuela acoge a una veintena de adolescentes, jóvenes hombres, dirigidos por un hombre que pretende enseñarles disciplina y unidad. A lo largo de varios meses se suceden pequeños conflictos entre ellos, nada diferente de lo que sucede en cualquier grupo humano que convive, con consecuencias de diversa índole. Una enorme tormenta hunde el barco, mueren algunos y hay una denuncia y juicio, para quitar al capitán su licencia. En apariencia tiene todas las de perder, pero a punto de terminar ese juicio, uno de los muchachos le recuerda su lema: LO QUE SUCEDE A UNO SUCEDE A TODOS.
Hay un montón de sucesos, de reacciones, de conductas humanas, que descolocan el anhelo de paz y armonía que la especie humana busca, a veces sin conciencia de ello. No es el bienestar, ni es siquiera la salud, no es la diversión ni el disfrute, por mucho que esos elementos de la vida sean esenciales. Es una certeza del alma que surge precisamente ante las dificultades, que hace bello lo feo, que hace lo disperso unido. ESO. Eso es lo que el alma persigue, la sensación de que ninguna ofensa lo fue, que los hechos fueron los adecuados, aún si fueron terribles, la clara percepción de que nada nos separa.
El final de esta película me enciende. Me llega como un aire que llena mis pulmones de un modo no habitual.
Hoy, ese chico que le hablaba a su capitán, que provoca que sus compañeros le abracen al tiempo en el mismo juzgado, me ha traído esa sensación de nuevo. Y sí. LO QUE SUCEDE A UNO, SUCEDE A TODOS.
Habitamos la vida como si sólo importasen las obligaciones, pasando por alto tantas pequeñas cosas que le darían sentido si las valorásemos. Nos llenamos de actividades, una laborales, otras de ocio… mientras envejecemos sin notarlo. Obviamos que la muerte es nuestra compañera, porque no vemos la oxidación de nuestros tejidos…Pero, sí. Lo que sucede a uno nos toca a todos.
Somos un cuerpo sin piel, un organismo que evoluciona y aquella mariposa de oriente, efectivamente, causa con su aleteo un huracán en el Caribe. Somos una unidad rica en matices, sutilezas, caras distintas, pero una Unidad y a veces nos es dado recordar y sentir que no hay errores sino crecimiento y por encima y por debajo, a un lado y a otro, dentro y fuera, esa energía que unió a los muchachos del barco, nos une a todos.
Más aún, es esa energía que me gusta llamar Dios, la que sigue su plan para que despertemos. Esa energía se llama AMOR.
