La alegría de VIVIR

Hay una cantante francesa, Barbara, que cantaba hace veinte años una canción que se llama: “La joie de vivre”, es decir la alegría de vivir.
Decía la letra que uno no está prevenido y no sabe cómo pero una mañana se despierta lleno de esa JOIE, alegría. Y la segunda estrofa decía que del mismo modo, escondido en los rincones, en los cajones, se halla EL MAL DE VIVIR.

Y es cierto. Parecemos juguetes de ambos, la alegría y el mal de vivir, que surgen como un velo que nos arropa o nos nubla y nos hace vivir bien el enorme placer de experimentarse vivo, o bien la angustia y la melancólica tristeza de arrastrarse por la existencia.
Pero igual de cierto es, que uno no debería vivir siempre en esa dualidad, esperando que uno se vaya y llegue la otra. Y hay un camino para conseguir que dejemos de ser caprichos de uno u otro viento.
Ni uno ni otra son reales. La alegría es como un éxtasis que te coge el alma, y la tristeza es un problema de visión interior. Hay por otro estado, un estado que mira la tristeza con compasión y vive en perpetuidad una euforia discreta, plena, que no se escapa ante la adversidad sea esta del tipo que sea.
SE LLAMA CONFIANZA CIEGA.

Alguien me llamará ilusa, me dirá que eso es vivir en un mundo inexistente. Y hace veinte años, enrabiada, me habría ido dudando de si es que era yo tan tonta.
Hoy, con un hijo muerto, un matrimonio tremendo con un alcohólico, un fallecimiento doble en el incendio de mi casa de mis padres y mil y una experiencias parecidas a las vuestras, ya nadie me puede llamar ilusa.

He vivido para ver que confiar a ciegas en que la Vida es buena y me protege, confiar en que sea cual sea el aspecto de la realidad actual, es la causa de que sea feliz.

No es que ya nada me irrite, pero me irrita mucho menos y me dura mucho menor tiempo. No es tampoco que no me ponga enferma o que no se me pinche una rueda del coche.
Todo lo mío es como lo vuestro.
Ahora bien, esa confianza ciega en que la vida me trata bien y en que nunca me abandona el amor que siento, no decae.

Confiar, fiarse de los acontecimientos, sin maldecir ni los errores propios ni loa ajenos, tiene a mis casi 60 años un efecto en mi: SONRIO SIEMPRE y río con facilidad.

¡¡Os invito a probarlo!!
Si alguna receta sirve para ser feliz es esa: C O N F I A .

¡Sin la confianza, estas criaturas no vivirían ni un instante!
¡Sin la confianza, estas criaturas no vivirían ni un instante!

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