PARIS

A medida que pasan las horas no son los terroristas quienes me entristecen, ni las familias de los muertos cuyo dolor conozco.
Lo que me entristece es es la tibieza de los que se apenan y se sienten inseguros, los que lamentan este resultado trágico y no ven cómo participamos y alentamos con nuestra actitud diaria que sucesos tan terribles tengan lugar.

Me acuso de permitir que la disensión exista junto a mi sin saber qué hacer. Me acuso de juzgar a mis semejantes con solo mirarlos y permitir que me disgusten sólo por su aspecto. Me acuso de hablar demasiado de los otros y no para alabarlos. Me acuso de olvidar que todos somos el mismo a cada paso. Me acuso en fin del atentado, porque si en mi corazón sólo hubiese amor, ese horror no hubiera tenido lugar.

Creo sinceramente que es triste echarse las manos a la cabeza y hablar de libertad, de derechos y de asesinos, cuando el golpe cae cerca y que jugamos a favor de quienes orquestan esto, al poner los colores de Francia en algo nuestro.

Por supuesto que todos somos Paris. Hoy y siempre, pero somos también Siría y esos niños que crían para inmolarse…
Me resulta escandaloso que reaccionemos ante los hechos consumados y no ante las causas que son el pan nuestro de cada día. Estos lodos vienen de aquellos polvos que hemos consentido cerca.

Hay una página de “el principito” que dice que los baobabs son un peligro y que hay que quitarlos cuando a penas son briznas que sobresalen del suelo. Yo no quitaría nada. Pero sí aprendería a encauzar esas fuerzas, a aceptar todo lo que aun no se amar.

Ahí está la clave de todo. AMAR.
No se trata de ir en contra de nada sino de amar, porque en amar lo diferente se incluye y no genera conflictos que degeneran en masacres.

Un día el hombre juzgará para discernir y no para separar, descubriremos que es mejor emplear la palabra para bendecir, porque si bendices el mal, lo destruyes como tal y lo transformas.
No puedo hoy pedir a quienes odian tanto y se dejan manipular pues no les dejamos otra salida, que amen. Pero si puedo amarles yo, lo que no significa que estos actos destructivos me gusten.

Ante lo amargo de la vida unido a la miseria y al abuso de poder, son pocos los que pueden crecer y comprender que SOMOS UNO. Tales ambientes permitidos por todos los que ahora lloran, difícilmente pueden producir otra cosa que odio.
¿Quien nos dice que unos cuantos de esos niños rechazados por toda Europa como asilados políticos que huyen del horror no serán mañana quienes exploten con una bomba en cualquier otro país de estos que les hemos impedido esa libertad que gritamos para nosotros?

Va siendo hora de que comprendamos que el mal se genera debido al rechazo y que una vez establecido es una enorme hipocresía pertrecharse contra sus efectos. Este mal de París no nace en los terroristas…Nace mucho más arriba escondido en las fortunas que generan los ambientes de miseria y mugre, los insalubres lugares que abundan lejos de la “sagrada Europa”. Y nace en nuestros corazones cada vez que no aceptamos formas de vivir, vestir, comer y celebrar de otras gentes.

Verdaderamente me acuso de no vivir la unidad constantemente y contribuir así a que actos salvajes de venganza encuentren personas dispuestas a perpetrarlos.

Miro hoy en mi corazón y me hago un ruego: AMA!!!
Sólo si logramos amar la paz se podrá establecer y cosas como lo de Francia dejarán de producirse.

la tierra

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