¡¡OH TIEMPOS, OH COSTUMBRES!!

El que más y el que menos ha crecido oyendo el NO.

Si sólo hubiese sido un NO, aun si hubiera sido frecuente…! Pero al “no” se ha añadido siempre un “eres malo/a”. “Malo” u otras palabras. A fuerza de oír que uno es malo o que se porta mal, nunca se vuelve uno “bueno”. Es decir que oír que no lo hacemos bien no nos lleva a cambiar. Sólo nos hace sentir mal, solos, despreciables…Y aunque una vocecita interior intenta que creas que no eres tan malo, que en realidad eres incluso bueno, es difícil en general creerla.

La Psicología dice que hasta la pubertad nuestra moral es heterónoma. En otras palabras que es de otros, prestada pues…Dice que luego poco a poco, revelándonos contra esa moral ( lo cual equivale a decir que uno se pelea con papá y mamá), uno se aleja de sus padres y comienza a crear la suya propia. Esto otro equivale a que hacemos una mezcolanza de ideas morales de los amigos admirados, de la información que nos llega (literatura, cine, publicidad, etc. y como no de la de papá y mamá. A veces uno adopta modelos contrarios a los de casa, pero eso no indica precisamente independencia, sino rebelión.

En ningún caso es una moral nueva, original. ¡Que va! Nos hemos tragado ya “el pez” y su filosofía nada por nuestra mente, cuando afirmamos seguros de saber que lo que decimos nos sale de dentro: “yo creo que…”

Hace algún tiempo, no mucho, que comprendí lo que era la moral.

¡¡La moral es la costumbre!! “Mores”, vocablo del que deriva MORAL significa en latín :costumbre.

O sea que moral es aquello a lo que se nos ha acostumbrado. Y si uno da un vistazo por la historia, se puede comprobar como se considera moral lo que se viene haciendo y es tradición.

Hace apenas unos setenta años era inmoral vestir de color tras la muerte de un familiar. Y hace un siglo enseñar los tobillos era ser procaz. Podríamos continuar dando ejemplos de conductas morales que hoy en nuestra sociedad se aceptan y no convierten en inmoral a nadie, como separarse para divorciarse por ejemplo. Yo conozco a una mujer que fue repudiada por su padre por casarse con un protestante. La lista de conductas inmorales sería infinita si repasásemos, aun actualmente, otras sociedades que no fueran las llamadas occidentales.

Y uno piensa si lo moral tiene sentido, o es más bien una cuestión de moda. Moda psicológica, social o emocional, pero moda al fin.

Me pregunto si lo bueno es bueno en sí, o depende de dónde y cuándo nazca uno.

Tengo entendido que los antiguos esquimales, careciendo de herramientas ad hoc, usaban sus propios dientes para trabajar las pieles de foca. Bueno, no todos. Eran las mujeres quienes acababan desdentadas, a fuer de usar los dientes. Y cuando esto ocurría, cuando ya no podían masticar, un cierto tiempo eran alimentadas de boca a boca por sus hijas. Luego las abandonaban en el frío, donde morían de hipotermia o gracias a un amable oso polar que abreviaba su abandono y las devoraba. Entre nosotros a día de hoy eso sería considerado una acción punible, una muerte cercana al asesinato.

Sé que en Esparta, en la antigua Grecia, si un niño no nacía fuerte, era tirado por un precipicio o acantilado. ¿Quién haría eso ahora? Y entre los patricios romanos, un hijo sólo adquiría ese estatus, si el pater familias consideraba óptimo su nacimiento y lo acogía.

Por otro lado en sociedades primitivas, se mataba al enemigo y se le honraba comiendo su carne, en la esperanza de engullir también sus cualidades.

Cuento todo esto porque parece que ni en algo tan sagrado como la vida hay unanimidad según épocas y costumbres. Y lo cuento, porque parece que no hay un acuerdo acerca del mal o del bien, salvo si hablas con los de tu tierra, con tu familia o tus amigos.

De modo que uno crece y asimila una idea de bien y mal dependiendo de cual sea el uso o costumbre en que ha crecido. ¿Realmente existen lo malo y lo bueno? ¿No será que le hemos dado mucha importancia a clasificar las conductas porque así nos alejamos del extraño?

De pronto eres adulto. Casi viejo, como yo y te llama la atención que lo que se suele hacer marque la bondad o maldad de un ser humano sea la costumbre. ¡Esto no tiene sentido! ¡No es justo! Y marca no obstante el diario vivir de la gente dentro de su comunidad, hasta el punto de mirar mal a quien no la cumple.

He llegado a una conclusión que comparto con vosotros: NO EXISTEN EL BIEN Y EL MAL.

Hay conductas que son rechazadas por desacostumbradas, que nos alejan a unos de otros. Y más aun: NOS LLEVAN AL RECHAZO DEL QUIEN NO ACTÚA COMO YO.

Del rechazo a tomar precauciones y  buscar castigo para quien osa ser diferente, hay un pasito. Y lo grave es que del mismo modo que un pequeño infante no mejora con el “no”, ni con oír que es malo, nadie que haya sido castigado y por ello avergonzado en público, se vuelve mejor. Los casos como el de el “Lute” no abundan.

Convendría revisar en nuestros corazones el castigo, el rechazo y la moralidad. Eso sería más congruente que quejarnos de cómo va el mundo. Y ya de paso, comprender en vez de castigar, sanar en vez de vomitar tanto desprecio sobre quienes cometen actos “inmorales”, o sea desacostumbrados, porque sentirse rechazado invita a rebelarse, al ataque y la venganza, pocas veces a convertirse en “bueno”.

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