CIENCIA Y/O FE

 

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Las primeras imágenes que de conservo en mi memoria son apenas fotos fijas, de las que ni siquiera tengo la total certeza de que sean reales. Después hay, siento “cosas” unidas a recuerdos en mi sexto año de vida. Y ya desde entonces Dios ha sido mi norte, mi puerto de descanso, el pilar que cruza el núcleo de mi existencia.

Pronto descubrí que era un tema impopular. Sé que esta palabra va unida para muchos a una u otra confesión religiosa y en particular en España, va unida a la Iglesia Católica. Siento a la Iglesia como una madre…, una de esas posesivas madres que intenta ser el árbitro de las mentes, los valores y el criterio de sus hijos. Durante casi la mitad de mi vida me he llamado católica. Ahora sólo me llamo cristiana… Y cristiana, porque un día supe que CRISTO no es una persona, sino un estado al que puede aspirar cualquier ser humano. Cristo equivale a haber expandido de tal modo la conciencia que uno tiene de sí mismo, que abarca la totalidad, y la totalidad es eso que comúnmente llamamos Dios.

Esta idea me causó un profundo impacto. ¿Cualquiera puede ser Cristo…?

La Iglesia Católica ha tenido mucho cuidado con apartar el “panteísmo” ( que literalmente significa DIOS ES EN TODO) y de convertir a Jesús en único posible descendiente de Dios. Es algo así como si el mundo material no pudiese contener en sí a su creador, como si Dios hubiera creado y se hubiera ido de lo creado por Él/Ella. ¡No parece muy lógico! Si somos semejantes a Dios, lo cierto es que cuando creamos algo, esa invención nuestra merece generalmente todo nuestro cariño. ¿Por qué Dios iba a proceder justo al contrario?

La fertilidad de la naturaleza en todas sus formas habla de una energía misteriosa, pero apabullante, que en mi opinión viene necesariamente de Dios. Ese derroche de hojas en otoño por ejemplo, ese derroche de espermatozoides en una fecundación humana…A mi no me cabe duda de que tras cada átomo, mejor dicho EN cada átomo vive Dios. Si eso es panteísmo, si eso no le vale a los católicos, desde luego a mí sí. La otra cuestión, la de que Jesús sea único, no cuadra ni con las palabras que esta misma iglesia nos ha hecho llegar de Él. Se le atribuye esta frase: “Cosas más grandes que yo haréis”, o esta otra: “Dioses sois”…Pero es que todas sus parábolas dicen que hay una a modo de SALIDA de algo que llama “Casa del Padre” y una llegada y unión con ese Padre.

A menudo las palabras nos atan a contenidos y significados concretos. Y es una pena. De no ser así, los descubrimientos científicos de los últimos 60 años, ya habrían dicho qué es Dios y que no se parece a ninguno de los dioses de ninguna religión, compartiendo con todos un elemento: SER ETERNO Y AUTOSUFICIENTE.

Antes mencionar a Dios era filosofar. Pero esto ha cambiado.

Si echásemos un vistazo a otras religiones, veríamos que de todas se puede sacar un patrón que intenta describir a Dios. Lo infinito es por definición indescriptible y cada definición se quedará siempre cota. No obstante la ciencia, concretamente la Física Cuántica, que ni por lo más remoto busca a Dios, un buen día tratando de hallar el origen de lo que vemos, la materia, se dio de bruces con un vacío lleno tan sólo de ondas y las ondas no se ven. Se podría decir que buscando lo material, los elementos materiales que lo componen, se encontraron lo invisible…¿Podríamos decir que hallaron el espíritu?

No era además cualquier clase de vacío. Había en él una energía bestial, una capacidad para producir partículas y en ellas había un diseño. Es decir, que las partículas que se unen dando al final como resultado átomos y estos moléculas, se unían creando formas, seres, y lo hacían porque en ellas había un plan que daba un aspecto u otro a esas formas, que crecerían para ser un virus, una planta concreta y no otra, un animal y no otro, o un ser humano hembra o varón y no otro.

Descubrió esa misma ciencia, que no hay una realidad, sino muchas; que cuando desaparece de nuestra vista una posibilidad porque escogemos otra y la realizamos, la que no realizamos pervive en otro “mundo paralelo”.

Como sin proponérselo, ciencia y fe se han dado la mano y lo que antes era irreconciliable, esta muy cerca ahora. Jamás dirá un científico: He hallado a Dios. Pasa como con Colón, que buscaba las Indias y no dijo que había hallado otro continente cuando sus tres naves tocaron América. Pero en el origen de la materia no hay otra cosa que luz, pues somos luz, aun si no lo parece.

Yo, he de confesar que no necesitaba a la Física cuántica para sentir vivo a Dios, para sentir esa energía eterna, eternamente creadora. Pero confieso igualmente que me hace ilusión que los señores David Bohm y John Weeler, ambos galardonados con el Nobel, digan que bajo el sólido aspecto de la materia hay una fuente ilimitada de energía, situada más allá del espacio y del tiempo y que afirmen que hay variables ocultas que generan la materia y le confieren su aspecto y que hay un factor Q o diseño que lleva un cómo y un para qué en cada proyecto que deviene materia. Me alegra mucho que cuanto he sentido tenga por fin voz en forma de verdad demostrada científicamente. No. No van a llamar Dios al VACÍO CUÁNTICO, pero encontraron el espíritu sin querer. Es más han descubierto que o hay un observador que mantiene por así decir la materia tal cual la vemos, o desaparece en forma de ondas. En otras palabras…¿ No es Dios ese observador que me observa y me mantiene viva?

Puede que un científico se enfadara conmigo y dijera que cómo oso hablar de esta forma. Pero es que…, si una onda no es algo espiritual ¿Qué es? Uno puede hallar la forma de registrar ondas, pero aun así, no las puede coger con sus manos. Uno puede convertir una onda en imagen del televisor o sonido en una radio. Aun así, seguimos sin poder atraparlas. Y no deja de ser gracioso que este mundo tangible, “tocable”, esté hecho de vacío…Y por si fuera poco, que si no es observado permanentemente, desaparezca y vuelva a ser onda.

Para mí Dios va mucho más allá de estas disquisiciones. No entiendo un Dios que no se traduce en conducta, en amor hacia todo lo que puedo ver. Ahí se inicia el camino de quien busca la felicidad, ahí los tropiezos con lo que rechazo de entre todo lo que veo. Aunque se que al final de todo estoy yo, desprovista de personalidad e identidad concreta y hecha unidad con ese vacío eternamente vivo y fuera del espacio y el tiempo.

 

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Sé que ese no es solo mi objetivo, sino el de todos.

¡¡Así que, allí nos encontraremos!!

( Arriba David Bohm. Abajo John Weelher).

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