Cosas de familia…

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Este peque se llama Nacho. En la actualidad tiene 31 añazos…Es alto, simpático, cariñoso y un hijo muy amado, que me ama.

Hace nueve años perdió en la noche del 24-25 de Diciembre a sus abuelos al mismo tiempo. Tal vez esa fecha para otra familia habría quedado teñida de dolor y pena, un día como para olvidar y pasar por él de puntillas…

Pero aquella noche fue buena a pesar de lo luctuoso del acontecimiento. Me propuse que la Navidad no se tiñera de tristeza, que algo que a mis padres les encantaba celebrar y nos enseñaron a hacerlo con todos los detalles que la convierten en especial, siguiera siendo lo que ellos querían: UNA BUENA NOCHE.

Tan es así, que aunque quizá mi hijo no lo haya pensado, decidió bendecir el día dejándolo para siempre como un recuerdo feliz. Sí, porque esta Nochebuena fue el momento por él escogido con nuestras bendiciones (de su tío y mías) para marcar un antes y un después en su relación con la mujercita que lleva siendo su pareja varios años. El instante fue precioso, muy emotivo, sencillo y muy grande a un tiempo. Pero también seguramente mi hijo no haya caído en el detalle de que con pedir la mano de su chica iba a transformar la memoria de ese día y convertirla aun en mucho mejor.

Si, digo bien, mejor…

La muerte parece tremenda, se llora con desesperación a menudo, suelta las culpabilidades escondidas y uno quisiera hacer volver lo pasado y reparar conductas ya inamovibles… La gente se queda huérfana del que se va, padre, madre o amigo, incluso a veces un desconocido provoca ese vacío inexplicable que suele robarte el alma. ¡Pero está todo en una idea errónea sobre lo que es!

Morir es abrir una puerta a un nuevo nacimiento, puerta para ver y sentir lo que en verdad somos y por más que el mundo lo niegue, es la posibilidad de iniciarse con otra personalidad en otro tiempo. Borra todo, eso sí, pero no tanto que no haya un ovillo del que sacar el hilo para recordar todas las anteriores personalidades que te pusiste, como quien viste un traje y se muestra al mundo con él.

Para mi es ya indiscutible…¡ Que no sólo se vive una vez como reza la canción! Sólo una vida serás de un modo particular, pero tu esencia es permanente y de cada experiencia saca un aprendizaje necesario.

Aquella Nochebuena de 2007 yo vi en segundos irse a dos de las personas que más amo en la vida. Miré por encima de la casa en llamas y los imaginé allí suspendidos, contemplando el incendio y me dirigí a ellos:

– Papá, Mamá,  es NAVIDAD. Navidad…, nacimiento. Y en verdad lo es. Para vosotros empieza una nueva vida y para mí sin vosotros se inicia otra vida nueva también…

Sé que lo escucharon aun si las palabras no salieron de mi boca, como sintieron mi gratitud y el entrañable momento de unión que estaba teniendo lugar entre nosotros.

Cabe decir que querían irse juntos, algo que sucede poco, que mi madre hacía tiempo que ya no era de este mundo con su Alzheimer progresivo, que mi padre estaba cansado de tanto cambio en el mundo, que lo había desfigurado para él  de forma que no lo reconocía. Y es verdad que tarde o temprano te sientes huérfano.

Decimos “huérfanos” a los pequeños sin padres…, pero la orfandad es ese sentimiento de alejamiento definitivo, que te hace percibir con nitidez lo sólo que te has quedado. Crees que ya nadie te dará de forma gratuita, como ellos lo hacían, su aceptación… Nadie será tu colchón, o los brazos amantes que abrazan sea cual sea tu pena, o la palabra comprensiva que te acoge y te explica el mundo. Además insensiblemente te conviertes tu en el anciano, el que lleva la memoria familiar… Ahora eres el nuevo “ultimo viejo”.

Lloré muchos días después su falta, comprendiendo que era un llanto egoísta. Lloraba por mí, no por ellos. Ya no podían acogerme y darme consuelo… Su consejo era el que escuché si lo rescataba de mi memoria, pero sin palabras nuevas, sin referirse a lo actual…Y de pronto te sientes tan pequeño…, tan poquita cosa y se te pide que seas lo que pareces, cuando tu quieres gritar: “¡¡Papá, Mamá..¿Dónde estáis?!!”

No obstante yo no me quedé realmente huérfana. Entiendo la Vida. Conozco sus pasos y sé qué hay tras las apariencias, así que me dispuse a mirar en mi interior, donde siempre se halla consuelo y amor a espuertas, si uno sabe escuchar.

Morir es como desvestirse y conviene saber hacerlo antes de que llegue el día en que ese organismo que has sustentado se agote y no pueda servirte más, ni puedas respirar una vez más desde él.

” ¿Acaso puede un hombre entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?” Esto preguntó a Jesús Nicodemo, cuando le dijo que había que nacer de ARRIBA, si uno quiere ser feliz. Podía haber dicho “de DENTRO”…

Los padres generan tu cuerpo con unas características genéticas concretas. Eso y la mente que siente, piensa, intuye y recibe todas las impresiones de los sentidos es lo que solemos llamar “Yo”. Ese “yo” se rodea de datos. El lugar de nacimiento, la situación social en que creces y la que construyes luego tu, tus parejas, tus hijos, tus posesiones, tu profesión o profesiones, tu sentido del ocio y tantas y tantas cosillas que te permiten tener eso que llamamos IDENTIDAD. Nos identificamos de tal modo con todo ello, que llegamos a creer que “eso” es lo que somos. Y osados somos, pues cuando nos preguntan, pocas veces es verdad, “¿Cómo eres?”, soltamos toda esa retahíla como si así pudieran conocernos. De las subpersonalidades, esas caras que rara vez mostramos, ya sean enormes o mezquinas, nada se dice con esa descripción. De nuestros miedos, dudas, de la falta de estima, de nuestras culpas y de nuestra sombra al fin, nada se dice. Tal vez, porque tampoco lo refrescamos, ni la buscamos en nosotros para aceptarnos…

Vivimos para las costumbres, tradiciones, consumo, para una actividad frenética que nos de sueño, pues tememos al silencio interior. Y es precisamente la MUERTE quien nos recuerda que no somos nada de todo eso…Y tal vez a ello se deba la desesperación que nos entra, porque por una vez no es posible eludir que NO SOMOS ESA IDENTIDAD postiza que reconocemos como “yo”.

El viejo refrán que dice: CUANDO LAS BARBAS DE TU VECINO VEAS PELAR PON LAS TUYAS EN REMOJO…, nos recuerda que un día el que se irá seré yo. Y poca gente recibe esta visita sin angustia, convencida de haber hecho cuanto había que hacer y que lo que no se hizo no hacía falta acometerlo.

¿¿¿POR QUÉ ???

La vida que hemos construido hace lo imposible para hacernos creer que eso no pasará y si esto era cierto antes, hoy con el ensalzamiento de lo joven es aun más fuerte el impulso por olvidar que mi cuerpo no es eterno. Uno ve en vaqueros a señores mayores o a señoras. Y no es que sea malo. Es que, parece que vistiendo “jeans” uno se olvida de los años que tiene, como tiñéndose el pelo, operándose la cara, o conduciendo un deportivo.

Yo estoy convencida de que la última hora la decidimos nosotros. A veces sin conciencia de ello bien es verdad, pero hasta que uno no permite el salto, no llega. Sé que no Casi nadie comparte esta seguridad, pero no por ello es menos firme.

Morir no es traumático, ni triste. Nos permite descubrir QUË SOMOS, es decir nuestra verdadera identidad, que no es la del cuerpo y mente con que nos identificamos.

El muerto no es juzgado, como se nos dijo, si no aceptado y amado como nunca en su vida en la tierra lo sintió. Y nadie muere solo, pues como muchos sabéis, los que nos precedieron aparecen a recogernos…¡¡ Que no son alucinaciones lo que dicen los moribundos!!!

Hay muchísima información sobre este tránsito y bastaría con recordar que la VIDA es AHORA, que sólo tenemos el presente y que es BUENA, por más que nos empeñemos en hacerla inhabitable. Kubler Ross, psiquiatra que dedicó su vida a la asistencia a enfermos terminales, Raymond Moody, Brian Weiss y muchos otros, a parte del libro Tibetano de los Muertos u otros textos te informarán si quieres saber qué es realmente la muerte.

Hay conciencia no ligada al cuerpo y existen pruebas aun no contrastables y por eso no pueden ser llamadas ciencia. Sé de un neurocirujano que operó a una niña ciega de nacimiento en la cabeza. Debían esta clínicamente inactivos su cerebro y su corazón. No hay muchas operaciones como esta. La paciente, sin sentidos durante la operación, escuchó cuanto se decía, la música que se oía, vió lo que hacían y todo ello sólo pudo hacerlo su conciencia desligada del cuerpo. Os invito a teclear en You Tube: “Experiencias cercanas a la muerte”. Hay más casos de gente clínicamente muerta que ve y oye y cuenta lo que hacían con sus cuerpos en tanto estuvieron ausentes de ellos, sin conciencia aparente.

Morir no es terminar nada, ni un sueño sin recuerdos o impresiones. Es vivir de otro modo y contra lo que creemos, no es terrible. Hoy con tantas muertes no consumadas, gracias a la tecnología que logra recuperar a esas personas, son muchos las casos de gente que SABE sin lugar a dudas en qué consiste y han dejado de temerla, así como han cambiado sus prioridades en la vida.

NO SOMOS LO QUE PARECEMOS, ni es esa nuestra identidad. Sería bueno buscar qué SÍ somos antes de morir repito y también nos dejaría asustar.

Cuando comprendes que vivir no es lo que se ve, cobra otro sentido. Y los adioses se convierten en “hasta luegos”. Ellos siguen tan cerca como uno desee y puede hablarles e incluso a veces hay respuestas, no de su boca, pero las hay.

Nos conviene NACER DE NUEVO. No es preciso volver al seno materno, sino sentir dentro que eres tu propio padre y madre y puedes generar tu vida como la concibas tu. “Nacer del agua y del Espíritu” es lo que Jesús proponía, es decir del sentimiento y la conciencia de ser no fulano o mengano, sino la VIDA, esa que en mil formas variables sigue y es infinita.

Concebir así la existencia cambia el modo de percibir las cosas, te hace más tolerante, menos exigente, más conciliador y crea en tu fondo una paz indestructible. Reír se hace fácil y los graves incidentes del mundo ya no se sienten destructivos, sino parte de un movimiento que aun no ha terminado y cuyo final es feliz. Despides a quienes vivieron contigo en la forma que tenían, pero sabes que su esencia sigue viva en ti y los sientes tan presentes que se hacen vida a tu través.

NO EXISTE LA MUERTE. Hay un despertar maravilloso por delante y creerlo así hace la vida amable. Cada minuto es una NAVIDAD.

 

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