Tu cara…espejo de tu alma…

Como vosotros, conozco mucha gente. Si tuviera que poner un número a lo mejor llegaba a mil. Pero claro, no son todos de ahora, ni todos cercanos… Y cuando miro las caras de mis semejantes por la calle, o cuando oigo sus comentarios, o leo sus wasaps…Sé de inmediato quien es un ser feliz y quien no.¡Hay pocos!

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No es que ser feliz signifique estar con la sonrisa colocada todo el día…Es que eso sería de idiotas…¿Quien puede sonreír sin límite, si sabe cuánto sufre la humanidad?

Yo que soy feliz de verdad, sé que lo soy porque ni un segundo del día es tonto, o lejos de ser sentido. Soy feliz porque saboreo la vida. Saboreo su acidez, su amargo sabor, su dulzura, sus éxtasis, sus grandezas, sus pequeñeces…

Por ejemplo hace un ratito. He asistido a la muerte de un ser diminuto. Tengo como mascotas a un curioso grupito de seres: Gusanos de seda. No conservo los miles de huevos que mis adoradas maripositas blancas ponen. Sólo unos veinte y me arriesgo a que nazcan como este de hoy, antes de que el árbol de la morera que vino a mis tiestos solito, como si supiera que le necesitaba y cuánto me gusta ser mami de un árbol, haya dado algo más que unas hojitas de apenas un centímetro y la nieve de ayer en Madrid las quemase.

Cuando me nacen plantas en los tiestos de mi pequeña terraza, las dejo crecer. He de saber qué son, aun si las llaman malahierba. Disfruto con su belleza, con sus florecillas a veces tan complejas. Un día llegó una y la dejé crecer hasta comprobar que era un árbol. Cuando la maceta era pequeña lo trasplanté y siguió creciendo. Llegó el momento en que ninguno de mis tiestos le iba a permitir crecer, así que pedí permiso para plantarlo en mi colegio.

No imaginaba cuánto iba a costarme. Era miembro entonces del Consejo Escolar, y pensé que me autorizaría con prontitud…Pues casi no me dejan. “Los niños pueden chocar si corren, contra el árbol”. Pensé que si un niño es tan desmañado como para no ver un árbol, merece chocar y descubrir que no podemos correr como pollos sin cabeza.¡¡Menudo argumento!¡¡Ni que fueran tontos los peques!!

Muy al contrario, mis niños disfrutaron no sólo plantándolo, poniéndole en su “cuna” y arropándolo con tierra, sino que le llaman NUESTRO ÁRBOL. Y cada primavera y cada otoño durante estos tres años, han mirado conmigo el milagro de la vida que nunca termina. El árbol sigue en nuestro patio de recreo y con suerte, este año probaremos sus frutos, pues sus moras son deliciosas…Y este año ha dado ya fruto.¡¡Qué suerte recibir una morera, para poder alimentar sin dañarlo, a mis pequeños amigos!!¡¡Qué inmensa fortuna poder con él enseñar a mis niños lo buena que es la naturaleza y cuidarla y protegerla!!

Hoy, decía, he mirado mis veinte huevos. Ya han nacido y muerto unos pocos despistados…Pero me quedan unos cuantos huevitos negros que dicen que ya casi están listos. Y he visto esta tarde a otro despistado, que vivía aun hace unos minutos y como he cogido hojitas de nuestro árbol, he corrido a ponérselas.¡Demasiado tarde! Las hojas estaban bastante deterioradas, quemadas, porque ayer inesperadamente para este Marzo loco, nevó. Y una vez más compruebo cómo mueren los gusanos de seda. Se colocan casi de pié, con sus patitas encogidas, con la cabeza arriba, como si rezasen…

Sé que todo esto es casi insustancial, sobre todo comparado con noticias atroces que no puedo dejar de oír, ni de sentir como aldabonazos al alma y que recuerdan que yo vivo en otro mundo. Sin embargo transité muchos años por desiertos para mi corazón, por valles oscuros y secos y tuve que subir a varios Everest del espíritu. No me es ajeno ningún dolor. Y sé lo que es sufrir también, que no es lo mismo.

No. El dolor forma parte de la vida y es misericordioso en general, pues la propia naturaleza presta medios para paliarlo. Eso si hablamos del dolor físico. El otro, el interno, cuando te coge es como una guillotina. Te deja a veces tan impactado, que el mismo dolor te anestesia un rato. Luego depende de ti que se convierta en sufrimiento, o sea como esos videos que uno pone una y otra vez.

Recuerdo a una viejita, que me ponía el café en un bar por las mañanas. Llegó diciembre y su rostro hosco con frecuencia, se tornó sombrío. Y me enteré de que odiaba la Navidad, pues se llevó a su gente…Para ella, el video de la ausencia, de la muerte, sigue pasando por su corazón hundiéndola cada Diciembre.

Quizás a ella le debo que aunque mis padres se fueran el 24 de Diciembre, yo hiciera cuestión de honor no repudiar una celebración que yo adoro y mantener vivo ese espíritu del nacimiento eterno de la Vida, eterno, si uno quiere.

A eso me refiero.

Ella no ama más a los suyos que yo a los míos. Pero optó por sentir dolor y yo por sentir la vida, que a pesar de llevárselos me permite sentirlos vivos en mí. No sólo porque nunca los olvido. Es que veo en mí sus cualidades, sus defectos, si queremos llamarlos así. Soy su eternidad y sus actos y sus valores y principios siguen tan actuales como cuando podía abrazarles.

Vivir feliz es VIVIR, con sus caminos llenos de tropezones y sus entusiasmos por cada diminutez, o cada sublime experiencia. Y es vivirse, o lo que es igual, dejar que quien surge de mi interior no se oculte por el qué dirán.

El otro día me contaron que una madre dijo de mí: “¡¡Es que me enerva!! No la soporto”. Lo dijo en una reunión de madres donde mi nombre salió a colación. Ella expresa algo de mi y yo de ella, que no nos gusta a ninguna. La traté lo mejor que supe y pude, pero se despidió de mi con una injusticia, se negó a escucharme y me negó la palabra. A menudo la veo y la bendigo. Pero tiene aun un pasado video dentro, que al verme se enciende y la irrita. A mi su desprecio no me hiere. Es libre de odiarme, de manifestarlo, no va a restarle nada a mi sonrisa, aun si siento no haber sabido hacer que comprendiese que yo nunca actué mal con su peque, que lo que su peque le contó era cierto, pero que no le dijo todo. Para ella, sólo verme, es volver al pasado.

Y desde algo nimio como eso, a la mayor de las atrocidades vividas, uno puede siempre optar por rememorar y sentirse víctima, o mirar de nuevo el mundo y esperar a ver qué trae, dispuesto a sentirlo bello y bueno.

Una amiga me decía antes de ayer, que agradece que su coche se rompiese. De entrada le dejó indefensa, pues lo necesita incluso para ganarse el pan. Pero pidiendo ayuda económica, pudo dejar que alguien de quien dependía, no la sometiese más a su abuso. Tenía dos formas de vivir esta situación al menos. Y ella optó por sacar partido de su inferioridad y convertirla en victoria. Ya conduce de nuevo, ahora más fuerte que hace unos días…

Son maneras de vivir.

También conozco a una mujer pusilánime, que desde jovencita ha dejado que vivieran su vida, decidiendo primero sus padres por ella y luego su esposo. Un día murió él y a su desgana por la vida, se unió no tener más guía. Vive una semidepresión hace más de 30 años. Es víctima de su inacción y no puedes tirar de ella, animarla. En el fondo no quiere. Vive en el video de “Dios mío que mala suerte tengo” y descubrir otra posibilidad la aterra.

Como ella, otras personas se levantan, actúan llevadas por la costumbre, sin mirar al cielo lleno de verderones cantando sin parar estos días, sin admirar las nubes que siempre son diferentes o esas dos cigüeñas que van y vienen construyendo de nuevo su nido, o sin “sentir” a sus hijos crecer. Son esposos/as…O solteros. Adivino que no muy satisfechos, porque sus caras son grises, su mirada torva…

¡¡¡SI PUDIESEN VER LA VIDA CON OTROS OJOS!!!

Sólo de eso se trata. De SER TU, y de mirar los pequeños regalitos diarios que no vemos.

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