Y vamos cerrando la puerta…

Siento que estamos cerrando una puerta.

¿Recordáis “Una Odisea en el espacio 2001”? La vi de adolescente, y a pesar de su exasperante lentitud, me marcó. ¡Sugería un universo tan distinto al conocido…! Hombres y mujeres igual vestidos, viajes intergalácticos, un inaudito nivel de asepsia, comidas sin salsas, comunicaciones a distancias impensables, robots capaces de matarnos y en general, una tecnología totalmente ajena a 1968. Quedaban treinta y dos años para aquel incierto 2001, pero parecían siglos, tantos como alejaban al hombre primitivo del hombre del s. XX. Y mirábamos 2001 con recelo, con asombro. ¿¿Sería así??

Bien: ambos sexos visten ropa deportiva. No son monos plateados, pero van idénticos. Las autoridades desinfectan todos los ambientes públicos. Las comunicaciones con el 5G nos alucinarán. Ya alucina hablar con el otro lado del globo. Los satélites salen del sistema solar. Y la tecnología evoluciona…. Pronto moveremos nuestras manos en el aire buscando ventanas virtuales. Los robots se comunican entre ellos sin seguir las pautas dadas y aprenden… Falta la comida… Pero evidentemente estamos estrenando un mundo. Y quedan muchos cambios por materializar, ya diseñados.

Conviene, ante este sunami, afianzar la propia personalidad, usar más que nunca el propio criterio, y cerrar la puerta con serenidad, sin desperdiciar siglos de la conciencia que habita nuestros genes.

Es como abandonar una vivienda. Limpias y ordenas lo que quede. Miras antes de cerrar, satisfecho del tiempo que te regaló esa casa y cierras en paz abierto al porvenir. Son 10.000 años de patriarcado. Ya hemos visto hasta dónde puede llegar el poder exclusivo del varón. Se impone hacer lo que nunca hemos hecho: AMAR.

Ojo, que no es ser ñoño, ni vestirse de algodón. Es esperar siempre; reconocer que los fallos forman parte del aprendizaje; aceptar lo que parece inamovible y es sobre todo darse cuenta de que el primer ser amado es uno mismo. Nadie da cuando se queda vacío un ápice de nada, de ahí la importancia de amar-se.

Amar es superar las diferencias, convertirlas en ventajas.

Abrimos una puerta al tiempo que cerramos otra. Los inicios son siempre caóticos, deslavazados, inciertos y problemáticos. Pero escogimos nacer ahora porque tenemos lo que hace falta para aguantar el tirón. Urge imaginar, proponer, y valorarnos, pues cada uno trae algo único para el colectivo.

Pero mientras cerramos miremos, también con amor, ese tiempo viejo, a quienes murieron con la fe en un mundo mejor y hagámoslo. Es nuestra oportunidad y lo que hay que hacer es simple: AMAR.

Contemplemos a cuántos no toleramos. Ese es el barrido que cabe hacer antes del cierre. Uno a uno, al menos en nuestro corazón, podemos devolverles la inocencia. Y de forma mágica, a medida que les declaramos inocentes, quien se siente inocente es uno mismo. Ya lo dijo el Galileo: Haz al otro lo que quieras para ti.

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Si. Suena la trompeta del fin. Pero no es el Apocalípsis, sino una llamada al corazón del hombre: el uno con mil caras.

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