El próximo mundo

La información me llega por los mismos cauces que a vosotros. Vídeos, correos electrónicos… y no son gente común. Son epidemiólogos, virólogos médicos, científicos de diferentes nacionalidades, personas con un historial que me he molestado en buscar, (por si eran falsas autoridades), alejados del sistema. Llegó también información de economistas, periodistas, personajes de trayectoria no sospechosa de mostrar conspiración alguna habitualmente.

Así que ya tengo una opinión contrastada y mi propio criterio como para afirmar que nos han mentido.

Sí había un virus peligroso. Pero lo han utilizado para generar miedo a perder la salud. Tanto que hoy todos exigen mantener la llamada DISTANCIA DE SEGURIDAD. Han abusado del poder para quitarnos en nombre del microbio cuantas libertades disfrutábamos y esto acaba de empezar. Este miedo es mucho más eficaz que el de sufrir un ataque terrorista y recordad cómo viajábamos antes y como viajamos después del   11-S.

En el mundo que viene no importará tanto contagiarnos como COMER. La debacle económica que ha llegado no va a dejar frío a nadie. Y el hambre tiene razones donde la razón se pierde.

¿Seguiremos escuchando los piques políticos que distraen sobre la prisión de tres meses? ¿Seguiremos esperando una vacuna que podría servir para localizarnos por si algún elemento de 5G omite algo? ¿Seguiremos consintiendo hospitales pocos y mal preparados con personal insuficiente? ¿Seguiremos esperando una normalidad que pasó a la historia?

El virus ha sido la “guerra” en los hospitales. Justificada la rabia de quienes a brazo partido, sin medios, ven como muchos retoman la vida. Pero toda enfermedad grave da bajas y por más que hablen de 50.000 muertos, o se engañan o mienten. Mata sí. Pero no llega a un uno por ciento. Yo no viviré por si soy ese uno como un robot que teme un calambre. No estoy dispuesta a dejar de abrazar, a comportarme con el POR SI, porque si me toca moriré, pero no viviendo con miedo a morir a cada paso.

Esta preocupación, ya habitual, por el contagio está haciéndonos perder el norte. De ser natural, hay que saber que ocurre y no es la primera vez. Me temo que no es natural. Da igual. Llegan tiempos muy sombríos. Quienes dirigen el mundo, pocos y poco conocidos, tienen una pugna por más (más poder, más dinero, más control) y no les importamos un ardite. Hay quien dice que acabaremos en una guerra mundial de conclusión impredecible.

¿Entonces? Entonces los pequeños “yoes” tenemos algo que hacer.

Primero abandonar el miedo. La vida es un contrato con fecha de caducidad. Así ha sido siempre. Y si le toca a quien amas, más te vale entender que la muerte no suprime el amor.

Pero podemos hacer más. Se impone ser humano, la fraternidad por bandera. Se impone dejar de consumir como idiotas y creer que ir a la moda te hace aceptable. Se impone abandonar el ” tengo razón y tú te equivocas”, porque aunque fuera así, tiene derecho a sus errores. Se impone preocuparnos de exigir que lo que comemos no esté manchado de miedo a sufrir muertes indignas, incluso para los animales. Se impone cuidar la calle como mi casa, porque nuestra casa es el planeta. No tenemos otra.

Y ante todo se impone valorarnos a nosotros mismos porque el ser humano, capaz de las peores perversiones, es también un dios que quiere crear en la Tierra el Paraíso. Tú tienes algo único que merecemos conocer. Sácalo y sé valiente, porque si alguna vez nos ha hecho falta es AHORA.

 

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