OTOÑO

Gansos migratorios
Nací en otoño.
El otoño se asocia al cambio y los cambios no siempre traen cosas gratas: El trabajo, la lluvia y el viento, la vuelta del frío, la ropa más pesada y de más abrigo…De hecho hay como una consigna interna en el hombre que ante el cambio, se arredra.
Pero el otoño… ¡Es una fiesta!
Es color en la naturaleza.¡Nunca visten los bosques con tanto cromatismo! No es el despliegue de la primavera, pero así como ella pone flor, la hoja que se desprende toma colores imposibles y el fruto que es cosa del otoño (de ahí la cosecha) se ofrece tras una larga preparación de semanas…
La gente de antaño, incluso la actual celebra la recogida de esos frutos que guardará en formas varias (compotas, mermeladas,etc.)con fiestas locales y fuegos artificiales…
Hace poco además, leí algo que también va unido a este tiempo de gloria. El otoño suelta, deja ir lo que tanto tiempo sujetaron la primavera y el verano, me refiero a las hojas.¡Que acto de generosidad llega de su mano para mantener la vida del árbol y posibilitar un nuevo tiempo para él!
Esas hojas cuando se pudran a ras de suelo,serán el humus que alimente a setas y animales pequeños, creando un suelo fértil que procede de la muerte de infinidad de ellas.Y los frutos secos alimentarán igualmente, a roedores de todas las clases…

En otoño nació también una mujer que conozco.
Pero de todo lo que el otoño sugiere, ella se quedó con el proceso de putrefacción unido a la creación de ese suelo. Lo demás no cuenta. Ella se siente sucia.
Tiene razones para ello, pues fue juguete de un adulto siendo todavía niña.

Cuando se habla de la inexistencia del mal, temas tan sangrantes como este, te obligan a profundizar aun más.
Yo ya no creo en el mal…Sin embargo ¿Cómo puedo “colocar” lo que deja huella tan tremenda en el alma de un ser humano?¿Cómo pudo Dios haber permitido que sucesos como este tengan lugar?¿ Cómo podemos llamarle “Padre” y conciliar su amor con el trágico efecto de los abusos sexuales?

Ser limpio y sentirse limpio son dos temas diferentes.
Mi cuerpo puede ensuciarse. Yo no.
La materia es, como ya expuse, algo imaginario por tangible que resulte.Forma parte de un mundo virtual en el que todos participamos para mantenerlo tal y como lo vemos. Es el juego de Dios, un juego que en ocasiones se torna serio, mucho.
Y en primer lugar alguien debería decirnos que lo que ocurre durante nuestra vida, sólo pasa para producir en nuestra conciencia transformaciones importantísimas. Son las consecuencias de esos cambios lo único que nos llevamos puesto al morir, ya que lo que es ilusión no se puede llevar al mundo de la verdad.
Yo le diría a mi amiga, que aquel o aquellos terribles momentos sólo tenían un fin:

DESBARATAR LA CULPA.

Sé que ella cree ser la víctima, pero ella es el redentor.
Sé que ella cuenta con vergüenza y con dolor, con rabia también, lo que sintió poniendo de su parte la humillación, la condena, el miedo, el sentimiento de impotencia y tantas y tantas otras sensaciones de asco y rechazo. Sé que fue así porque yo también sufrí un episodio, sólo uno bien es verdad, de abuso en un tren del metro siendo niña.
Los verdugos oficiales se disculpan por lo que van a hacer ante el reo. Si esas personas que ejercen de verdugo pudiéramos ponerlas ante alguna clase de microscopio que delatase lo que sienten, tal vez nos cambiaría bastante el aspecto de esta situación. No ellos no se disculpan…¿O sí?
¿¿QUÉ SIENTE EL ABUSADOR??
En un porcentaje altísimo ellos han sido niños/as abusados.De alguna forma crece en ellos una pulsión tenaz e irresistible, que les lleva a causar el mismo daño del que también fueron víctimas. Ellos saben del mismo dolor, asco, miedo, repulsión…y se sienten probablemente aun más cobardes y despreciables, pues conocen en mucha parte la magnitud de sus actos y su repercusión. Es difícil imaginarse dentro de ellos, sentir la propia vergüenza, el asco que experimentan hacia su persona cuando se dejan llevar por un veneno que les inocularon en su infancia.

No pretendo defender el acto en sí, sino buscar la salida.

Alguien podría decirme que “mucho que me importa lo que sufra ese hijo de…”.
Pero yo quiero que mi amiga deje de sufrir, quiero que crezca por dentro, que cambie su mirada sobre lo que le ocurrió, para que podamos salir del conflicto que parece irresoluble entre víctimas y verdugos.
Culpar no resuelve nada. Encarcelar tampoco, pues se sabe que cuando salen reinciden.¿Entonces?
La solución está mucho más arriba.
Yo le digo a mi amiga que ella es limpia y pura como una mariposa blanca, que aquello no manchó su verdadero ser y le pido que se decida a redimir a quien abusó de ella, reconociendo que esa persona no sabía lo que hacía, no podía escapar a ese veneno que la empujaba y que sólo si ella comprende que no hubo culpa, que eso fue un proceso que hoy la pone a ella en lo más alto para reconocer la inocencia del verdugo, podrá ella misma recuperar su inocencia y su pureza y salir del pozo.
Alguien más podría replicar, que el verdugo sabía muy bien lo que hacía. Y yo le digo a ese alguien:¿ Sabes tu lo que haces cada día, eres consciente de cada paso que das?

Decía el otro día que no somos libres. Pesan sobre nosotros tal cantidad de condicionamientos personales, familiares, sociales…, que nadie actúa movido por su voluntad. Ni yo, ni tu, ni nadie se mueve sólo por lo que quiere o desea, aunque las apariencias engañen y nos creamos autores de cuanto hacemos.
Hablaba el otro día de que sólo se realiza la voluntad de Dios, el único que vive y por tanto el único responsable.
Yo siento a Dios, entre otras cosas, como un cúmulo de sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos, que piden ser experimentados.Pasa que cuando son lo que llamamos hermosos, nos encantan. Pero también los hay de otras clases.Y los deseos sexuales de estos abusadores pertenecen al grupo de las otras clases.Alguien tiene que vivirlos o no serían experiencia.Y yo entiendo que Dios los experimenta en nosotros, como por cierto cada idea que de Dios surge.
Dios es a un tiempo la víctima y el verdugo. Sabe lo que ambos son y sienten. Experimenta el desprecio de si mismo del que abusa y la vergüenza y el asco del abusado.

Nuestro mundo es como un imán. ¿Lo dije ya? Más bien como muchos imanes. Cada cualidad es un imán, que posee dos polos. Aceptamos la humildad, pero rechazamos la soberbia y ambos son la misma cosa, que en su centro conviven, como en un imán las dos fuerzas opuestas.
Abusador y abusado son también como un imán. Situarse en el centro es comprender, porque sin comprensión no es posible la compasión y sin compasión, ni el verdugo podrá perdonarse, ni el abusado podrá perdonar y sacar la auténtica enseñanza de esta relación.
Tu, amiga mía puedes hoy mirar a ese a quien culpas con compasión. A fin de cuentas con amor. Puedes ser el Dios que siente la fuerza y el veneno que le empujó a su adicción, que le hizo sentir rastrero, despreciable e inhumano. Tu puedes liberar a todos los abusadores del sello de mal que pesa sobre ellos y puedes terminar con una cadena de horrores, tanto para ellos, como para las víctimas.Este es un acto de amor puro no frecuente, pero posible.

Nunca ha sido la solución de un mal, causar mal. La prisión, el castigo, el desprecio social…Nada de eso ha frenado los abusos, ni los sexuales, ni ningún otro. Al contrario, el dolor crece y las víctimas siguen sintiéndose sucias.
Hay que mirar desde más arriba, o desde más adentro y encontrar la paz de los opuestos y la compasión para el que comete actos tan dañinos. Tu amiga mía tienes amor para eso y mucho más…

Ese sería un buen cambio de visión para este otoño, redimir la putrefacción, como vital para fertilizar la vida, que no es otra cosa que sentirla como perfecta, porque cuanto ha hecho mal está esperando nuestra COMPASIÓN.
Hay que soltar ideas de condena, como los árboles sueltan las hojas caducas y esperar que en el invierno nazca en nosotros una nueva manera de mirar el mundo con amor.

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