AUNQUE CAMINE POR EL VALLE DE LA SOMBRA DE LA MUERTE…

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He aquí dos de mis personajes favoritos. Ambos pertenecen a almas que caminan por el valle de la muerte sin temer.
Me he levantado como muchas mañanas con este trocito de salmo de David en los labios:
El Señor es mi pastor…¡Nada me falta!
Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte,
NO TEMERÉ…

Dios, que tiene muchísimos nombres, Numen, Alá, Gran Espíritu, Akasha, Yavhé, etc.( estos son sólo unos pocos), para mí fue siempre: Señor. Curiosamente no era “señor” ni en el sentido de dueño, o rey, ni en el sentido de varón. No. Para mi, mi “Señorcito” la palabra con la que a Él me dirigía era una dulce palabra, un apelativo de amor y respeto…, que no temor.¡¡Nunca he entendido eso del temor de Dios!!
Y la palabra “pastor”, que Jesús amante de las imágenes cotidianas para él escogió como signo de su función con respecto a todo, incluido él mismo, da una sensación de alivio, de amparo, de acogida fenomenal.
Miro hacia atrás mi vida y veo como efectivamente guía mi vida y cómo nunca me ha faltado nada. Pude vivir en precario económicamente, pero tuve el amor para no sentir lo pobre que era. Siempre tuve una mano amiga, siempre, que cubrió mi llanto con ternura. Y siempre supe que como dijo Unamuno, “si no hubiese Dios, habría que inventarlo”. A mi no me hizo falta. Lo sentía. No a cada minuto, pero sabía que poblaba la vida…
Así que por negro que fuese el panorama en apariencia, mi pastor, EL PASTOR, guiaba mis pasos.

Hay como poco dos formas de mirar la existencia:
UNA. Miro he interpreto la realidad al hilo de lo que dicen que es.
DOS. Miro la vida y levanto mis ojos sobre las ideas preconcebidas contra las que tanto protestaban el autor del PRINCIPITO, o el autor del QUIJOTE.
Locos llaman a quienes escogen ver el mundo de esta segunda manera. ¡¡Benditos locos que pueden sonreír y permanecen con la llama encendida bajo tormentas y huracanes…!!
No se engañan.

Lo “real” es lo menos real que existe, pues para empezar está hecho de vibraciones y no de sólida masa. La avanzadilla de la ciencia, la Física Cuántica nos advierte además que dos realidades se muestran siempre ante el observador. Una saca lo positivo afuera. La otra saca lo negativo. Y ambas seguirán coexistiendo, sólo que para el observador, tu, él, yo, sólo una se hace real. La otra pasa a otro plano y no te toca un ápice. AMBAS opciones son REALES, pero un observador listo, optará por la positiva aun si todos sus amigos le llaman loco.
Tanto Saint-Exupery, como Cervantes, matan al final de su obra el encanto de esa divina visión del pequeño príncipe y de Alonso Quijano. Sucumben al poder de la razón. El niño se aleja de la Tierra y sólo una estrella bien lejana mantiene la melancolía de Antoine. Y el hidalgo se vuelve cuerdo y por más que Sancho es ya menos terrenal, muere negando el sueño.
Pero nadie se acuerda del final.¡¡Menos mal!!
Quijote permanece en la memoria como quien ve lo positivo y vive por ideales excelsos y el príncipe nunca renuncia a preguntar y podrá siempre ver un cordero en un dibujo de una caja con agujeros, pintados también.

Pues ese es el espíritu que nos acerca al Reino de los Cielos. No es mentira, es una posibilidad que uno mismo escoge hacer real para sí.
Y cuando recito muchas mañanas que Él es mi pastor, concentro mi visión en cuánto positivo hay en mis días. Así, no siento que nada me falte.

Y me encanta cuando sigue y dice:
AUNQUE CAMINE EN EL VALLE DE LA SOMBRA DE LA MUERTE…

Ni siquiera es el “valle de la muerte”, sino una sombra, una especie de fantasma que puedo elegir ver o no ver.
Aquí quiero hoy llegar.
Tenía yo 46 años cuando mi hijo mayor murió. El acababa de cumplir 21. Cinco años después un estúpido accidente incendió nuestra casa la noche de Nochebuena. Y mi padre y mi madre escogieron ese “autobús” para irse también. Dos años más tarde era mi marido quien cansado, muy cansado, se marchó una mañana de Abril.
Yo había vivido ya otras muertes: Mi abuelo, queridísimo abuelito, se fue a mis 6 años y me enteré.¡Vaya si me enteré!Dos años después mi abuela y madrina… Y con veintipocos, nos dejó la otra abuela, a quien admiré mucho por cómo se fue de aquí.

Pero las muertes de los abuelos semejan procesos lógicos y naturales. Las de los padres por ejemplo, nos dejan huérfanos. No importa cómo de mayor sea uno, se queda huérfano cuando papá o mamá se van. Esa bendita sombra que siempre te cobija si fueron padres queridos, esa sensación de respaldo se esfuma y de golpe y porrazo eres más adulto que ayer. Ahora eres tu el cabeza de serie, el portaestandarte familiar…,la referencia para los jóvenes de la casa…
Y sin embargo los míos eran ya mayores, en edad me refiero. Yo no sentí nunca mayor a mi padre. Tal vez le vi peliblanco, pero nunca mayor. Mi madre con su Alzheimer, hacía tiempo que había perdido su identidad, pero mientras fue ella, nunca me pareció tampoco vieja.
En vida les dije por activa y por pasiva cuánto les quería de mil modos y cuánto valoraba su papel sobre mi persona. Su muerte llegó limpia, inesperada y rápida. No pudieron despedirse. Mejor. No les hablo casi nunca, pero están…Cerca y lejos. Viven en mí hasta grados que a veces me sorprendo. Viven en los dichos que uso, en sus consejos que me salen al paso, en la imagen de bella pareja que formaban, en mis costumbres, en mis ideas, que voy transformando sobre el poso de las repeticiones de toda una vida juntos…Y viven en mi cuerpo hecho de los suyos, por más que fuesen sólo una celulita de cada uno, las que dieron lugar a mi organismo.
Aquella madrugada de Navidad, cuando supe que no podían vivir ya, miré hacia lo alto de la casa, los imaginé allí suspendidos y les dije:

-Navidad..Ahora ya es Navidad. Navidad. Nacimiento. Vosotros nacéis a una nueva vida y yo también, pues sin vosotros mi vida ya no será la misma. He de empezar de nuevo…Gracias una vez más por la labor que hicisteis conmigo..,.Iros en paz. Lo habéis hecho todo muy bien. Adios papá, Adios mamá…¡¡OS QUIERO!!

Si lloré su muerte alguna vez, no fue por ellos. Fue de egoísmo puro, porque su sombra ya no me cobijaba.

La de mi marido era una muerte anunciada. Era alcohólico y le quedaba muy poco hígado sano ya, un año antes de abandonarnos. Fue en realidad un suicidio más o menos inconsciente. Pero ante su cadáver sólo pude casi gritar una palabra: GRACIAS.
El ser humano que actualmente soy se hizo gracias al trabajo de “modelado” que hizo sobre mis nervios, mis errores, mi paciencia antes inexistente, y mi corazón. Le “debo” se dice, lo que hoy puedo hacer, lo que hoy puedo pensar. El fue un crisol para mi, donde yo me cocía y elaboraba una persona más consciente, menos drástica, más amorosa, menos cruel…Si tuve un maestro bueno, ese fue mi esposo. Cierto que yo podría haber escogido una realidad menos cruda, pero una es cabezorra y necesité muchos coscorrones para dejar penetrar la luz.

En cuanto a mi hijo…, he oído miles de veces que la muerte de un hijo es lo peor. Tal vez. No lo sentí yo así.
Como la de mi marido, la suya se anunció desde seis años antes. Y cuando ocurrió, fue un alivio que no sucediese de su mano. Fue bonita. Sí, lo fue. Cogí su mano, le hablé a su cuerpecito, pues a pesar de ser un gigante para mi era su cuerpecito, y sentí una unión con él acogedora, entrañable y bondadosa. No le he perdido. Yo sigo diciendo cuando me preguntan que tengo dos hijos. Algún día del otro lado le abrazaré. Eso, sus abrazos es lo que más hecho de menos, pero le sé bien y gracias a él comprendí, que aunque caminemos por un valle en que creemos que la muerte nos aguarda, la muerte no existe en el sentido de acabar, de finalizar nada. Todo sigue…Hay un renacer a otro modo de existir más real que este nuestro, pero ya no temo ni a ese renacer.

Mi abuela decía que nadie había venido del otro lado para contar cómo era. FALSO. Hay infinidad de testimonios, hay incluso libros: El Egipcio de los muertos y el tibetano de los muertos. Hay personas que viviendo junto a enfermos terminales han contado mucho y bueno. Están los sueños, algunos tan reales que ignorarlos parece tonto.
¡¡¡YA LO CREO QUE HAN CONTADO Y MUCHO SOBRE LA MUERTE!!!

Otra cosa es que inmersos en esta realidad que pretende haber hallado la eterna juventud por vía quirúrgica, o a través de medicamentos que te quitan 12 h. los dolores, nos creamos de verdad que no hablando de morir y ocultando en lo posible la muerte, nos hacemos un favor.

La vida es una preparación para la muerte. Los hindúes dicen que vivimos presos, atados como la mula a la noria y que soltarse de ese círculo debería ser nuestro objetivo vital. Vivir sin querer saber de la muerte no colabora a soltarse. Vivir como si cada minuto fuese el último, conscientes de que no quedan lazos, ni deudas, ni proyectos sin resolver, sería mucho más sano, de cara a dejar la aburrida circunferencia que tan bien conocemos y confundimos con ESTAR VIVOS.
Yo en todo caso, ya he tenido bastante valle de la sombra de la muerte. Ahora aspiro a ver más allá…

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