Conejo de pascua o delirio ante la cruz.

Nací en España. Y tuve la fortuna de hacerlo en una época, que empezaba a abandonar férreas costumbres relativas a prácticas religiosas que preferían vivir la tragedia del Gólgota, antes que celebrar la VIDA.

Conejo pascua

El infantil conejo de Pascua, resulta no serlo tanto. Yo creí que era una costumbre foránea y descubrí que en todas las regiones españolas hay alguna tradición, ya sea gastronómica relacionada con él o con el huevo. En Segovia tierra de mis ancestros por parte de madre, en Cuéllar, se celebraba, no sé si aun se hace, una costumbre simpática: Ir a rodar el huevo, justo por estas fechas. Y en Jaén, de donde procede mi familia paterna, se hacen por Pascua unas tortas con un huevo en el centro, sujeto por una aspa de masa. Y sé de otras costumbre y lugares que tienen costumbres parecidas.

El huevo es nuestro origen. Pero no sólo lo es de nuestro cuerpo, sino de la especie humana. Hace millones de años dos células independientes se unieron. Una acogió dentro de si a otra, creando una “yema y una clara” y gracias a esa unión, nuestra especie existe hoy.

La clave siempre es la unión.

Tras el Conejo de Pascua, símbolo de fertilidad, de vida que nunca se extingue, hay un personaje femenino, una especie de hada, o la misma Madre Naturaleza, siempre joven, siempre embarazada, que viene a recordarnos que la muerte es sólo apariencia, que lo vivo vive siempre tomando formas diversas, que son las que aparentan morir. Ella, esa madre que toma forma en la madre de cada uno, hace todo tipo de demostraciones. Sonidos animales que sólo nuestra insensibilidad y el ruidoso mundo de la ciudad puede ignorar, olores embriagadores, imágenes múltiples que gritan que todo resurge, el polen que promete la continuidad del mundo vegetal…
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La primavera entera nos dice que hemos vivido en la noche. Si. Vivimos en la noche, bajo una lámpara, y los problemas toman una magnitud tremenda, la angustia nos posee.

… ¿ Y si le hacemos caso a la primavera? ¡¡Subamos un instante al menos al monte a respirar, a verlo todo con otra perspectiva, a ser uno con el águila que señorea campos y bosques y descubre que lo oscuro es una sombra rodeada de luz!!

Hay siempre otra forma de ver, pero nosotros escogemos la cruz. Y la cruz es otro símbolo, uno por cierto que existía mucho antes de asociarse a Jesús, al martirio y a una muerte tremenda. La cruz aparece en culturas milenarias y sus sentido está más cerca del alegre conejito, que del delirio de dolor y angustia que hemos heredado.

La cruz hace que se crucen cuatro puntos, que de convertirse en línea y alargarse hasta ese centro donde se unen, suponen el mayor logro humano.

ARRIBA lo desconocido, lo intuido, el YO más sublime común a todos.

ABAJO, la tierra, la vida que conocemos, la naturaleza bella y cruel a un tiempo.

A un lado YO. Yo con lo que se de mi y me gusta. Con lo que de mi no me gusta y con lo que ignoro que es mucho más que lo que conozco.

Al otro lado LOS OTROS, esos que creo ajenos a mi y son imágenes mías, aspectos de mi personalidad que ellos llaman su personalidad.

Algunos seres humanos han hecho VIDA esa cruz y el gozo que unir esos cuatro puntos representa, es inenarrable, supino, total y eterno. Unir, unir siempre es la clave.Nada que ver con esa gente que mira pasar en procesión figuras dolientes. De los cuatro días que son fiesta, sólo uno se dedica al mensaje del final de la historia: LA MUERTE NO EXISTE; SOLO LA VIDA.

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Una amiga mía, Julia de nombre, dibujó así la primavera:

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Colores vivos, alegres, huevos… ¡Cómo no! Flores y casitas de ensueño…A menudo me pregunto por qué nos empeñamos en estar MUERTOS. Así nos llamaba Jesús. Muertos a la luz, la paz, la armonía…Muertos al disfrute de cada instante, muertos en fin porque a pesar de lo ruidosa que es la primavera, nos centramos en la oscuridad, y lloramos por la muerte, que se presenta en forma de sirios ahora, guerra después y conflicto siempre…

Llegamos a creer tanto en el dolor, que aparece y nos agarra. Vivimos en el miedo tanto, que lo más terrible se presenta y no nos damos cuenta de que lo hemos atraído, diseñado, buscado nosotros solitos…

FLOR SILVESTRE

Esta foto la hice yo. Nada del otro jueves. ¡Ya lo sé! ¿O sí? En un camino de tantos, con toda su fuerza estas flores silvestres me recordaron la diversidad en una misma planta. Y si de diversidad va la cosa…¿No somos nosotros el colmo de lo diverso? Como esta planta común es nuestro origen, la misma vida corre por nuestras venas. Y si la clave es UNIR…¿No es ya hora de revisar el rechazo a ese que camina por la calle cerca de mi, al que me produce el vecino que me molesta, al malestar que siento con el hermano/a intransigente, a la rabia que me dan todas esas pequeñeces que tal vez un día me divorcien de mi pareja?

Si una planta puede ser blanca y morada en sus flores…¿No puedo yo ver como subo a esa otra cruz, la que une los extremos?

¡No puedo yo tampoco, cantar ni quiero a ese Jesús del madero si no al que anda por la mar aun, por el océano de los sentimientos vivos, por el aire de Galilea, VIVO, vivo siempre pues resucitó!

Dudo de una resurección real. ¡¡PERO ME DA IGUAL SI LA HUBO O NO!! El mensaje es lo que importa. La vida no se extingue JAMAS. Vive en mil formas y en ellas se expresa. Las formas se desvanecen, pero la VIDA sigue y cada uno de nosotros somos VIDA por mas que vivamos como muertos.Osos

He escogido esta foto, la de una osa, una que hoy dicen en extinción. Ahí entre la nieve continua y el hielo, pare unas criaturitas indefensas…Tan tiernos como el conejo, esos dos cachorros crecerán de su alimento y recibirán aprendizaje y protección de ella. Un día serán osos enormes estos juguetes de hoy.

Para mi la Madre naturaleza hace lo propio con nosotros. Si tan sólo confiásemos un poco, la maravilla de sus enseñanzas en forma de señales y aparentes coincidencias nos dirían que es cierto, que la vida no muere, que nos protege y cuida, sin imponernos el modo de actuar.¡¡Tanta seguridad, tantos seguros de vida y otros…!!

Una vez más llama la primavera a nuestra casa. De nosotros depende oír su susurro y empezar a sorprendernos, a ser felices de verdad, o seguir al pie de cualquiera de los muchos Cristos a los que entregamos nuestro poder. Hay un poder divino en cada ser humano por descubrir y para que no lo olvidemos es otra vez PRIMAVERA.

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