Mi elección

La historia está plagada de personajes, yo los llamo “vestidos”, con nombres que impresionan: Cleopatra, Napoleón Bonaparte, Marylin Monroe, Sócrates, tantos y tantos de cuyas vidas creemos saber algo, seres humanos sobresalientes en esferas de lo más variopinto…, nombres que al oírlos evocan una emoción, un sentimiento quizá en nuestro interior y a los que se atribuyen cualidades, características que por una u otra causa impactan en quienes no conseguiremos ser conocidos.

La literatura de creación o biográfica intenta decirnos qué había en ellos diferente, razón por la cual dejaron el anonimato y muchos siglos después incluso, sabemos de ellos y  a veces son convertidos en leyenda…

Esa gente ha salido de la categoría de personas, ya sea triste o victoriosa su vida, para convertirse en Vida que para nosotros no se extingue. Todos son “vestidos de la Vida”, pues es ella quien se los pone y quita. Es ella quien se convierte en personas notables y la memoria colectiva guarda y conoce sus logros y humillaciones haciendo que su paso por la tierra los tome de patrones, de valiosas noticias sobre el hombre que es bueno seguir manteniendo vivas.

Sus peripecias a través del camino cotidiano les llevaron a entregarse de lleno a ser, a permitir que sus actos reales o imaginados, nos inviten a imitarlos. Imitarlos no como copia idénticas, sino a imitar lo que les hizo únicos y dejar a nuestra vez de esconder lo que somos: cada cual otro vestido más de la Vida.

Pasa que ningún “traje” vale menos o más que el resto. Es todo el armario completo de ropas distintas lo que hace valioso no ya al traje, sino a la Vida que osó vivir con él puesto a pesar de que un traje siempre condicione el movimiento y en apariencia coarte nuestra libertad.

De adolescente clamaba una y otra vez: ES MI VIDA…, Lo hacía porque mi propio vestido buscaba adherirse a mi experiencia real y hacerlo a la medida de lo que sentía que soy. Paradójicamente no tenía ni idea de qué o quien era, ni sabía qué hacía aquí. Si intuía que para lograr ser aquello que me arrastraba era vital que me reconociesen la libre elección en mis actos.

Pronto averigüé que podía intentar ser casi todo. Sí. Casi, todo menos libre. Ahí comenzó mi persecución interior de la libertad. Miré entonces al cielo de las estrellas humano. Leí a Sócrates, amé a Marco Antonio y César con Cleopatra. Dirigí batallas desde mi hogar con Bonaparte admirando su estrategia militar y me embelesó una muñeca de carne y hueso que atraía a tantos varones…

Ellos que en ocasiones dirigían a las masas, nunca fueron libres tampoco, a pesar de su encanto y su heroicidad. Así que mi inquieto “yo” siguió mirando al espacio exterior humano y buscando a ver si alguno consiguió ser libre, descubrí a Jesús…

La verdad científica de su existencia se ciñe a una breve notificación del tiempo del famoso mandatario romano Poncio Pilatos, en época del emperador Tiberio, que destaca lo levantisco de un pueblo que no permitió ser dominado. Tan sólo avasallado y humillado. Se cita según el historiador Flavio Josefo y de pasada, un sacrificio de cruz como tantos en Jerusalem algo más complicado que otros y ya. Cuanto hoy contamos de aquel galileo como si fuera dogma de fe, no es más que tradición oral. O lo que es lo mismo: un DICEN QUE … Y ya se sabe que quien cuenta añade o resta al relato de su propia cosecha según y cómo lo acontecido le llegue.

De modo que si hubiéramos de hablar de Jesús, me refiero a datos fidedignos como los que un historiador actual que se precie maneja, Jesús hijo de Jose hijo de David de Galilea…, bien podría ser una invención de quienes a través de su causa quisieron perseguir fines terrenales y dominar con un lazo tan fortísimo como lo es  (a pesar de ser invisible) la fe, a masas y masas de gente que nunca pudo oír qué o quién fue realmente.

No os imagináis qué decepción la mía cuando aquel “Jesusito de mi vida” al que yo dirigía desde niña mi amor, resultaba ser un fantasma casi. Para la comprobación histórica posterior a su probable existencia a lo largo de 40 años del inicio de nuestra era, lo es.

Sin embargo, si la fecha probable de su nacimiento marcó el computo del tiempo actual en la mayoría de países y pueblos que ahora habitan el planeta tierra, alguna cosa especial debía tener lo que de él iban contando y quienes no pierden comba, supieron utilizar su persona para dirigir las mentes de muchos durante dos mil años.

¿Qué en nombre del Cielo era lo que esa persona hizo, qué noticia trajo su vida, para que un aparejador experto en la madera, hijo de un constructor de viviendas humildes en un sitio tan chiquito en el mundo como Cafarnaum o Tiberíades se elevaran del anonimato y hoy muchísima gente hable aun de hechos y palabras que se le atribuyen?

No es posible demostrar la veracidad de sus andanzas, salvo si uno cree que quienes sí se molestaron en escribir sobre él lo hacían movidos por una fuerza superior a ellos, que quiso que un mensaje claro llegase siglos y siglos después aun, a los hombres y mujeres que vivirían en esta tierra.

Ahí uno puede o no dar crédito a lo escrito. Yo no tuve esa opción.

Cuando empecé a leer lo que tenía a mano sobre Jesús, el personaje se apoderó de mi y para mí vivió de nuevo. Su tono, que mis oídos jamás escucharon, su firmeza, su dulzura, su gozo se escapaba del libro sin que supiera cómo, surgía de las letras y sin sonidos tangibles, reales, yo escuchaba sin embargo su timbre de voz como si de verdad hubiera estado allí. Videos y videos jamás tomados por cámara alguna surgían en mi imaginación y progresivamente, se fue creando un cuerpo de ideas en mí que me señalaban como culpable.

¿Culpable de qué? Sencillo. Si hay una verdad y yo la acepto como cierta, mi vida ya no puede seguir dormida en el “dulce contentamiento” (¡Gracias Charo! Ella inventó la frase) de creer que bastaba con crecer, trabajar para comer y vivir más y buscar pareja y tener mi propia descendencia.

El mensaje me llegaba nítido, como el agua de un manantial que no condiciona el color de aquello sobre lo que fluye. Yo no podía seguir existiendo sin hacer vida sus palabras, pues en mi con una claridad meridiana, esas palabras movían a actuar en consecuencia.

Miré entonces mi corazón. ¿Tu te entregas de verdad? ¿Tu te expones haciendo que el amor deje de ser una romántica idea y haga felices a los demás? Miré después lo que decían de mi, que era también lo que de mí conocía yo y una frase miles de veces escuchada  fue lo que me puso muy triste: “No te portas bien”.

Desde esa difícil adolescencia hasta hoy he sido muy acogida y querida hasta tener presencia de ánimo para cuestionar el mundo entero y sus bases.

Supe que “Bien” es eso que dicen de tus logros cuando obedeces a sus deseos, que ni siquiera son suyos, pues pertenecen a tradiciones y modas, que según culturas o zonas del mundo o tiempos varían, tanto, que se pude llegar hasta llegar a pedir de uno cosas totalmente opuestas.

Y eso me dio la idea de que si había de fiarme de algo debía ser de mi propio criterio, lo cual significa seguir mis corazonadas. He tenido un maestro también, alguien cuya mente lúcida y fuego interno le obligó a salir de su casa y publicar lo que él a su vez sentía. Y escuchándole supe igualmente que no podía haber error en quien une, en quien respeta, en quien te deja elegir si te place o no escucharle. Su nombre era además en sí una señal de camino encontrado y acorde con la melodía de mi alma: FELIX, es decir, feliz, y Gracia, es decir acción vivificante y eterna de Dios.

Fué su trabajo de investigación dentro y fuera de sí, lo que le permitió entenderlas para explicar aquellas palabras que a mi me entristecían y a él le ponían fuego en las piernas.

Entonces descubrí que quienes habían tomado a Jesús por bandera habían tergiversado su mensaje. Era tan simple como saber hebreo o conocer a un  traductor para escuchar lo mismo, aunque  con un aire tan nuevo, que ni por el forro se parecía a lo que yo leía.

Hay mucho que reeescribir sobre el mensaje que yo escuché de boca de Jesús en mi mente. Yo no hablo arameo y Él sólo, o casi solo hablaba en esa lengua. Pero hay dos notas especialmente transcendentales para no sentir tristeza.

UNA: SERPIENTE.

DOS: ARREPENTIMIENTO.

Sólo con revisar esas dos palabritas cambió mi vida y de estar triste me volví feliz y de plantearme lo “bueno y lo malo, pasar a ver todo BUENO, sin más.

La Serpiente del arameo tiene otros significados…Uno es IMPULSO IRREFRENABLE y si hacerse material, nacer en la tierra fue y es un impulso IRREFRENABLE, resulta que no puede haber error. Estaba así diseñada la Vida, con ese impulso tan intenso que no se puede negar, ni desobedecer. La Serpiente del paraíso pasa a ser una herramienta del plan, no una desviación.

Y “Arrepentirse” es una traducción pésima de la palabra que Jesús usó.

Jesús no instó jamas al arrepentimiento. Su palabra en arameo es TESUVAH, que vendría a ser esto:

“Si buscas la salida, ir en dirección contraria no te llevará a ella. Gira y desengánchate de la idea que te llevó en dirección opuesta a lo que tu alma aspira”.¿Dónde está ahí la condena, la falta que necesita reparación???????

Jesús sabía como hallar la felicidad y la paz. Y señalaba un recorrido hecho de: “dar al otro lo que te gustaría que fuese para tí o que a ti te dieran”. Ahora bien si nos empeñamos en hacer otra cosa distinta, Él no juzga y no condena. Advierte que en la dirección contraria no te sentirás bien y no serás apto para El reino de los Cielos.

Y ojito con esa palabra:

NO SER APTO sólo significa que ahora, aun llevas demasiado peso, porque al Cielo terrenal o divino, se entra sin maletas. ¿Quieres o no el Cielo? ¿Estás dispuesto o no a soltar tus maletas? El apto sólo lleva su afán por acoger todo lo vivido y todo lo que es él/ella y los demás y ver que cada cosa cumple o es una buena forma para encontrar luz.

AGOTA LLEVAR MALETAS y AGOTADOS VEMOS DIFUSA LA LUZ QUE SIEMPRE ESTUVO Y ESTÁ.

El apto no lleva carnet de identidad. Ya no la tiene. Es y se siente lo mismo con todos pues en todos se reconoce.Ni posee nada, ni pide nada, porque tenga o no cosas, lo tiene TODO. Valora cada aspecto de la vida y se entrega a ello totalmente. Por eso puede abrirse a nuevas, realmente nuevas experiencias. Estar en la tierra es repetir un juego que hemos vivido tantas veces…Sólo cambia el personaje que representa uno …Por lo demás vivirás el bien y el mal. Y reconocerás el dolor, sentirás abandono y lucharás por un mundo diferente, en este mundo que se autocopia constantemente con pequeñas variaciones.

¿Y es condenable seguir en la tierra? Jesús no lo condena. Pero tu sí te volverás a sentir inadecuado, inmerecedor de la felicidad plena y culpable de vaya usted a saber que error imposible.

Tesuvah es pues como decirte: SE LISTO. Es ir a dónde tu alma te pide ir sin sufrir ya más el desconsuelo de la incomprensión de las situaciones o de tus interiores. Jesús no despreció a los que caminaban en sentido contrario al Cielo. Jamás. Él nunca condenó nada pues para Él todo era Dios.

Asi pues, valora si quieres ser fulano o quieres ser amor y paz. Y cuando elijas, llegarás a donde quieres si empeñas en ello tu confianza y voluntad férreas.Llegarás o continuarás otra vez en el mundo, o al Cielo, esa nueva tierra que ya existe, donde muchos vivimos ya y llamamos mundo nuevo.

Depende de lo que tu elijas, de dónde sitúes tu voluntad y confianza…Aunque NADA, NI NADIE condenará tu alma por elegir seguir sufriendo.

Yo, ya he elegido y te confirmo que el mundo nuevo está también aquí y es real.

 

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