¡No, no renuncio más a Satanás!

Tenía 6 años y siete meses cuando hacía eso que llaman la Primera Comunión. “¡Si esperamos otro año, va a parecer una novia!”. Era alta y crecía por momentos…Debido a ello era la más joven de mi grupo de comunión.

Me prepararon para tan magno acontecimientos varios meses. Contaron todas las historias para no dormir sobre el demonio y el infierno, sobre gente mala, y aparte de contar lo malos que eran, nunca explicaron en qué consistía su maldad…A esa edad “ser malo” era solo desobedecer. O sea abandonar la curiosidad, el movimiento, dejar de preguntar inoportunamente… ¡ En fin, guardar el niño que uno es donde no moleste a los adultos!

Imaginar qué clase de perversidades podía haber cometido aquella mala gente daba alas a una imaginación fértil como lo era la mía, que intentaba conocerlo todo. Debía ser algo tremendo lo que habían hecho. ¿Pero qué? No lo dijeron. Lo que consiguieron fue despertar en mí el miedo, dar lugar a pesadillas cuyo tema principal era el diablo y pasar noches desvelada, tras despertar sudorosa y aterrorizada llamando a mi madre, que con su presencia calmaba mis terrores.

Llegó el día. Me puse mi vestido de princesa, e intenté no convertir el acto en pura apariencia, pues iba a recibir a Jesús. Y a pesar de todo el boato, lo importante del acto era Él.

Allí sentadita en un banco cubierto de blanco con otras nueve niñas, azucena en mano, enguantadas para la ocasión, teníamos que hacer un acto de RENUNCIA expreso. El diablo y Jesús no iban juntos y sólo al decirle “no” a él, quedábamos en disposición de la pureza necesaria para que todo un Dios se dignara a entrar en nuestra alma.

Me puse en pié. Camine hasta el micrófono:

” Renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus obras y prometo seguir siempre a Jesucristo”.

Ni sabía qué era “renunciar”, ni que eran “pompas”, a parte de las de jabón, ni sabía que era eso de “seguir” a Jesús. No importaba que entendieses o no lo que obligaban a decir. La ceremonia no es para  infantes. Es a fin de cuentas el único acto de iniciación actual de nuestra sociedad, para entra a formar parte sin saberlo del sistema social. ¡Nada que ver con otras formas de iniciación, auténticas pruebas para los neófitos de otras culturas!

Lo nuestro te presta un barniz y desde que lo realizas coloca sobre tus tiernas espaldas un peso: el de una responsabilidad que te viene grande, mucho, y que sin mediar muchas explicaciones, se espera de ti. ¡¡Barniz, solo eso!!

Entonces desconocía que sin la acción DIABOLICA la vida material es imposible. “Diabólico” significa acción de dividir y seleccionar. No es un personaje mítico, salvo que uno le dé cuerpo y crea que existe.

Ignoraba que cada cosa es producto de un análisis para elige su diseño final, las cualidades que mostrará. Elegir es de hecho separar o dividir seleccionando. Nada puede ser materialmente todo. Si te decides por una forma, las otras quedan insertas pero latentes, ocultas en cada elemento.

Un ejemplo: Pinto un círculo. Si pinto uno, en verdad quedan en mi cabeza todas las otras formas no elegidas. Si decido ser alto, no podré ser también bajito. Si escojo para mí ser generosa, el egoísmo desaparece en mi conducta. Así es todo lo que hay,  lo material.

Desde esta perspectiva, renunciar a Satanás es renunciar a materializar nada. Cuando un inventor crea un dispositivo nuevo descarta infinidad de facetas. ¡Eso es ser diabólico! Satán es una ACCIÓN, no un ser, renunciar a él es tanto como aceptar que ya nada saldrá de mi nuevo, pues para crear algo inevitablemente dirás Sí a algunas posibilidades y No a muchísimas más.

Sin saberlo acepté ser oveja, seguir lo establecido, no crear nada que surgiera de mi. Jesús suscribiría tal afirmación. No dijo a los apóstoles: Dejad que los niños se acerquen a mi SI RENUNCIAN A SATANÁS…Dijo sin más “a los niños”.

Hay una perversión muy sutil, significativa, en lo que me obligaban a decir.

Lucifer era el más maravilloso de los ángeles, amado por Dios sobre todos los demás, dicen. Acepto la leyenda, aun si habla de un Dios absurdo. No puede “preferir” por definición…No obstante, Dios no dejaría de amar lo que ama tanto. Es imposible. Jamás echaría de sí lo amado o no sería AMOR. Más tarde supe que Dios no deja fuera de sí nada, cuanto más si lo ama…

Renunciar a Satanás, es en verdad renunciar a SER. Ser es un acto continuo de cambio, crecimiento sin fin. Conlleva elegir, seleccionar, discernir, juzgar…, actos todos ellos que implican “separar” de entre la maraña de situaciones, experiencias, sensaciones, emociones y pensamientos aquellas que van contigo. Ser tu mismo no es otra cosa que “diabolizarlo” todo y elegir tus decisiones cuando ya sabes que te es afín.

Cada persona tiene unas características cuyo conjunto le hacen único. Nos parecemos en mucho. Somos la misma especie, pero nadie ve lo mismo, actúa igual o siente lo mismo ante los mismos retos que los demás. SER es pues obedecer no a las reglas, sino a los dictados internos propios.

Desde muy niños frenan lo original en nosotros. Nos comparan, nos invitan a competir, niegan lo que somos al no aceptarnos TAL CUAL nos manifestamos. Y de hecho, pasemos o no por la misma ceremonia que yo pasé, nos obligan a renunciar a crear, a Satanás.

En el primer mundo crecemos desconociendo la vida, metidos en una urna de cristal opaco, para no percibir la muerte, el dolor, la carencia, la miseria…Los padres creen salvar la inocencia así. En verdad incitan a descubrirse, a conocer a ese Dios que son…, un niño divino que les parecerá imposible ser aun cuando crezcan, pero al que todo en nosotros llama gritando, pues esa es nuestra auténtica naturaleza:

Una  naturaleza que bendice todo, aceptando la conveniencia aun del erróneamente llamado “mal”. Una, que diaboliza constantemente por encima de normas. Una naturaleza que nos hace dichosos expresar siempre…

Al prohibir, al mermar nuestra actividad, al negarse a aceptarnos…En el fondo, tanta represión es un acicate, un pincho cruel casi, para que hartos de ser como no somos nos atrevamos a ser LO QUE SOMOS.

Tenemos miedo de SER. Nos han hecho creer que si “soy” haré daño. A cambio creamos una identidad falsa, que por no ser  real crea malentendidos, perjuicios leves y graves, mentiras y frustraciones.

SER es la mejor y más cómoda manera de vivir. Habrá quien no me aguante, quien no se me acerque…¡Conocerme es fácil!  No están obligados a preferirme por compañera.  Pero sabrán a qué atenerse conmigo.

Mi coche tiene un fallo grave. La caja de cambios funciona mal. Meter una marcha cuesta. La primera vez que ocurrió casi me da un infarto. Ahora, cuando ocurre, no siempre, sé cómo actuar. Me sereno, pruebo varios movimientos, o dejo de acelerar… Ya no me preocupo, ni me pongo nerviosa. ¿Por qué? CONOZCO MI COCHE. Si otro lo conduce, no le gustará…

La personalidad es mi vehículo para estar en el mundo. Conocerla es una inmensa ventaja. Dejarla ser es fantástico. Una vez conocida puedo utilizarla sin sospresas. Es como ir en zapatillas por la vida sin pretender ser otra cosa que lo que siento que soy. A veces me seduce lucir unos tacones maravillosos… ¡Me los pongo y ya! Lo que no hago es evitar crearme a cada instante, o ir en tacones porque la sociedad lo mande.

¿Las reglas? Las respeto y las cumplo. Vivo aquí. Este mundo es un proyecto que existe y está por acabar. Nada se puede comprender si está inacabado. Así que “doy al César lo que es del César”, aunque no finjo ser otra para darle lo suyo.

Sorprendentemente, presentándome tal cual, nunca hago daño realmente. Si hay ofensa se disuelve en cuanto me acerco al ofendido y me explico. Les estoy invitando a ser como son… ¡Que podemos ser compatibles! Basta conocer esa palanca de cambios que no marcha siempre. Ambos sabemos cómo funciona. ¡Ha desaparecido el miedo y el malestar de convivir! ¡¡Sabemos a qué atenernos!!

Esto ocurre cuando uno deja de copiar, fingir, mentir…, cuando deja de renunciar a Satanás y te atreves a creer en ti, y a crear desde ti mismo. La máscara cae. A partir de aquí compartiremos o no tiempo y experiencias. Pero sin engaños. Nos conocemos.

Y quizás sentiré que eso que de ti tanto me molestaba es tan mío, como lo que cultivo y llamo mío. Tu afán de orden, tu manía de tocarme para participarme tus impresiones (que ni  cuenta te das), tus llamadas a deshora, tu impertinencia al hablar…Todo cuanto no soportaba, ahora lo entiendo, lo hago mío, y ya no es barrera entre nosotros. Si resurge no tendré miedo que me dejes de querer. Y podemos reír incluso, ante esas manías que de mi tanto te repelían…

Como ya no renuncio a crear, Satanás es sólo un acto de selección. Ahora soy AUTÉNTICA. No necesito parecerme a esa imagen que llevé años diciendo que era “yo”. Y así, desnuda ante ti, que estás de la misma forma, no tengo que protegerme de nada.

Ha costado tiempo y dolor atreverme a ser lo que siento. Os lo cuento por si optáis por      ” ser ” en vez de “no ser”. Shakespeare tenía razón. ESA ES LA CUESTIÓN.

Y desde luego revoco aquella afirmación dicha cuando me pillaron desprevenida. Amo a Satanás que me permite crear de nuevo y manifestarme sin dañar más.

¡¡¡No voy a renunciar a lo mejor de mí, ahora que sé qué es SATANÁS!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s