Apropósito de lo que me dijo mi amiga YOLY…

 

“Sólo BENDECIR EL MAL lo libera de repetirse. Sólo comprender que la moneda es completa con sus dos caras hace circular el valor de las cosas y produce el único bien que todos buscamos: LA PAZ.” decía en el blog dedicado a Trumpt. Yoly comentó que le parece complicado llegar a ese estado en que aceptas tus dos mitades y eres uno solo…

No son dos mitades, porque la moneda es una sola cosa sin partes, sin mitades…Habrá dos formas de mirarla, incluso tres si pones de canto la moneda, pero la moneda es una.

Veamos…

Llegamos al mundo como niños, es decir sin poder, aunque un niño sea la potencia misma, la posibilidad de ser todo…Y aprendemos a esconder parte de esa potencia, porque el mundo no compra todo, sólo parte de lo que somos. Y lo que es más dañino…ESO QUE ESCONDEMOS lo juzgamos malo, pues nadie parece quererlo, mucho menos nuestros papás.

Y ahí se genera lo más interesante, no por ello fácil, de nuestras vidas. Es como si hiciésemos una serie de nudos creando partes en una cuerda, con una finalidad: aprender a soltarlos para volver a ver la cuerda limpia de nudos alguna vez. Sin esta acción, no hay consciencia de nada.

Escondernos parcialmente oculta lo mejor de nosotros mismos: ESA POTENCIA SIN FRENO, eso, que nos permite sentir la libertad de ser sin cortapisas, ni censuras…ESO, que proporciona una paz inaudita. ESO, acabaría con la venta que venimos haciendo de nosotros mismos pidiendo ser aceptados y queridos, mientras hacíamos publicidad de esa parcela propia que los otros mostraron que era lo que esperan de nosotros. SOMOS POTENCIA INFINITA, de modo que podemos también ser eso que quieren que seamos…SOLO QUE…

Si uno saca de la bolsa de su personalidad lo que te piden, seguramente dejará de sacar lo que es, con la consiguiente frustración continua y la sensación de querer algo más, algo que de una vez por todas te haga sentir bien sin creer que pisas al otro.

Jesús hizo algo único: DAR VIDA A LOS MUERTOS. Muertos estaban para él los que aceptaban un mundo centrado en códigos que tienden al miedo y a la desconfianza. A ese mundo le ofrecía un yugo leve…, animaba a los tristes, los afligidos, los cansados, los cautivos a ir a ÉL. Y no hemos comprendido hasta qué punto lo que ofrecía sigue a nuestro alcance.

Muy al contrario, hemos optado por una visión de la moneda parcial, ni sentida, ni percibida como una totalidad. Hemos dado por justa una percepción de la vida cerrada al señalar cosas buenas, conductas, actos y actitudes buenos por un lado y cosas, conductas, actos y actitudes malas por otro. Así era cuando nacimos y corremos el riesgo de dejarlo tal cual al morir. Eso hicieron generaciones y generaciones de seres humanos milenio tras milenio.

Bueno es lo aprendido en casa: Todo lo que nos ha dado el apoyo condicionado de familia, amigos, compañeros y vecinos. A ESO lo llamamos bueno, porque nos prestaba una sensación de pertenencia y valoración positiva. Nada mejor que sentirse aceptado y querido. Sin embargo hemos pagado un precio altísimo al “VENDERNOS” tan barato.

Si eres independiente, original, si no sigues la estela de la mayoría, te conviertes en EGOÍSTA.

Una ley no escrita dice que tienes que evitar hacer daño, a toda costa, aun si te dejas la piel y llega el día que tu cuerpo enferma harto de ver como relegas tu “yo” al último rincón de tu experiencia vital. La enfermedad alerta y proclama que me olvidé de mí. No puedo dar lo que aun no ha desarrollado. Has de plantar semillas, hacerlas crecer, para que esa potencia infinita tome cuerpo en la realidad que uno vive. Se nos pide dar y tragamos con dar, cuando aun no tenemos ni idea de qué somos y que tenemos para dar.

De pronto YA ERES MAYOR…y se espera de ti que des paciencia, comprensión, constancia, dulzura, etc., cuando ni has tomado conciencia de qué eres, qué quieres y qué puedes hacer.

Desde ahí, siempre bueno o malo será lo conocido como bueno o malo. ¡¡ MUCHO OJO!! Si te atreves a hacer algo distinto: SERÁS UN EGOISTA.

En psicología hay dos significados distintos:

EGOCÉNTRICO y EGOÍSTA.

Ser egocéntrico forma parte del inicia de la vida. Tomas conciencia de tu cuerpo, con sus sentidos, con su dotación de características personales y es inevitable y natural ver todo desde una visión primaria propia, excluyendo otros puntos de vista. A un niño de 5 o seis años cuesta hacerle ver que los otros también cuentan. Sólo se percibe a sí mismo y piensa desde lo que quiere él. Nada extraño, ni aberrante. Acaba de aterrizar en la existencia y sólo puede sentirse a sí mismo.

Para ser egoísta han de percibirse “otros” y haber recibido ya un código que prefiere conductas consideradas mejores que otras. Sin código de referencia no se puede hablar de egoístas. Egoístas son quienes voluntariamente, conocido un código común, optan por sus intereses en contra de los del grupo. Saben, que eligiendo una conducta sobre otras conductas podrían causan perjuicio a terceros y prefieren lo suyo sobre lo ajeno.

Pero nada hay ajeno. Y no existe un código justo.

Un niño concibe todo como suyo, mientras un egoísta ha dejado la infancia atrás, ya conoce el código y no obstante tira hacia su campo, el cual difícilmente quiere delimitar. El problema es que no participamos en la creación del código, sino que ya existía. Se creó para un tiempo y unas necesidades concretas, pero aunque las necesidades varíen, no se revisa. Sirvió una vez y por más que sea caduco pervive en las mentes de los mayores que quieren perpetuarlo. Creo incluso, que hay una especie de venganza del adulto que sufrió la presión de aquel código y quiere que los nacidos después sufran al menos tanto como él. ” Cuando seas padre comerás carne” es un dicho. Se usa para que el menor aguante y espere como el mayor hubo de hacer antaño.

Cada generación trae un fuerza nueva y cada generación sufre el acoso y derribo de quienes le anteceden. Así ha sido durante tanto tiempo, que hemos olvidado la posibilidad de hacer real la promesa que traemos.

El egocentrismo no se acaba, se agota. En algún momento percibes al otro, entiendes que sus necesidades pueden incluso favorecerte y que es positivo tenerlo en cuenta. Pero no es un  paso espontáneo. No es como aprender a andar, hablar, o que te salgan los dientes. Lo emocional, lo psicológico requiere de estímulo y un escenario óptimo para su desarrollo. Lo ideal sería que los padres lo ofrecieran, pero ellos están tocados como nosotros.

Al crecer adoptamos el código reinante y esa información convierte lo egocéntrico en egoísta. Al tener uso de razón inevitablemente captamos las reglas. El egoísta no puede renunciar a lo suyo, ya que nadie permitió que se desarrollara dando paso al “TU TAMBIÉN ERES IMPORTANTE Y ME INTERESAS”.

Esto sería un problema irresoluble, si no hubiese ADOLESCENCIA. La adolescencia permite revisar todos los códigos y normas impuestos, hacer una selección, crear códigos propios y probarlos. OCURRE QUE MUY POCAS PERSONAS ALCANZAN LA ADOLESCENCIA. Todos pasamos la pubertad, es decir cuantos cambios físicos conlleva crecer. Pero el proceso mental, emocional, social y personal, que significa la adolescencia a penas se da en la sociedad. Pasamos de niños a púberes y de ahí a adultos.

Para cuando tenemos entre 20 y 30 años estamos pillados por reglamentos que atañen a todo en la vida y si osáramos sacar los pies de ese plato, creeríamos estar fuera, no pertenecer al grupo y eso nos impide reaccionar.

Todo el mundo enferma. El cuerpo es la única señal que indica que hay una tarea pendiente. La mayoría acepta que a ciertas edades la salud se resquebraje. No sabemos que el cuerpo clama por que observemos y crezcamos para poder SER lo que somos y no actuar según los códigos aprendidos.

Pocos son conscientes de que nunca cuestionamos los principios, los valores heredados, incluso presumimos de que son propios. Nadie, o casi nadie, crea principios nuevos. Suelen darse dos posturas. Repetir el modelo de fábrica, es decir pienso como papá y mamá. O si cabe más peligroso, declararse en rebelión. Te autoconvences de ser diferente porque mantiene lo opuesto a la familia. Oponerse es una forma de revitalizar y dar fuerza a aquello a lo que nos oponemos. Exige un gasto de energía atroz, sin modificar el código, ni mejorarlo, ni quitarle  poder…Lo bueno y lo malo siguen existiendo tal como estaban al nacer…La perspectiva sobre la moneda no ha variado ni un ápice.

El estado actual de las cosas obedece a que el mundo lo dirigen niños, egoístas que nunca crecieron por dentro y responden tal y como lo harían mis alumnos/as. Con una diferencia crucial:  MIS PEQUES NO TIENEN INFORMACIÓN y sí tienen pueden restablecer de inmediato la confianza perdida un instante.

En cada adulto, cada niño grande egoísta, hay conflictos nudos, para salir de un egocentrismo nunca resuelto y vive aun el niño/a que quiere crecer también por dentro y espera una oportunidad para SER.

La moneda es una unidad por muchos nudos que hayamos hecho en la cuerda de nuestra vida y creamos que una cara es mala y la otra buena. Creerlo así es no haber llegado a la adolescencia. Si las circunstancias de nuestra infancia impidieron que desarrollásemos nuestro ser, SIEMPRE ESTAMOS A TIEMPO de hacer lo que antes no nos dejaron hacer.

Mamá y papá no tiene ya poder sobre mí. Ahora puedo revisar aquellos códigos de conducta impuestos, heredados. Puedo revisar la vida entera y seleccionar de lo antiguo si algo vale aun y pensar formas nuevas acordes a mi personalidad, mis fuerzas, mi verdadero SER.

Es vital recuperar el egocentrismo sin tener en cuenta lo que dirán, atreviéndome a comprobar si mis familiares y amigos me apoyan de verdad o no, aun si me cuesta el aislamiento. TENGO QUE SER YO. Podré hacer ciertas concesiones, algunas, pero fundamentalmente he de revisar eso que llamo DEFECTOS.

¿Hay algo defectuoso en mí?  Imposible. Los defectos son cualidades que no aceptaron en casa. He crecido creyendo que era perezosa y a lo mejor sólo soy lenta. He crecido creyendo que era una bocazas y a lo mejor sólo soy sincera. He crecido creyendo que soy impulsiva y a lo mejor sólo vivo el momento presente…

Vive en mí un juez implacable que se autoexige una conducta “perfecta” y se desespera porque el modelo de comparación se refiere a un código absurdo e injusto casi siempre y no hay quien lo cumpla… Aunque eso sí, cuando yo me exijo tanto, tened por seguro que al otro no le paso ni una.

El otro, mi pareja, mis amigos, mis vecinos, mis compañeros, proceden de códigos que en lo general se parecen, no así en lo particular. Y se me hace insufrible ceder, tragar su presencia, porque ellos se permiten conductas que mi código prohíbe. Ellos  se sienten incompletos. Como yo, no se atreven a SER y como yo, son esclavos de la apreciación y el cariño.

Hay una ley inscrita en lo profundo de nuestra naturaleza: HAZ, DA AL OTRO LO QUE QUIERAS PARA TI. Nunca falla. Pocos la practican.

¿¿¿QUÉ QUIERO YO PARA MI???

¿Que no me critiquen? ¿Que me den oportunidades? ¿Que acepten lo que quiero ser? ¿Quiero confianza, que no me cuestionen sin conocer todo lo que he pasado? Pues……, si quiero eso, u otras cosas para mí, lo sentiré en mí si lo concedo al otro.

Y hay algo más. En toda situación hay algo salvable, algo positivo… Puedo ver mucha mugre, pero ahí entre tanta miseria puedo percibir una flor, una perla, un diamante incluso. Puedo optar por ver sólo la mugre y la miseria, o enfocar esa perla diminuta quizá, que también está y dejar de ocuparme de lo demás. Si nos empeñamos en ver bien, bondad y belleza, cada vez veremos menos mugre y más limpieza. Un día lo feo ya no molesta, se comprende y se deja estar. Un día recoges de la calle una lata de cerveza y buscas una papelera y la tiras, porque la calle es también tuya. Un día sonríes mucho, ríes fácil y te sientes bien.¡¡ Muy bien!!

El juez interno es magnánimo y eres tolerante con los demás, das fácilmente tu brazo a torcer, debates, pero no pierdes la serenidad. Propones, pero no te ofende si no siguen tu consejo. Cada día te importa menos lo que opinen de ti y más opinar bien de todos, tratar de ver el diamante tras la crítica que oyes…Te has propuesto ver la “cara” de la moneda, sabiendo que la cruz es la fuerza necesaria que la mantiene, pero no necesariamente lo que ha de hacerse real.

Hoy mismo puedes ser tu propio padre y madre y criar a ese niño/a egocéntrico para que viva su adolescencia. Atrévete a ser como eres y busca donde estés lo bueno.

ASÍ SE ESTABLECE EL PARAÍSO EN LA TIERRA.

¿Y el mal? El mal es como una cadena de televisión. Hay muchísimas cadenas y si ves una las otras no te llegan. Podemos ver la cadena del QUÉ BUENO ES VIVIR y la VIDA cambia porque tu la piensas buena. DAS BIEN y creas una realidad donde vives el bienestar y esa sed de PAZ que tu corazón anhela, se instala en ti. Bendecir el mal será comprender que no conoces todo y aceptas lo que hay, pues eres la generosidad. Pusiste amor donde no lo había y obtienes amor. Aprendiste a dar lo que quieres para ti, y eso es lo que te llega.

Yoly, esto no sucede de un día para otro, pero te releva del yugo de la complacencia, de la búsqueda de la aprobación constante y  como no necesitas esperar nada, tampoco te defrauda nadie. Sé quien eres, deja al otro que sea quien es y acéptalo, pues al aceptarlo es a ti a quien verdaderamente aceptas.

 

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