HOMBRES-derechos-MUJERES

Por las circunstancias de mi vida una buena parte de mis veranos tenía que ser la única niña entre seis del sexo “débil”. A mi me tocaban las pocas tareas que no realizaban las madres de las dos familias, como bajar a por el pan.

Un día, diez no te molesta…Pero de pronto te preguntas porque los otros dos chicos de tu edad nunca son los encargados de hacer esta, como otras tareas que antes incluso servían para tipificar una ocupación en el carnet de identidad español: S.L., o lo que significaba SUS LABORES. Amplio epígrafe para indicar tanto, que hasta hay chistes sobre ello.

Dos hombres en un bar. Uno le dice al otro:

-¿Cómo tenéis repartidas en tu casa las tareas?

-Bueno, yo- responde el interpelado- me encargo de lo importante y mi mujer del resto. El otro no se conforma con la respuesta y sigue:

-¿Y qué es lo importante para ti?

– Pues …¡Hombre! ¿Qué va a ser? Yo me encargo de la política y el fútbol…Y mi mujer administra la casa, se ocupa de la educación de los críos, la salud, la alimentación…, y esas cosas.

En mis estudios universitarios me obligaron a tragarme uno de esos libros que parecen un rollo, pero que de pronto te pican la curiosidad y te los tragas como si agua fueran. Se titulaba “Sobre la esencia de los sexos”. Después de leerlo empecé a cambiar mi idea sobre la famosa igualdad, por la que además yo había luchado en mi hogar y contra mi madre.

Hoy sé más cosas y a la vista de lo que sé, puedo decirme que hombres y mujeres somos complementarios, pero…¿¿¿ I G U A L E S ???

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¡VA A SER QUE NO!

No es cuestión de machos o hembras, es cuestión de naturaleza pura y dura, de constitución, de maduración, de intereses…¡De tantas cosas…! Tantas, que pretender ser iguales es absurdo. Otra cosa es que todos, ellos y nosotras ante igual ocupación debamos tener igual trato.

De hecho ambos sexos se atraen por que son diferentes…Lo igual acompaña bien, pero no provoca mariposas en el estómago, ni pasión. Incluso en las parejas homosexuales se dice que uno actúa como si fuera varón y otro como si fuera hembra…¡No sé si todos los homosexuales lo suscribirán! Realmente siguen siendo hombres y mujeres, a despecho de su opción sexual, en la mayoría de los terrenos.

Pero quería en esta ocasión tratar algo espinoso, me refiero a ese derecho que muchas mujeres esgrimen a hacer cualquier cosa y esperar que “ellos” reaccionen como si su sexualidad y si me apuráis su brutalidad, debiera estar como poco oculta y no manifestarse.

¿Puedo yo ir, porque me gusta con minifalda y enseñar pecho, y querer que todos me respeten?

En una sociedad madura ESO debería ser así. ¡Qué duda cabe! Aunque pretenderlo del mundo que pisamos esta rayando en la estupidez.

Me explico.

Un hombre tiene una dósis de testosterona brutal. Entre otras cosas, esta hormona les predispone a ver AGUJEROS, no seres humanos del otro género. Y no hay error en ello. La naturaleza quiere perpetuarse. Coloca en el hombre un impulso que sólo la educación modifica, POR FUERA, que por dentro sin que en la mayoría de los casos lo cuestionen o lo sepan, les lleva a perseguir hembras.

Está así dictado por toda la carga genética que un hombre posee al nacer y todo en él apunta en esa dirección, pues la Vida necesita hijos, nuevos seres que perpetúen las especies y hace que las cosas sean así para lograrlo. A ella, no le preocupan los individuos y le vale tanto el hijo nacido del más puro amor, como el que nace producto de una violación.

Por ello los hace relativamente simples. Las cargas hormonales que regulan el comportamiento de un varón le predisponen a fecundar, a inseminar tanto como se le permita. Sólo la edad, que se acompaña también en ellos del pensamiento, afecta esa capacidad innata y ese deseo superior a sus fuerzas a menudo, de querer penetrar y expandir sus genes en su progenie.

Los hombres son competitivos en general. Como en tantas otras clases de mamíferos y en otras especies, los machos desde su infancia pelean para ver quien destaca, para ver quien será el jefe…Y en ello hay un componente básico:

Las hembras sólo escogen a los mejores y por “mejores” hay que entender los que tienen más salud y las cualidades que denotan su belleza, que en las aves sería el plumaje por ejemplo, y entre nosotros los humanos, el ser capaces de mantener a los hijos surgidos de una relación y es evidente que un hombre poderoso da a priori mejores garantías. Todas estas consideraciones son de carácter físico puramente. Representan un análisis de lo más elemental y general.

Nosotras, tenemos nada menos que cuatro clases distintas de hormonas para controlar nuestro apetito sexual. El cóctel está además orquestado minuciosamente y unas actúan primero y luego dejan de hacerlo para dar paso a las otras a lo largo del tiempo comprendido entre cuatro semanas. Unas, hacer crecer en nuestros cuerpos y mentes el deseo sexual, habilitan entre tanto el óvulo exquisitamente y después le dicen a nuestro cerebro: “Ahora prepárate a ser madre”, o “no hay bebé”. Otras nos predisponen o a deshacernos de un óvulo no fecundado, o a desarrollar la próxima maternidad.

Ellos, desarrollan sobre todo su hemisferio izquierdo del cerebro. Nosotras también desarrollamos el derecho, donde reside la creatividad sin la que ser madre es muy difícil, o la ternura…

No es sólo que sean más fuertes. Que lo son, sino que su función natural no se parece en nada a la nuestra. Nosotras somos el nido de donde el huevo crecerá y buscaremos machos que nos parezcan buenos progenitores, y por “buenos” se entiende a nivel biológico, que nos ayuden un tiempo para que ese bebé que tanto le cuesta a nuestro cuerpo, sea viable.

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Sé que en la realidad luego elegimos demasiado a menudo parejas que no son capaces de estar ahí ayudándonos…Pero esto obedece a otras causas. Lo que describo más arriba es biología pura y dura. ES LA VIDA PROYECTADA ASÍ, QUE SE EXPRESA TAL Y COMO NECESITA para que los individuos mantengan vivas las especies.

Esas otras causas que mencionaba, tienen que ver con la vida de cada alma y lo que viene a buscar y a desarrollar en el tiempo que vive. Pero desde un punto de vista natural todo está preparado para que los recién nacidos tengan posibilidades de sobrevivir, no para que se cumplan los derechos de otro que no sea el vástago y las mejores opciones para seguir vivos.

Así están las cosas montadas. Y ahora, llega un momento en que las mujeres hemos decidido luchar por la igualdad. Acepto la igualdad de trato ante las mismas obligaciones.

Sin embargo ese pretendido derecho a actuar como nos venga en gana, ya me plantea muchos interrogantes.

Sé que no es lo mismo. Pero si yo voy al desierto, me preparo para el calor sofocante que pasaré y para el tremendo frío nocturno que allí se vive. Si puedo ir a la selva, aparte de ponerme todas las vacunas, sé que mi atuendo, mi conducta y mi expresión en general ha de tener en cuenta que estoy en un medio salvaje.  ¿No es cierto?

Entonces, me pregunto por qué insistimos en el derecho a vestir como nos dé la gana, a menear nuestras caderas como queramos, a enseñar poco o mucho nuestras tetas si nos place, en un medio llenito de “buitres” que nos ven como agujeros.

 

 

Por supuesto que tengo derecho a hacerlo, pero si voy en bikini al desierto me quemaré, si voy a la jungla gritando, vestida de rojo y oliendo a sangre, lo más probable es que un jaguar, u otro felino me ataque. Y si voy a lugares sola, vistiendo ropa escasa y moviéndome de forma insinuante, una o todas estas actitudes me prestan todas las papeletas de la rifa para que hombres menos educados de los que habitualmente tratamos, en una situación donde el poder es suyo, nos ataquen y nos maten.

No es que les aplauda. Sólo digo que quien debe protegerse siempre es uno mismo, una vez que ha crecido y ve cómo es el mundo donde vivimos.Y las mujeres somos demasiado valiosas como para actuar de modo que de pie al macho a sentirse provocado, por más que de nosotras no salga en absoluto ese deseo de provocar.

Subimos a vehículos de gente que nuestro sexto sentido alerta sobre lo peligroso de nuestra conducta y no hacemos caso a esa intuición. Vestimos de formas que exponen más aun al “agujero que ellos creen contemplar” y basta una situación que despierte lo más primitivo, el instinto más animal en ellos, para que todo ese derecho a hacer nuestra voluntad se convierta en muerte.

Y me pregunto…¿Merece la pena exponerse así ante un riesgo tan descomunal?

Conocerse y conocer el mundo son dos premisas para cuidarnos, para estimar nuestro valor por encima de derechos o torcidos, que luego terminan en una bolsa de plástico, o destrozadas en un río o una cuneta.

 

Es trascendental la estima propia, esa que hace que valoremos nuestra vida por encima de derechos. Los derechos son peticiones civilizadas, intentos de gente con buena voluntad, no son dogmas del individuo sin los que se les corta la respiración. Y saber esto es crucial.

La Vida es un don, un tesoro que se nos confía y desarrollarla y cumplir las funciones para las que hemos nacido, nuestra primera obligación.

La biología no entiende de derechos, sino de leyes implacables donde la persona no cuenta. Es la sabiduría personal la que nos permite salvaguardar ese impulso que nos da la energía para vivir, lo que evitará que por hacer valer un derecho, dejemos sin cuerpo ese impulso vital y para siempre desaparezca la posibilidad de evolución que es una personalidad..

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