¡¡¡MUY IMPORTANTE !!! ( y 2)

No tenemos defectos. Somos de infinitas formas. Cada una es idónea para uno mismo. Realmente, SÍ SOMOS PERFECTOS, pero no todos venimos a lo mismo.

Una rueda de un engranaje tiene dientes, no es un círculo. Sin esos dientes que la hacen irregular, no movería el mecanismo para el que fue creada. De igual forma, eso que no aplaude mi sociedad  y llamo DEFECTOS, son los dientes de mi personalidad que mueven la vida a favor de todos.

Si lo que busco es eso que me descubrió el maestro, la paz y el amor reales, he de empezar por aceptar que estoy muy bien hecho para el fin que me propuse al nacer.

¿Por qué entonces no me acabo de sentir bien, en especial con mis “defectos”?

RECORDEMOS. SOY UN COMPLETO, soy todo. El hecho de no saberlo o verlo en mi no lo anula. De modo que cuando por la educación recibida llamo malo algo que otro muestra, a quien llamo malo es a mi mismo. No me puedo sentir bien si juzgo y maldigo lo que creo no ser. Cada juicio es un ataque contra mí.

No vas a extirparte la pereza, ni el egoísmo, ni la cobardía. SON tuyas. Las verás fuera y te negarás a creer que eso vive en ti, pues te has pasado la vida entera cultivando la diligencia, la generosidad y la valentía. ¡Esos son valores entre tu gente! Realmente eres diligente, generoso y valiente. Lo que ignoras es que también eres lo opuesto y que esos valores negativos viven en tu pozo, en tu inconsciente. Y cada vez que desprecias al perezoso o al cobarde, algo en tu interior siente tu propio rechazo.

Carl Gustav Jung casi se vuelve loco e hizo de sí mismo objeto de estudio. Así fue como descubrió a Mr. Hide. “Hide” es “escondido” en inglés. El Escondido señor/a nunca sale como en la película famosa, desde tus adentros, como una transformación visible. Alguna vez tu severa vigilancia te traiciona y surge un Yo que te avergüenza, pero luego pedimos perdón y casi siempre lo obtenemos. Entonamos el ” Yo no soy así…” y la calma se reinstaura.

Es más corriente dice Jung, que ese Sr./a Escondido/a salga en forma de CONDUCTA AJENA. Alguien que te quiere, probablemente un alma grande y capaz, se alía contigo para mostrarte eso que a tus ojos educados es inadmisible.

Sí. La vida tiene ese recurso. Te convierte en proyector de lo que de ti no conoces y no amas, usando de pantalla a alguien que te ama. Ni él lo sabe, ni por supuesto tu estás al tanto. Ese ser se presta a que te conozcas, actuando por ti para el óscar al actor principal de tu vida y borda el papel.

Al principio le sentirás progresivamente hostil. Después parecerá que es el mal encarnado incluso, desearás no haberle conocido y será tanto o más malo, cuanto más rechazo tuyo sienta. Y no cesará. Puedes apartarle de tu vida…PUEDES. Tarde o temprano alguien se ofrecerá a encarnar ese rol y volverás a encontrarte frente a frente con el perezoso, el cobarde o el egoísta y cada vez lo serán más.

Según Jung su función es que reconozcas, que eso que tanto te molesta es parte de tuya. Tu jamás podrías perdonártelo. ¡ Te has esforzado tanto por ser diligente, generoso y valiente…! Por eso aparece fuera, para que si llegas a comprender que ellos no son así, que actúan así a tu favor para que reconozcas que eso vive en ti, puedas por fin amarte como el COMPLETO que siempre fuiste.

Quien eso hace es como tu sombra. No puedes se despeguará de tus pies por más que corras. Sólo puedes agradecer que alguien decida sufrir por ti, acepte tu rechazo total primero, con la esperanza inconsciente de que veas alguna vez que esa monstruosidad no le pertenece menos que a ti.

Podría ser sólo la teoría de un sabio como Jung. Comprobé que no lo es. No una vez. Muchas.

Estoy atenta cuando si alguien no me gusta. Me cuido mucho de criticarlo. Me esfuerzo mucho por aceptarle, porque si logro que deje de molestarme, significa que he logrado amar otro trocito más mío. A veces me dejo ir y critico ferozmente. Pero indefectiblemente después…, hasta me enfermo. No hace mucho cogí por eso una infección. Dejarme ir es permitirme expresar la rabia que su conducta me causa. Mi viejo yo quiere protestar aun. Pero la ira mata las defensas y baja los leucocitos…De modo que la infección te coge.

No es que te conviertas ahora en perezoso, cobarde o egoísta. Es aceptar al egoísta, al cobarde o al perezoso como si fuese un niño pequeño. Entonces no te costaría aceptárselo.

Hay un ejercicio de amor pendiente para cada una de esas cualidades negativas que aprendimos a olvidar. Quien toma sobre si el duro yugo de actuar con maldad sufre mucho más de lo que estamos dispuestos a creer.

Esos…Los ejecutores del mal en los diversos grados son almas poderosas que se ofrecen como actores en nuestra película y hacen a la perfección su papel. Como nosotros, también ignoran que ellos no son el mal, sino que lo interpretan y seguirán haciéndolo hasta que el mundo acepte que la sombra es el nutriente de la luz, porque no es posible ver la luz si a su lado no hay sombra.

El por qué del mal en el mundo no es otro que este. La realidad está compuesta a partes iguales de una cosa y su opuesta.

El libro del Génesis, en nuestra cultura, anuncia que una vez Dios dijo: Hágase la luz. Y en ese mismo instante las tinieblas se hicieron patentes. Es un cuento, pero explica muy bien que al materializar las cosas, quien crea selecciona y lo no seleccionado se muestra opuesto. En ese sentido es su alimento.

Si pudiéramos valorar la sombra desde su papel raíz de la luz, luz y sombra serían por igual estimados: la una por su acción benefactora visible y el otro por su acción benefactora al no mostrarse. Sin embargo no procedemos así. Lo que se muestra y no sienta bien, se maldice, se juzga perverso y se aliena.

Llevamos toda la historia actuando así. El mal por sí mismo no brota. Lo que aparece son personas que lo encarnan. Y es a ellas a las que recluimos en cárceles, a las que abandonamos como apestadas y quienes sufren nuestra incomprensión más absoluta.

El mal por sí mismo no protesta. Pero las durísimas condenas impuestas a los malos desde siempre pesan en nuestros genes como un quejido pavoroso, como el dolor tremendo que les obligamos a seguir representando, para poder mirarnos como ciudadanos decentes y probos.

En tanto no podamos asumir que es parte nuestra, condenemos y castiguemos sus actos, jamás podrán esas potencias del alma humana ocupar su lugar: LA SOMBRA.

El pozo es oscuro y no ha de ser luminoso, pues luz y calor van juntos y lo rico del agua del pozo reside no solo en aplacar la sed, sino en su frescura. No hay que eliminar el pozo, sino conocerlo y reconocer su papel, bendiciendo al fin que permanezca donde sólo sustente la luz, la bondad y la belleza.

No hay otro modo de hallar la felicidad que aceptar lo que somos. Una sola crítica destructiva alimenta la rabia de esa parte de mi que no he querido reconocer, a la que he pisado para que no me perturbase y no quiero dejar salir. Temo que de hacerlo, no me van a querer.

No hay remedio a lo que somos. Lo somos y no cabe otra que amarlo, o se las arreglara para salir en forma de CONDUCTA del que tengo cerca, para exasperarme hasta que deje de separarlo de mí y comprenda su papel y su valor.

No comprendí esto en un día…Tampoco supe cómo manejarme con mis “enemigos” en un periquete.¡¡ Ni mucho menos!! Me ha costado mucho desasosiego, muchas lágrimas…Sobre todo cuando comprendí con desesperación que cuanto más “buena” era, más crecía mi lado oscuro.

Hice cada vez un acto de declaración de INOCENCIA. A ese que tan mal se portaba conmigo, dejé de sentirlo como culpable a fuerza de obligarme a verlo inocente. A continuación me obligué también a tratarle como si me pudiera fiar de él y me empeñé en verlos como niños, niños dolidos, maltratados no sólo por mi incomprensión, sino por muchas otras personas. Les hablé a sus almas desde la mía y les agradecí su labor, por más daño que me hicieran…Les traté como trato a los amigos, sin negarles jamás mi ayuda o mi saludo. Y poco a poco me he ido quedando sin enemigos.

No es que todo el mundo me quiera…Pero yo sí puedo quererlos.

Me he propuesto ver el bien, sembrar el bien…Pero ahora sé, que tras él actúa por omisión el mal que queda oculto para gloria de la Vida. Y se lo agradezco.

Curiosamente, a los peores, me costó poco reconciliarme con ellos. Los siento lejanos…Los dictadores tiranos, los corruptos despreciables, los asesinos despiadados, los terroristas…A esos los comprendí mucho más fácilmente, que a quienes junto a mi “me hacían la vida imposible”.

Aun ahora veo cosas que ellos hacen y me molestan. Sólo que ahora sé que se debe a las características de mi personaje. Es a mi personaje al que le pueden molestar, pero ya no me identifico sólo con mi personaje. Se que soy infinita…Sé que aun aprendo y que hasta el día de mi muerte seguiré descubriendo partes de mi. Ahora me siento en paz y puedo brindarles sinceramente…, hasta mi cariño. Ya no me olvido que ellos no son así, que se me muestran haciéndome un gran servicio. Pues…¿Cómo si no podría conocer lo que también es mío?

“Haz al otro lo que quieras para ti…” es mi consigna. Si yo quiero paz, paz he de ofrecer. Si quiero libertad he de darla, si pretendo un mundo feliz he de hacer felices a cuantos lo acepten.

A veces me encuentro ante quienes en sus conflictos encuentran la razón de sus vidas y por más que les ves sufrir, no renuncian aun a seguir pasándolo mal. He descubierto que Dios es como le da la gana…, usa cualquier medio para amar y ser amado, incluidas formas que a priori no son lógicas. Por eso quedo a disposición de “los ciegos, los sordos, los cojos”, de todo el que sufre, en espera de que la Vida se abra para ellos como un día se abrió para mi.

En cuanto a los llamados inocentes por el mundo, esos que sufren la injusticia, me dan más fuerza para seguir cultivando el bien y agradeciendo al mal que se oculte. Ya no me dan lástima. Yo fui uno de ellos muchas veces…Y su dolor conmueve algo a la gente que conozco. Es una forma pobre de amor, pero amor al fin.

 

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