ADIÓS AMADO…

Se podría decir que soy experta en muertes…En siete años vi (por este orden) despedirse de la vida a mi hijo, a mis padres simultáneamente y a mi amor.

Anoche el corazón de un hombre de casi 90 años latía tan flojito, que todo hacía pensar en el desenlace. Este hombre es el padre de de un ser de luz y de un montón de hijos e hijas que hoy a las 2  horas del medio día le rodeaban junto a su esposa para despedirle. ¿Definitivamente? No. LA MUERTE NO EXISTE.

Y es importante que sepamos esto, porque mucha gente se agarra a una vida sin cuerpo humano y permanece vagando demasiado tiempo. Esperan un fin que nunca llega. Se sienten vivos, de otro modo, pero no inconscientes como creían y ya va siendo hora de que el común de los mortales se entere de que morir se parece mucho a nacer, que se nace a otra realidad…Y que el vacío inconsciente que esperamos, nunca llega.

He contado varias veces, que hay testimonios múltiples e incluso gente como Elisabeth Kübler-Ross, que han dedicado su vida a esclarecer este tránsito a otra forma de existir.

Mi abuela decía que nadie había venido del otro lado a contar cómo era, pero ella no tenía internet, ni nadie que le contase que no hay muerte alguna.

A veces, incluso podemos saber de ellos. Desde luego en sueños, pero también hay algunas personas capaces de comunicarse con el más allá. Si lo digo es porque lo viví. Eso, justamente. Y nadie podrá convencerme de que fue un fraude.

Cuando mi hijo yacía en el hospital, un buen amigo me dijo cómo preparle para irse. Me dijo que le dijera que era libre para quedarse o irse, que su vida había tenido sentido y fue valiosa y …que “le quería”.

Por absurdo que parezca, fue esta tercera frase, expresarle mi amor, lo que me ahogó.

Juan fue objeto de dedicación casi absoluta por mi parte durante seis meses. Me ausenté por unos días cuando parecía que mejoraba y fue justo entonces cuando una jugada de adolescentes irresponsables se lo llevó, pero no de golpe.

El traumatismo cráneo-encefálico que le produjo, afectaba según los médicos al habla y al movimiento. Con mucha probabilidad de haber sobrevivido al accidente de tráfico, se habría tenido que sentar mudo en una silla de ruedas para los restos. Un ser que negaba la vida y que hizo de escribir su única ocupación, se iba a ver condenado a vivir sin comunicarse y sin poder mover sus dedos para coger ya más un bolígrafo. Y de paso mi vida se acababa también, pues era obvio que me dedicaría a él totalmente.

Este pensamiento egoísta me hizo dudar de mi amor por él. Y me costó horas darme cuenta de que amar no es dejar de discernir y que ciertamente, mi vida iba a condicionarla de lleno. Me lo imaginé muerto y me produjo tal efecto, que supe que sí, que le quería. Sólo entonces hablé a su inconsciente, pues no recuperó el estado de vigilia durante 5 días tras cerrar los ojos después del accidente.

Días después, nos dedicamos a recoger su habitación y yo acaparé para leerlos todos sus escritos. A medida que leía lo último que había dejado, mi alarma iba en aumento. Cada vez que mencionaba a las madres, sus palabras no podían ser más despreciativas…¡Yo lo era suya! ¿Hablaba de mí?…¿Tenía mi hijo un concepto tan horrendo de mi actuación a su lado?

Sin confesármelo abiertamente a mí misma, una duda angustiosa se formó dentro de mí, sin que yo lo expresase, sin que nadie supiera lo que empezaba a sospechar. Cuando falleció puse un mensaje a todos mis contactos simple y corto, pidiendo que no me diesen el pésame. Me dejaron pues tranquila. Pero unas semanas después, una amiga, que le había caído fenomenal a mi hijo, me llamó por teléfono. Había tenido noticia de una mujer en Cataluña, que transmitía mensajes de fallecidos y había ido con la novia de un amigo también muerto en aquellos días, para comunicarse con él. Estando allí, se le ocurrió preguntar por Juan y aunque dudaba por no ser ella de su familia, decidió hacerlo. En su llamada me leyó lo que cogió primero en cinta y luego me mandaría por carta. Estas eran las palabras:

-¿Hay algo que quiera comunicar Juan a su madre? .-Preguntó la mujer.

Sí. Así es.Quiere comunicar con ella, pero sólo para agradecerle la forma en que está llevando todo, el dolor que la desborda en ocasiones y la confianza, porque ella sabe que está aquí junto a nosotros, en un lugar tan cómodo como podría ser su regazo de madre…

Simplemente quiere darle las gracias por haber permitido que haga su trabajo tan fácilmente y quiere comunicarle que su amor por ella es tan grande como el que ella siente por él. Eso es algo muy importante… Y que ahora desde aquí, desde este lugar, ha tomado mucha más conciencia de ese gran amor que los une.

Eso es …Esas palabras de agradecimiento y la comprensión de ese amor que no había podido transmitirle, por no conocerlo o por creerlo diferente, cuando estaba ahí con vosotros. 

– ¿Eso es todo?

– Sí. Eso es todo.

Nunca había pensado compartir esto que mi corazón guarda como un tesoro, pero me parece necesario hoy.

Vaya por delante que yo jamás he ido a visitar a ningún medium. Encontrar uno que lo sea realmente no es fácil. Tampoco pedí a mi amiga nada. Ella sólo sabía que mi hijo ya no vivía, como el resto. Pero además, esta mujer en circunstancias normales es de esas personas sin formación ninguna, cuyo vocabulario es de lo más llano y cuando entra en trance se expresa con una corrección y un lenguaje, que le resultaría extraño saber que salió de su boca, fuera del trance. Así me la describió mi amiga.

El mensaje insiste hasta tres veces en aquello que a mi me angustiaba tanto: SU AMOR POR MI. También hay que contar cómo reaccioné yo a su marcha.

No es que no brotaran lágrimas de mis ojos… Sí, cayeron…Pero fueron dulces, breves, entrañables…, un desahogo y una despedida aceptada con la mayor naturalidad de que fui capaz. Sólo tuve dos momentos de llanto amargo: Al recoger todos sus enseres y regalar a los amigos presentes algunos y cuando ví el coche en el desguace, el lugar donde tanto hablaba yo con él y con su hermano en nuestros viajes, el último sitio que le había contemplado, riendo como un loco, para despedir una vida que se le hacía insufrible desde seis años antes.

¿Cómo podía una mujer normal imaginarse que una madre pierde a su hijo de 21 años sin desgarro, con confianza? ¿Cómo podía saber que el dolor sólo me desbordaba “en ocasiones”? Pero sobre todo…¿Cómo acertó al decirme justo lo que mi corazón ansiaba saber y por tres veces, diciendo además que era MUY IMPORTANTE…?

Nadie, absolutamente nadie, sabía cómo me corroía la incertidumbre, porque atreverse a afrontar que tu hijo no te quiere duele de más y expresarlo es hacerlo evidente, palpable.

Desde luego yo no abrigo duda alguna sobre la veracidad del mensaje y sé que sólo lo incognoscible puede estar tras esa comunicación, testimonio claro de que ellos se comunican cuando hace falta. Él quiso hacerme llegar su amor. Y lo hizo en la extraña manera que pudo encontrar.

Sé también que la validez del mensaje no es universal. Había que sentir lo que yo sentía para dársela. No obstante lo cuento por si alguno le sirve. A día de hoy aun me emociona leerlo.

Lo que me gustaría es poder daros la certeza de que nadie muere, de que irse es gozoso y no un horror, que nadie nos juzga, que no hay infiernos esperando…Lo que de verdad me gustaría es que pudiéramos ver estas “muertes” como un adiós, que entristece, pues todas las despedidas lo hacen como poco un chispito, cuanto más si son tus padres o alguien muy querido quien no verás más. Pero no son dramas, pues nada se termina.

A menudo sentimos la presencia de quienes damos por muertos, o les hablamos y nos sentimos escuchados. ¿Demencia? ¿Deseo irrefrenable de que estén vivos en algún lugar y podamos volver a verlos? No. No para quienes sienten estas cosas.

Estoy segura de que a mi muerte veré a mi hijo como lo recuerdo. Él ya no será así, pero yo no tengo otro modo de identificarlo. Así que me hará el favor. Su ser vive hoy en otro cuerpo probablemente…O aun está por nacer. Debe preparar muy bien su próxima existencia, porque sería bueno que ya no le pesara tanto el mundo y pudiera adaptarse a él.

No parezco de esas personas que lloran con facilidad…Conozco mi sensibilidad y no es pequeña, pero cara afuera parezco dura seguramente. Y anoche con Francisca, mientras le decía que “su padre se lleva lo que en ella deseó morir y le deja lo que de él necesita aun la vida hasta que ella se vaya”, estaba muy emocionada, sentía con ella el momento tan intenso que estaba viviendo. Son palabras del mismo amigo que me acompañó con Juan.

Hoy ella decía: “Ha fallecido, pero…QUË PAZ ha dejado en mí”.

Eso, paz y alegría serían más acordes, porque ellos van a experimentar la caída de todos los velos, aun si es por un ratito, van a ver qué son y quién y van a sentir el gozo mayor que existe nada más dejar su carcasa detrás.

Lo demás la culpa, los traumas, la desesperación…, son humanas, pero hablan del egocentrismo del que se queda. En vez de desesperarnos, la muerte debiera ser como si ellos se fuesen a otro planeta, desde donde comunicarse sólo es accesible al corazón. No perdemos a nadie y puede que su amor nos arrope más desde donde están, que cuando estaban aquí.

La muerte es sabia y al contrario de lo que creemos llega siempre para bien. Vivimos un sueño tan fuerte atados a nuestros sentidos, que necesitamos un revulsivo que nos saque del estado de ensoñación y encantamiento en que estamos. Cuando uno puede soltar a quien se va, la vida se abre y no es que el tiempo te calme, es que sabes que tu amor sigue vivo por encima incluso de la invisibilidad.

Tomas, fuiste un gran padre y ahora, sigue camino. Tus hijos y quienes te conocimos te damos la libertad. Crea ahora lo que necesites y recibe todo nuestro amor.

¡¡Adiós amado, hasta que nos veamos!!

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