EL ÉXITO NACE DEL FRACASO.

El madre leopardo le ha abandonado.. .Las madres animales nunca sobre protegen. Están a favor de la Vida. Intenta cazar. Inexperto cazador, busca una presa y escoge una pareja de puercoespìnes. …¡Tiene tanta hambre…! Pronto aprende que le falta pericia para voltearlos y evitar las púas. Sale herido de una pata y más hambriento. “¡Vale! Subiré a un árbol y acecharé. Cuando vengan, me tiraré”. ¡Son horas de paciencia hasta que las gacelas confiadas pastan justo bajo su atenta mirada! Pero a pesar del salto de 9 metros (¡¡NUEVE!!), la caída desde tan lejos permite a la presa verle y huir. ” Ha sido buen intento. La pata sigue doliendo: Buscaré un árbol más bajo y a esperar”. Y esta vez, al saltar se estira para acortar distancias y rápido como el rayo muerde el cuello de la gacela.¡¡Mágnífico!!

No.No es que no sienta a la gacela, precioso hervíboro bajo sus fauces. Es que oí la voz en OFF decir: El éxito nace del fracaso. Y una serie de acontecimientos recientes saltaron agolpándose en mi mente, acerca de algo que sé hace tiempo: NO HAY ERRORES y no debería haber perdón tras ellos, pues no existen.

No hay mal en esa gacela nacida como alimento. Su especie lo sabe y por eso evoluciona el sentido de la precaución en ellas, para que a pesar de la depredación, la especie perviva. Todo es justo, por más que algo en mí se vuelva gacela y me pregunte si no había otro modo para la supervivencia de las especies.

Pero una lógica aplastante, me dice que lo que sigue sucediendo ocurre porque es  la versión más económica, la más acertada, o dejaría de producirse. Sea lo que sea…SI SUCEDE, lo hace porque aun no ha hallado la Vida una mejor opción y ESA, la que los humanos de buen corazón juzgan un error por cruel, ha de ser la óptima. La naturaleza sabe de energía y no derrocha energía, solo seres, elementos…Lo natural no considera el elemento menos valioso, pero siente a todas sus criaturas en ese ciclo  suyo, que esconde un legado por recibir, por percibir, por comprender y entonces poder aceptarlo.

Y me veía a mí misma. Contaré por encima la anécdota para que veáis a dónde quiero llegar.

Mi sinceridad natural compite con mi tacto a menudo y de nuevo había “hablado de más”, casi brutalmente. De modo que a solas comencé a reprobarme, a zurrarme…Mi padre aparecía en mi recuerdo preguntándome una vez más desde el más allá: ¿Cuando vas a aprender?

Casi 60 años del mismo error. El leopardo solo cometió tres. Entonces pensé en el juez eterno, si es que hay tal y cómo me miraría. De repente YO ERA MI JUEZ. Y si a otros los veo inocentes…¿Iba a ser conmigo tan rígida, tan exigente?

Sé que en mí no hubo intención de herir, aunque lo hice. Sin embargo, puede que por primera vez, decidí elevarme a lo alto y verme como ese leopardo. ¿Por qué a mi no me era dado aprender de mi error? Y supe que era porque SIGO CREYENDO QUE ES POSIBLE EQUIVOCARSE aun si es muy dentro, mucho, de mí y he perdido la confianza.

El leopardo no se castiga por su estupidez al atacar a un mata de pinchos que se mueve. Simplemente desarrolla otra estrategia. Y aunque le sale mal, sabe dónde esta el fallo. Sólo lo corrige.Confía. No se atormenta por ser un inepto, un aprendiz de cazador.

En eso toda la naturaleza le da sopas con ondas al hombre.

Vivimos tan secuestrados por el arte de recaudar atenciones, nos aterra tanto la soledad, que prima eso por encima de nuestra supervivencia. Y hay una supervivencia física, pero hay otra emocional, que acaba con nuestra capacidad de renovar la estrategia y nos sentimos culpables, en vez de probar otros modos.

Tenemos una tontería que nos anula e impide que usemos ese mismo poder que usa el leopardo. Y tenerlo, lo tenemos…No obstante nos ancla la culpa y ahí seguimos sesenta años y más, sin desarrollar otra forma de sentirnos y acometer otra táctica, libres de pecado, que nadie tanto como uno mismo señala.

El otro día, sin embargo al elevar mi visión, todo cambió.

Sé que somos uno, con mil caras y personalidades, pero UNO al fin. A veces nuestras capacidades tóxicas, si es que podemos llamarlas así, están por algo que se nos escapa. No para que nos condenemos por “malos” y suframos por ser culpables de faltas hirientes, sino porque nuestro grupo de relación puede necesitar esa capacidad molesta.

Si fracasé siempre en aprender diplomacia y consideración…, si por más que he intentado no ser así lo soy….¿No será, que lo que me queda es darme cuenta de que SER COMO SOY está pidiendo mi aprobación?

Cuando os hablaba de la vida concebida como un árbol, decía que lo oscuro pertenecía al reino de la oscuridad. Las raíces de un árbol no tienen en absoluto vocación de rama, hoja o flor. ¡¡PARA NADA!! Desean estar ocultos en su alojamiento nutriendo al árbol, sujetándole contra el vendaval. Si salen por alguna causa y las llamamos feas, o molesto estorbo con el que tropezamos al caminar, hemos dicho mal, es decir, hemos maldecido su función.

Pensemos en humano. No caminó nunca por calle alguna o sendero perdido la envidia, la falta de tacto o la soberbia. Son impulsos del alma QUE ALGUIEN ENCARNA, o sea que vemos envidiosos, o brutos, o soberbios. Quien expresa esto, seguramente como yo, trata de extirparse el “defecto” y no lo consigue. Surge antes de que lo acorrales desde un rincón escondido de ti y salta sobre el otro, antes de que hayas podido tomar conciencia de que de nuevo, te ha salido para repetirse y conseguir que te quieran otro poco menos. SUFRES por ello y te culpas, tratas de buscarte un castigo…Si es que sufrir no lo es suficiente.

Soy comprensiva con otros que intentan herirme. Disculpo su acción. Sé hacer eso. No importa como de hostiles sean, siempre sé que no es que ellos sean así, es que me muestran mis raíces, para que de una vez por todas evite la maldición y borre toda culpa, más aun: PARA QUE RECONOZCA EL VALOR QUE TIENEN, pues todo lo que llamamos bueno forma un par cómplice, que mostrará uno u otro polo, pero que actúan al tiempo. El polo A sale, para que el polo Z se oculte, exactamente como la raíz de un árbol, que no se ve aunque está cumpliendo su función. Y viceversa: si sale el Z, se oculta el A.

 

Entremedias todas las otras opciones. El alfabeto de las emociones es inmenso…Pero todas van a pares. Por un casto sentimiento, hay un lujurioso que permanece latente, que no inexistente. Por un acto simpático, se ocultará uno antipático. El grado es lo de menos. Si es mucho o poco, sólo acentúa más las emociones, pero en el fondo lo poco o lo mucho en esto no es crucial.

Si en general eres amable, da por seguro que el desagradable se ocultó. Un día, por cansancio quizá, te sale el desagradable. ¡Ay amigo! ¿ Y ahora qué? Como a ti casi nunca te pasa, lo obvias y te defines como amable. No obstante la forma de ser desagradable TAMBIÉN ES TUYA.

Nadie me rechaza por bocazas en general. Y lo he sido siempre. Si quiero querer a todos, quererme yo también…¿Por qué me empeño en recriminarme cuando inevitablemente vuelvo a las andadas?

Fue un momento lúcido. Lo repito porque aun no he convertido mis fracasos en éxito. ¿Cómo hacerlo?

Os cuento lo que sentí.

Sentí que lo que hay en la vida y en mí es sagrado, sea del color o del grado que sea; que si por fin abandonaba el culparme por bocazas, estaba reconociendo mis raíces y devolviéndolas a su lugar en la oscura tierra de la que soy parte. Sentí que nadie me ha juzgado con tanta dureza como yo misma y que ya estaba bien de castigar un impulso vivo, que yo expreso, pero no es posible obviar, ni reconducir. Entonces me dí la LIBERTAD.

Al la bocazas que soy no la voy a castigar más. A veces saldrá porque algo debe saberse en mi grupo de relación, que otros, más diplomáticos de fábrica, jamás dejarán salir. ¿Y si fuera eso? ¿Y si no se tratase de castigarnos por los mal llamados defectos, sino de ver su utilidad y la función que a pesar de las molestias cumplen?

Para que como el leopardo pueda hallar otro camino de expresión, es preciso que como él confíe en mi. No más palizas internas, ni dolor por el daño causado. Tal vez me toca hacer sonar una trompeta en un mundo de hipócritas conductas, que ocultando al protagonista aquello, creen no dañar.

La bocazas es libre. No la juzgaré más. Y si vuelve, entenderé que me usa a mi para algo que a todos les hace falta.¡¡BASTA YA DE DARME CAÑA!! Soy inocente. No me zurraré más.

Y ahora, segura de que aun bocazas merezco la pena, incluso tal vez por serlo, no sentiré otra cosa que paz.

Hoy charlaba con unos padres. Su peque está escogiendo la vía de provocar para sentir atención. He probado a hablar con él. Pero sordo a mis charlas, a las consecuencias de sus actos, sigue escalando en provocar con frases que suenan a maldad pura. Y como yo sus papis le comen la moral. Y nos he dicho:

“La psicología ha demostrado que castigar sea como sea, incluso con la voz airada solo, tiene el efecto opuesto y no sirve para adquirir de modo fijo conductas deseables. Lo llaman el “refuerzo negativo”. Hasta en animales se ha visto que el refuerzo positivo actúa de inmediato y fija conductas deseables”.

Así que no vamos a reprenderle ni una vez más. Para mostrar que eso no es adecuado, le vamos a recordar que nos gusta cuando es amable, pero sobre todo se han terminado las voces, el vete a tu cuarto hasta que seas como nosotros, o al rincón del STOP en clase. No vamos a parar, ni reprimir sus provocaciones, ni a desatenderlas, sino a premiar cualquier atisbo de esa conducta que queremos que renazca, o incluso a verla aun si no la quiere mostrar. Vamos a decirle a sus raíces que pueden volver a la tierra libres de todo castigo, porque es un ser bueno y amable herido, no un perverso que promete ser un terrorista si seguimos negando su necesidad de atención positiva.

Si soy inocente, mi peque lo es mucho más…No es quien erraba, soy yo en busca de mi triunfo. Y yo tengo otros recursos y si no los invento. Quiero la libertad para el mundo. Empezaré por mi misma y los cercanos, en esto: LO QUE DEL OTRO O DE MI NO ME GUSTA.

Sé, porque en otras cosas lo he visto, que cuando das libertad al mal que tanto daño causa en quien lo recibe y quien lo ejecuta, el daño desaparece. Lo oscuro vuelve a su bendita oscuridad y lo luminoso se descubre feliz de poder estar otra vez en casa: AL AIRE LIBRE.

Confiaré en mí, en mi peque y en todos como si jamás hubiésemos roto un plato. Iré demostrando que podemos llevar incluso toda la vajilla.

El éxito está garantizado. Hemos cambiado de estrategia sin culparnos, sin zurrarnos, exactamente como el leopardo. Y como para él, el triunfo está servido. En lo humano gacela y depredador están fundidos. Sólo sacaremos el leopardo, si la gacela cumple su función…SER ALIMENTO Y SUJECIÖN del Yo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s