DIOS ES CULPABLE (2).

¿Qué es lo justo y lo injusto?

La vida es percibida como un camino. Y es una metáfora acertada. Yo inicié mi camino y en él gocé de la compañía de mi Dios.

Una voz actual, alguien a quien amo profundamente y llamo mi maestro, apareció como dice el refrán: CUANDO EL DISCÏPULO ESTA PREPARADO, el maestro APARECE.

A mí me preparó todo ese entramado de aparentes injusticias. No cesaron, no, pero si me alertó a cerca de que a cada paso, yo dispuse en toda ocasión de medios para resolver mis injusticias y VIVIRLAS de otra forma. “Justicia” es una palabra usada por los seres humanos. El concepto también es nuestro.

Hay una justicia divina desde luego, aunque no contempla castigo alguno, ni infiernos imposibles, ni pago de culpas, pues lo divino se siente presente en lo humano y es de hecho más humano que nosotros. Al hombre le falta un  tornillo, mejor dicho: LO TIENE, pero AFLOJADO.

Ese aflojado tornillo es la necesaria compasión ante el reo. Cuando uno es el reo pide esa compasión, no siempre ¡bien, es verdad! Pero sólo entonces apelamos…,

 

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a la magnanimidad del juez. Los que claman ¡¡JUSTICIA!! a menudo no sienten el mal que expanden al querer que pague el reo por los actos cometidos. No importa que no recuperen lo que el culpable les quitó, ni que su dolor no aminore un ápice con el daño que se infringe al reo. ¡Eso es lo de menos!. El hombre pide venganza, rara vez JUSTICIA.

 

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¿A quien le importa la angustiosa vida del condenado? ¡¡QUE PAGUE!! Y cuando resuelta la deuda sale, creemos que aun es corto el pago, escasa la penitencia…

Mi maestro me enseñó que hay una base biológica, recientemente descubierta, en el cerebro humano, que explica como concebimos y como funciona la moral, lo bueno y lo malo desde la biología.

Parece que las neuronas funcionan por familias. Cada “estirpe de neuronas” se ocuparía de un sector de lo mental. Una p. ej. atiende sólo a lo que tiene que ver con la memoria personal, esa que se inicia más o menos con los seis años, porque antes es a penas un esbozo, un difuso recuerdo.

Otra, se ocuparía de los sentidos y las informaciones constantes que estos llevan al cerebro: Tengo frío. Tengo malestar en la uña. Siento placer con este sabor. Estoy lleno…¡Cosas de este tipo!

Otra, guarda la memoria de la especie a que pertenecemos…Esos detalles que nunca recordamos, como el por qué sentimos miedo y de qué, ya que en una parte de cerebro los mecanismos arcaicos permanecen activos, aun si las circunstancias actuales no justifican su reaparición. Hoy sentimos miedo si un coche pasa rápido cerca. Es instintivo, aunque estés a salvo en la acera…Es el viejo miedo a los salvajes animales, los “vehículos” que corrían cerca por aquel entonces, que afrontó sin medios el hombre del paleolítico, cuyo recuerdo vive en los genes.

Un grupo de esas familias de neuronas aprendió en ellos, que hay situaciones opuestas, que producen estados físicos de gusto o disgusto y asociaron gusto con bondad y disgusto con maldad. La asociación es tan vieja como el ser humano, pero vive hoy en día en ti y en mí como si el tiempo fuese una broma inexistente. El pasito siguiente en la asociación es fácil de captar:

Lo bueno es justo. Lo malo injusto. Y donde dice “bueno o malo” en realidad estamos hablando de “me gusta o no”. Y se nos olvida aquello de que: “sobre gustos no hay nada escrito”. En otras palabras: El origen de la justicia humana se basa en los dictados de un grupo humano, que decidió calificar buenas ciertas conductas y otras de malas.

Los grupos humanos se han reproducido y algunos han derivado en otras calificaciones algo diferentes, creando culturas donde por ejemplo matar según y cómo, es justo y necesario. Un ejemplo es la cultura de la Esparta griega, donde el niño/a deforme moría sin piedad, tirado por un terraplén, cuyo cometido era ese. Y no les dolían prendas. Esa era su ley y gustase más o menos a las parturientas, era justo…No era necesario más que un labio leporino…Hoy, eso se opera y ya. Nadie es condenado a muerte por ello…

Yo como tu, como todos…TENGO EN MI, UN GRUPO DE NEURONAS “APRENDIDAS” desde el día que se formó mi cuerpo en el útero de mi madre. Ellas me dicen lo que es o no justo. Si además añadimos siglos de cristianismo católico, muchos, medio mundo comparte las mismas neuronas con sus documentos adjuntos, en que dice que lo bueno es ser caritativo y si no lo eres, eres un malvado. El cuidado de uno mismo no entra en esa creencia, aunque sea obvio que si no te cuidas no podrás ser caritativo con nadie.

Esta noticia, científica me dejó atónita.

¿Y ahora…, que era justo o injusto? ¿Es que podía fiarme de unos bichitos que me dictan desde mi cerebro, que sí, o que no llamar justo?

Las neuronas son como bichitos de hecho. A las bacterias, sin las cuales es imposible vivir sano, las concebimos como entes que no son nuestros. Son un pegote necesario, pero no son parte de mi. Y su papel es tan vital en nuestra salud, como el funcionamiento de nuestras neuronas. Crecieron con el feto. Esa es la única diferencia. Las bacterias se sumaron al salir del canal del parto y sin ellas digerir por ejemplo los alimentos sería de todo punto inviable. Pero ellas son bichos y las neuronas son “yo”. ¿O no es así?

De una forma nítida, absolutamente clara y ahora indiscutible, se desveló ante mi lo absurdo de todo juicio hecho por mí hasta ese día. ¿Van a decirme esos bichitos lo que vale y lo que no?

El dilema repetitivo de toda mi vida: ES DIOS CULPABLE O NO…, me hizo recordar una frase nunca bien comprendida: NIEGATE A TI MISMO.

Ahora, esas palabras cobraban otro sentido.

Nunca entendí como uno podría negarse a uno mismo. ¿A mi…, que es todo lo que tengo? ¿Es que tengo que matarme?

¿¡¡ QUÉ ERA YO!!?….¿Qué era mi “ego”, palabra tantas veces escuchada?

A veces me daba cuenta de que he usaba palabras corrientes como si las entendiera y NO LAS ENTENDÍA. “Aceptar”, Respetar”, son dos de ellas y ¡claro! también EGO.

¿ Es una cosa…Está en un lugar mío? ¡QUE ERA…! Dios mío…¡QUË!

Mi maestro puso un ejemplo. Algo así.

Un periodista va como reportero a los Juegos Olímpicos.

Este acontecimiento se centra en el deporte. Es evidente. Pero al hilo del deporte ocurren infinidad de cosas. Acuerdos comerciales, contactos que prometen relaciones sociales interesantes, ventas, amores que nacen, amistades eternas que se consolidan, personas que descubren más aun quienes son, frustraciones que se superan o no…El mundo del deporte es casi una ínfima representación de lo que son esos juegos, que forman también parte de la política mundial.

Nuestro reportero no puede en modo alguno abarcar tantísima información y reflejarla con detalle o acapararía dos revistas completas, o dos diarios, para contar lo que son. De modo, que busca un enfoque. Enfocar es poner la luz del foco como en el teatro, SOLO sobre algo. ¿Y el resto? El resto no se ve. Sólo, por ejemplo, la cara del actor principal. ¿Y qué es una obra sin cuanto está invisible a los ojos del espectador? ¿Valdría igual ver solamente a ese actor y sólo su cara para entender la obra completa?

Pues eso mismo hacen mis bichitos. Ante la cantidad de bits que produce un organismo humano por segundo, ENFOCAN. ¿QUÉ?…

Pues…, aquello que le resulta más aceptable y le interesa comúnmente más. Se basa en su costumbre y esta en los “bichitos” que vienen con la lección aprendida.

El reportero se vuelve loco con el atletismo digamos y obvia lo demás.¡Nada que reprochar! Es un enfoque. Hay miles de enfoques. Pero…El resto de informaciones se le quedan “vivas” y sin masticar. No las digiere, no pasan por él. Su opinión sobre los juegos dependerá de cómo le fue a los atletas y un judoka por ejemplo, que hubiera cometido un acto terrorista, a él no le hubiera tocado e interesado para su artículo como a los demás.

Su noticia podría decir algo así:

” El atletismo ha dado un giro impensable. Las marcas inalcanzables antes, aun pueden ser superadas”.

Otros reporteros, habrían contado ese acto terrorista, que seguramente conmovió al mundo. Él no.

Aplicaré todo esto a mi vida, para terminar.

¿Qué se de mi? ¿Qué valor tenía lo que entonces conocía de mí?

Un ser humano se siente pequeño. Pero… ¿Lo es?

Sé hoy, que es infinitamente más de lo que parece. Negarme a mi misma era tan sólo desoír al ego, representado por las creencias fijas sobre el bien y el mal, que mis neuronas conocían y me aplicaban. Ese es el EGO: el conjunto de verdades inamovibles en que basamos nuestros juicios, entre otras cosas. Pero esta parte es crucial.

Tendremos que acostumbrarnos a ampliar lo que creemos a pies juntillas, a dudar de si lo que parece tan claramente injusto o justo lo es, porque si la justicia ha de tener ese nombre, o usa toda la información, o su veredicto es falso siempre. Meteremos en la cárcel a inocentes con una apariencia total de culpables y exigiremos su muerte, a pesar de desconocer más de un 80% de la verdad.

Yo había buscado un plus de comprensión, que se nos dice tiene lo divino, para ser BUENA. Cuando rezaba y pedía a Dios ser mejor, me refería a esto: SER MAS JUSTA.

Ahora sé que juzgar es necesario, pero siempre insuficiente. Si veo plomizo el cielo, juzgaré adecuado coger un paraguas. Pero si de juzgar personas y sus actos se trata, hay que ser muy cuidadoso.

Juzgar al amparo de las las leyes que los hombres hemos habilitado, variables como nosotros y nuestra realidad, carece de potestad para imponerse al otro. Un tirano puede ajusticiar. ¡Claro! Pero ¿Queremos ser tiranos?

¿O puedes tu, ahora, que conoces lo mismo que yo, seguir creyendo que tus juicios son justos, que tus argumentos son verdaderos, cuando te faltan tantísimos datos, que ni procesas en tu cerebro?

ESTA ES LA CUESTIÓN.

¿Quien puede juzgar a Dios y decir que si fuera real, si existiera, no habría injusticia, cuando tu idea de justicia es tan pobre, tan injusta?

 

 

 

 

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