¿QUIERO UN MUNDO NUEVO?

Bajo nuestro deseo de ser felices duerme casi el deseo de vivir en otro mundo: UNO NUEVO. ¿ A quien no le gustaría dibujar uno mejor?

mundo nuevo

Generalmente los activistas, que son los que parece que cambian el mundo lo hacen mediante manifestaciones, o como Green PEACE se exponen, abandonan sus familias y su circunstancia y se dedican a ser apresados, a exponer en público sus ideas…Y parece que consiguen algo.

¿O sigue todo prácticamente igual?

Cuando uno pone los informativos, o abre el periódico, no da la impresión de que el mundo cambie. La vida humana sigue valiendo muy poco. El sentido más humano que mejor se vende es:

“Yo en mi casa y Dios en la de todos” o “Vive y deja vivir”.

Ambas sentencias establecen unas paredes invisibles entre el resto y yo.

En el fondo un ciudadano bueno, es un egoísta civilizado. Sí, porque si cuando por ejemplo me dicen lo de : ” Estás en tu casa”, nadie espera que me atreva a cambiar cuadros, muebles o realmente a comportarme como lo hago en la mía. Es un eufemismo, una generosa hipocresía. Si un buen ciudadano lo fuera, no consentiría el hambre o la miseria. Al menos eso dice la razón… Le sentaría a su mesa, le compraría ropa nueva, no le daría la que ya no usa… ¿No?

Quienes se dedican a ayudar saben por experiencia que uno se topa con un muro…Y que en todo caso no es dar, sino “enseñar a pescar” lo que hace falta. Con ENSEÑAR A PESCAR me refiero a que le ofrecería la posibilidad de salir de su pozo, no le sacaría yo de él. Me consta que muchos “pobres” no desean volver a aparecer como dignos ciudadanos… Y esta actitud no hay que esperarla de una institución, sino de cada uno de quienes claman por la justicia, la armonía o la extinción de la miseria. ¿No es eso?

Nuestros buenos deseos, no son congruentes con nuestra conducta a menudo. ¡Cierto!

Pero voy a más.

Realmente uno no puede ayudar a nadie, salvo que este quiera ser ayudado. Y lo frecuente no es arreglar las causas, sino mejorar los síntomas.

No es, en cualquier caso, el mundo el que ha de cambiar. Ni siquiera yo debo hacerlo.

Es mi comprensión lo único que ha de hacerse flexible como un junco, que llega la tormenta y lo tumba, pero tras su paso vuelve a mirar al cielo, recto como siempre.

Y a quien importa más comprender no es ni al mundo, ni siquiera al otro.

ES A MI MISMO.

Hace unos días descubrí en mi un sentimiento de rechazo a gente que vino inesperadamente a una fiestecita de amigos. Y ayer mismo me sentí celosa de alguien que recibía reconocimiento público.

Sentirme así me hizo tener revuelto el estómago y me apareció un dolorcillo en la base de la columna. ¡No me extrañó! Desde que decidí conocerme a fondo, cada emoción negativa provoca en mi cuerpo un reflejo casi automáticamente.

Entonces me miré con atención, a esa faceta mía que no apruebo, que rechazo y supe que lo que tenía que hacer a parte de reconocer mi egoísmo y mis celos, era encontrar dentro ese “yo” que sentía “eso que desprecio”. Imaginé a las dos mujeres que soy y expresaban unos sentimientos nada loables según nos enseñaron. Las imaginé por separado y me vi abrazándolas, juntando mis brazos al rededor de mi cuerpo y dije:

“SOIS HIJAS MÍAS… Y os amo. Sé que aparecéis para que yo os vea y mi amor y mi capacidad de abrirme al otro se nutran de vosotras y podáis sostenerme. Os bendigo. Ya sé que estáis ahí…Podéis volver a estar en mis raíces con mi gratitud.”

Cuando uno quiere sembrar amor, es lógico que todas esas facetas que lo sostienen se nos revelen para que puedan hacer su trabajo, nutrir y sostenernos, pero conscientemente, no vestidas de ignorancia por mi parte.

Es entonces cuando la comprensión y aceptación de uno mismo, de eso que nos enseñaron que era tan malo, tiene un papel sanador y liberador.

¿Queremos un mundo NUEVO…, de veras?

Pues hay que mirar la maldad con otra perspectiva. Sobre todo, reconocer cómo también está en mi agazapada.

Del mismo modo que una raíz sostiene y nutre al árbol, lo que llamamos malo sostiene lo bueno que aparece en mí.

La realidad se hace según la física cuántica de observar y producir un SI y no observar, ni producir aquello a lo que le decimos NO.

Lo MALO no está diseñado para salir y herirnos. Su papel es callado y lo realiza en la sombra. Si sale al exterior es porque ha de ser muy duro trabajar siendo no ya ignorado, sino maldecido. Y quien lo hace no es es mal como una idea, sino una parte de mi mismo que jamás recibe aplauso porque no sabemos que existe.

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No puedo ni recoger a todos los pobres de la calle, ni evitar las guerras, ni cambiar a los gobernantes ambiciosos. Ni puedo ayudar a quien no quiere mi ayuda tampoco. No es ese el planteamiento.

Lo que sí puedo es llevar reconciliación a mi alma, bienestar a mi corazón…Y si soy feliz, mi entusiasmo y alegría pueden al menos llevar la sonrisa al otro.

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¡Quien sabe! ¡Lo mismo contagio a alguno y si muchos tratamos el mal con generosidad, comprensión y misericordia, en vez de justicia, estaremos plantando la semilla de ese mundo nuevo que tanto nos gustaría ver!

 

2 comentarios en “¿QUIERO UN MUNDO NUEVO?

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