JUDAS

 

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Era como la Navidad para nosotros, una reunión, una fiesta, donde amigos y familia se volvía a ver tras unos meses y el ambiente respiraba euforia. Uno de los presentes era Jesús.

Abrazos sinceros, besos y risas surgieron en el “hola” fácilmente entre los hombres y mujeres convocados para celebrar juntos la que sería la última Pascua del maestro.

Le llamaban “maestro” porque les había enseñado la esencia de estar vivos: La alegría de amar. Viviendo a ratos con Él todo parecía fácil: un sueño se había hecho realidad entre ellos. Lo que estorba toda convivencia se había ido disolviendo hasta sentirse hermanos, con un futuro común y el propósito de hacer real ya no sólo para ellos sino para todos, el Reino de los Cielos en la Tierra. Era posible. Ellos eran la prueba…

Allí estaba Él. Sonriente, tocando el fondo de su ser al mirarles, amable y amoroso… La cosa prometía. ¡Qué felicidad!

Jesús llamó a Judas y desaparecieron. Mientras preparaban el evento, en un cuarto contiguo Judas animaba como siempre a Jesús a ser el MESÍAS prometido por la profecía, porque lo tenía todo para triunfar. Pero Jesús tenía otra cosa que decirle.

La palabra “mesías” habla de poder material, de seguidores ciegos para pelear contra quienes les maltrataban y aniquilarían no mucho después Jerusalem. Si Judas hubiera sentido el corazón de su maestro…

Jesús no mostró nunca especial interés por algo que sabía que le era dado por su Padre Celestial. No. Hablaba de eso que todos llevamos dentro: la capacidad de escuchar al Padre, de un Reino sin fronteras, ni otro líder que el amor. Tiempo atrás comprendió que es esencial dar a todos la noticia de que la vida NO ES UN VALLE DE LÁGRIMAS, sino una cualidad también del hombre, algo inextinguible, real, bueno…

En su mundo, como en todos, predominaba el desencanto, la desesperanza, la resignación, la pena, el mal… Hizo cuestión de vida transmitir que eso sólo es verdad cuando no amas.

Un día leyó en la sinagoga sobre los AFLIGIDOS. Y supo que se dedicaría a contar cómo sentía el la Vida, al creador, cómo nos ciega la realidad y caminamos verdaderamente muertos, cuando hay un REINO posible donde dando al otro lo que quieres para ti, nace la hermandad de las almas y la dicha de festejar que estamos vivos.

No despreciaba las leyes, ni la materia. Eran muestras, manifestaciones de su Padre de distinto signo y confiaba plenamente en su sabiduría y amor. Pudo llamarle de otro modo, pero le sentía de su misma naturaleza, de su especie, a su favor, y BUENO. Y viviendo con este sentimiento, descubrió otro modo de estar.., por eso le llamó PADRE y no Dios. Y si siendo hombre podía vivir de un modo gozoso, necesitaba que el resto de la humanidad supiera al menos, que OTRA VIDA ES POSIBLE SIN DOLOR, sin MUERTE, sin ESFUERZO, sin enfermedad…

En sus planes ser jefe, el general de un ejército por bien intencionado que fuese y justa su pretensión, quedó fuera. Judas debió imaginarlo. Y ahora, con el bullicio del festejo al otro lado de la puerta, Judas oyó a Jesús qué esperaba de él.

Conocía su trato y le pedía que le entregase. Judas avergonzado, se desesperaba. ¿Ser su verdugo? ¿Cómo le pedía tal cosa?

Entonces Jesús debió contarle que si la gente le veía e identificaba con un poder sobrenatural, jamás buscarían dentro de ellos esa misma fuerza…, que tan sólo dejaría un cuerpo atrás, cuya sangre que era puro amor y sabiduría quedaría en la tierra que tanto amaba para recordar al hombre lo esencial, también desde la materia…, que su ser sólo iba a hacerse inmenso, que se quedaría en el aire, en sus corazones, en LA VIDA y que lejos de perderle podrían entonces encontrarle, no sólo sus amigos y familia: TODOS.

En su sentimiento el universo entero se concentraba en su cuerpo. El hombre que también era, llamaría al dar su Vida a lo de arriba, al Espíritu vivo que amaba y con esa conciencia total suya lo de abajo quedaría fundido a través de Él con lo de arriba y se mantendría aquí, hasta que los hombres, lo sintieran como Él.

Ya lo había dicho…: “Dioses sois” ( Jn.10, 31-35) y “Cosas más grandes que yo haréis”, pero cuando tienes un pastor, no buscas serlo… Era preciso que como el trigo es pan porque muere, Él desapareciese como persona. Lo que uno de nosotros hace queda en la conciencia humana y Él lo sabía. Ligó a su ser todos los mundos. En Él todos se encontraban, también los pervertidos, los rechazados. Dejaría la paz como una señal para quien quisiera hallarla. Se sentía la VIDA misma, donde no hay desunión sino equilibrio y armonía. Su muerte dejaría en la Tierra y el Cielo el registro necesario y alguien tenía que ayudarle a realizarlo.

Judas habitualmente lleno de razones, sentía un dolor inaudito. Si alguien le amaba, ese era Judas. ¿Cómo iba a ser el causante de su desaparición? Los demás le odiarían, él mismo…¿Cómo iba a poder vivir con ese peso en el alma? Había pactado con el Sanedrín sí, pero con la intención de que Jesús llamado a ser rey del pueblo elegido hablase con ellos y con su elevada conciencia les hiciese ver que iba a ser ese soberano que vive en nombre de Dios, dedicado a Él y guía con sabiduría a su pueblo hacia la paz.

No era la primera vez que se lo decía. Durante algún tiempo, Jesús ni rebatió la posibilidad de convertirse en ello. Pero Él estaba descubriendo su destino. No sabía aun que la acción del hombre termina con la dedicación de sí mismo a Dios y una vez hechos UNO, es Dios quien da la Vida. Cuando el vaso contiene el Espíritu, es Dios quien desciende a la materia y Jesús era entonces ese vaso. Faltaba romper el vaso.  Derramar lo que en él había: una consciencia plena…

Jesús, consciente de su petición, con inmensa dulzura, pasando su brazo por sus aterrados hombros le fue calmando y le respondió:

-Podría ser el rey de un pueblo. Pero si muero, todos los pueblos pueden convertirse en el REINO, el Padre puede serlo de todos… ¿Comprendes?

Entregarle era un acto justo, necesario. Cobardía era no hacerlo. No era algo de este hombre que tanto amaba, sino de la humanidad entera. Abría la posibilidad para el mundo de sentir qué es la Vida, cómo cada uno tiene sus funciones en ella, cómo es eso de darla…, y QUIEN es el que la da…

De pronto supo que la conciencia de su amigo había crecido tanto que en Él iba todo y todos… y sintió pánico de nuevo: No entregaría un simple hombre, sino uno que ya era Dios.

-No puedes pedírmelo…, no…, no…

Jesús callaba. Sentía el inevitable proceso que Judas vivía…, le miraba con infinita ternura.

-Empiezas a comprender…

Él también había vivido el de aceptación plena de su destino…, ahora era el turno de Judas. El Sanedrín tenía una función, como él mismo, y no para el fin que creía, sino para otro cuyo fruto llegaría a todos y por la mayor de todas las causas… Con el rostro cubierto aun de lágrimas, enrojecidos los ojos, pudo emitir una leve sonrisa. Se abrazaron.

-¿Cuando?

-Esta noche.-  Le dijo Jesús.

-¿Dónde estarás?

-En el huerto de los olivos.

-¿Será rápido?

-Sí. Unas pocas horas…

– ¿Y yo? ¿Qué haré luego?

– Vivir con el recuerdo sin que este te perturbe, sin que el remordimiento, que es de los hombres, apague la luz que alumbra hoy tu acción, que es de Dios.

judas

No invento. Es una reconstrucción de un texto hallado en Qumram, del que da fe hasta un documental del Nathional Geografic.

La historia de Jesús se nos ha contado con un mal final: la traición de un amigo. Fue un acuerdo entre dos hombres sin traición.

Le debemos a Judas que Dios mismo se diera al mundo, porque Jesús que era hombre, ya era también Dios cuando murió.

 

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