MUERTE de Jesús

La Iglesia Católica a lo largo de los tiempos ha tenido que admitir que lo que consideraba verdades, dogmas, no tenían posibilidad alguna. Por ejemplo que el mundo se creó en 7 días, o que nuestro origen no es animal.

La Biblia como el evangelio, hoy a disposición de todos, tiene su lenguaje, exige conocer algo del pueblo judío, y tiene una lectura que no puede ser literal. Tenemos el derecho y si queremos comprender, el deber de reflexionar y sentir. Porque no es un relato histórico, aunque cuente hechos históricos, ni es un escrito para el análisis sólo, sino para que dejemos que nos hable y nos conmueva.

Tras hablar con Judas, ambos volvieron a la sala donde reinaba la risa y el bienestar. Pero las caras de ambos cambiaron la atmósfera de celebración. Algo estaba ocurriendo.

Jesús se empeña en lavarles los pies.

La Higiene era más un símbolo que una costumbre y con este acto Jesús quería hacer dos cosas:

Primero descender hasta lo más bajo. Aquellos pies gastados, polvorientos, malolientes eran para él un lugar, un sitio que tocaba la tierra bendita que iba a abandonar en breve y con ese gesto quería decirle a lo más indiferente, a lo menos considerado, que Él se ocupaba también de ello.

Todos menos Pedro accedieron. ¡Cosas de Jesús! No entendían aun. Pero Pedro que le considera Hijo del Dios vivo se niega a que lave sus pies. Entonces Jesús condiciona que le permita hacerlo con que entre en el Reino de los Cielos y Pedro cambia radicalmente de actitud.

¿Cómo, por qué un acto tan pequeño, tan servil puede ser la clave de que un hombre entre en el Reino o no?

La otra cosa que quiere mostrar Jesús es que si es considerado lo máximo y Él se humilla así, vayan dándose cuenta de cuál es la actitud que espera de ellos ¡Nada hay despreciable a los ojos de Dios! Y quien quiere subir más, ser más, no está por encima de nada ni de nadie.

Se sirven las viandas, comen algo preocupados, intentando aun mantener el espíritu que les había reunido, el aire feliz que sentían hacía un rato.

Entonces Jesús toma el pan y dice que lo tomen, que es su cuerpo. Y lo mismo dirá del vino señalando que es su sangre.

¿Cómo puede un hombre decir que el trozo de pan es el mismo? Sólo quien ha comprendido la unidad absoluta de todo lo visible puede decir algo así.

Días antes de este momento, Jesús a solas, mirando aun de lejos Jerusalem, recorriendo todo el paisaje con su mirada, supo sintiéndolo en todas sus venas, que nada de cuanto veía le era ajeno, que su cuerpo había crecido hasta ocupar la última estrella, que ya no era una parte de Dios, sino la manifestación entera de la Vida y que su Padre-Madre Dios era UNO con su persona.

¿Cuántos rechazos quedaron atrás? ¿Cuántas dudas se habían desvanecido? ¿ Cómo de inmensa era ahora la conciencia que tenía de TODO?

Hay eso que se llaman experiencias místicas. Quienes las vivieron experimentaron esa unión y saben que lo aparente engaña, porque sólo hay una vida y la vive una conciencia infinita eterna, autónoma que sigue su plan, de la cual la nuestra forma parte.

Pero Él además sentía tal derroche de amor, que supo instintivamente que para quedarse en esta tierra, en todo a un tiempo, no podía seguir estando en un sólo cuerpo, atado al tiempo y al espacio. ¿ Cómo iba a contar esto a esa panda de seres que le habían seguido y cambiado totalmente sus vidas?

Su comprensión  profunda de lo que la vida es, de lo que la anima y sostiene se hizo total. Sin embargo era consciente de que todo lo que habían compartido siendo tanto y tan bueno, no había llegado a sus conciencias a penas, que eran capaces de discutir por quién era el mayor entre ellos, que a pesar de conversaciones privadas y en grupo, sólo le seguían por un enamoramiento sin razón, porque le amaban como nunca habían amado antes, lo cual no significaba que le entendieran.

Ante el pan sintió que ellos aceptarían su palabra, y era algo que introducirían en sus cuerpos, como el vino, lo que facilitaría sentir su unión con Él, que se quedaba ahí también con ellos, dentro de ellos.

Estaba llegando la hora de despedirse, aun sin decirlo, les iba preparando en la medida de lo posible para su desaparición.

Entonces les dejó su última voluntad:

-Amaos unos a otros COMO YO OS HE AMADO.

El amor humano, incluido el maternal que es el más generoso, es interesado. No. No es así como quería que sus amigos del alma amasen, sino sin condición alguna, totalmente… Justo como Él les había mostrado que se puede amar. Ese y no otro amor es el que lleva al Reino del que tantas veces hablaba.

-¿ A donde vas? .- Pregunta Pedro.

-A donde voy no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde.

Pedro creía en Él de un modo visceral, como un torete que sigue al trapo con toda su fuerza, pero con toda su ignorancia…Fue ahí donde, conociéndole, le dijo que le negaría tres veces. No le culpaba… Le amaba. Sólo sabía cómo era y se lo contaba. Pedro no lo creía así…

Jesús siguió…

-No os inquietéis… Vosotros creéis en Dios. ¿No es cierto? Pues creed del mismo modo en mí. En la casa de mi Padre hay muchas posibilidades, muchas moradas…¡Si no fuera así, yo os lo diría! Voy a prepararos el lugar. Cuando me haya ido volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy esteis también vosotros, porque hacia allí no conocéis el camino…

-Si no sabemos dónde vas…¿ Cómo vamos a conocer el camino?.- dijo Tomás.

En ese punto Jesús da una clave:

– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí. Si me conocéis, conocéis también a mi Padre. Desde ahora le conocéis y le habéis visto.

Felipe le pide:

-Muéstranos al Padre y nos basta.

Se lo estaba diciendo y seguían ciegos, sin comprender…” SI ME CONOCES A MI, CONOCES A DIOS”. Uno podría creer que Jesús estaba siendo soberbio al asegurar que nadie llega a Dios sino es por Él. Pero no es soberbia. Es tanto como decir : Tómame de modelo, haz lo que yo hago y entonces sabrás quién es Dios: Yo soy la VERDAD. Pero ni todo el amor que profesaba Felipe podía hacer que se elevase de la realidad tangible, por eso pide que le muestre a Dios. Y Jesús es contundente:

-Quien me ve a  mí ve al Padre que me ha enviado.

Para entonces la unión de Jesús con Dios, desde su mente y su cuerpo es total. SON uno. Si bien recuerda que dios es mayor, no queda duda alguna de que son el mismo.

Os invito a que leáis esta escena hasta el final. Sí, porque la oración al Padre que sigue confía a Dios a los suyos, pero hay más:

-No ruego sólo por estos sino por cuantos crean en mí por su palabra…

La historia del mundo está repleta de grandes maestros, conocidos unos, ocultos otros. Sin embargo sus enseñanzas se las dejaban en secreto a sus más cercanos discípulos. Las logías, las órdenes, instituciones incluso que han llegado a conocer el tipo de transformación que es asequible al hombre nunca han expandido su mensaje más allá de unos cuantos.

El mensaje de Jesús no es el de una iglesia concreta, un culto determinado o unos dogmas más o menos asumibles. Uno puede escuchar su voz leyéndole, y más allá de credos, descubrir qué tiene para mi quien fue un hombre que creció hasta ser UNO con Dios, hasta bendecir la vida y el mundo con todo lo que es, y encontrar la paz y el amor y darlo gratis, como lo recibimos.

Me he preguntado a menudo cómo se podía arreglar el mundo. Hoy ya no quiero arreglar nada, sino aceptar todo. Y doy fe que mi vida ha cambiado y que este es el camino para encontrarse uno mismo.

La Iglesia  Católica pone su fe en los milagros, sobre todo en la resurrección física de Jesús. De que no ha muerto doy también fe, y si dicen que mientras alguien te recuerda no has muerto, hay un montón de cristianos que no le han olvidado.

Jesús abandonó su cuerpo, según se dice, aquella misma noche que hoy muchos celebran conmovidos por las calles de España. Celebran su muerte. Seguramente no resucitó.  Resurgiría en los sueños de sus amigos. Pero tampoco hace falta, porque ni siquiera murió.

Y su mensaje sigue ahí esperando a quien busque la auténtica felicidad que no viene del dinero, sino de sentir amor en el corazón.

 

 

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