El VIL metal

¡Se hartaron de corrupción eclesiástica! Cuatro siglos atrás. Un vulgar párroco osó poner un papelito a las puertas del templo provocando una movida intensísima en el mundo. Se llamaba LUTERO. ¡A veces un pequeño cambia todo!

Se cansó de ver pagar la salvación eterna a pudientes que continuaban abusando del poder, de su falta de compasión, y su anticristiana vida, aunque comulgasen diariamente, comensales cotidianos de obispos y cardenales que absolvían sus atrocidades, casaban a primos hermanos sin problemas, o anulaban matrimonios “indisolubles”. Él dijo a la iglesia oficial, única entonces, lo que negaba: LA FE SALVA.

El Don Juan, obra de dos grandes de nuestra literatura: Calderón de la Barca (cura él) y Zorrilla, lo plantea. Zorrilla sería luterano, porque por un instante de fe salva al impenitente fornicador que presumía de ello en las tabernas… Calderón, sin embargo le condena ¡Hijo de la iglesia al fin!

Muchos hablan de fe. Pero TENER FE es poco habitual. No basta “creer en algo”. Eso es lógica básica. Miras la naturaleza. Comprendes el magnífico orden que la sostiene. Algo muy grande regulará eso nos empeñamos en dominar, sin comprenderlo ni funcionar a su favor.

Creer, tener FE, supera la lógica de lo visible. Existe por encima de las circunstancias. ¡Ni importa cómo de adversas resulten! Hablo de creer en lo imposible a pesar de la experiencia, del daño recibido, o de sentirte loco… Creer sin más… Puede ser apostar porque tus compañeros saquen una oposición largamente perdida… o sentir que a pesar del maltrato de la sobre protección, un niño infeliz tiene la posibilidad de resurgir… Puede ser perderlo todo en un incendio y descubrir que aún vives, tienes dos manos y un trabajo y de pronto un pueblo entero se vuelca, te salva… O amar sin esperanza seguros de que ese amor es real…, o creer en el bienestar sin mirar la tu cuenta, pues papá banco impide la debacle económica.

No obstante para esto último, el dinero no puede ser todavía el vil metal.

Las prostitutas dan amor por dinero. ¡Sí amor! Habrá más causas para prostituirse, pero son el psiquiatra más efectivo, grandes psicólogas, y no es su entrega vil, despreciable. Nosotras, las decentes, tenemos muy claro que el coito ha de apetecer o no hay tu tía. Esos “dolores de cabeza” reales o fingidos, que denotan un conflicto personal (oculto hasta para ellas) con el hecho de ser mujer, capacitan  a las otras para el intercambio.

¡Santo, es lo que es ese dinero que los hombres les dan es!

Por el intercambio monetario la estructura social se mantiene y muchas parejas duran más que un bollo a la puerta de un colegio. No todos deshacen de hoy para mañana sus relaciones… Pero, hoy que presumimos liberadas, el negocio debería haber desaparecido y los “puticlubs” siguen en auge como la trata de blancas…

¿Llamaremos por esto vil al dinero? Podría ser. Pero es más profundo.

Muchos niños, privados del más elemental cuidado y protección, crecen mientras “cuidamos a nuestras crías” con ausencia de educación y guía y los psiquiátricos van elevando su porcentaje (en progresión) de adolescentes perdidos ante tanto mimo mal entendido.

Hemos cambiado el eje de nuestras vidas.

Al amparo del crecimiento tecnológico y científicos señeros como Newton, creímos que tarde o temprano conoceríamos el cosmos y su funcionamiento. Un listo, René Descartes, salió diciendo que “pensar” era prueba de existir. Dos siglos después tanto pensamiento hace pender nuestra existencia de un hilo.

Siempre alguno “piensa” que mucho dinero es poder y con el poder manejará la vida, propia y ajena.

Para estos no es vil el dinero, sino medio para alcanzar sus fines. El eje es pues el YO.

Lástima para ellos que lo que funciona siempre sea hacer equipo. No va de regalar dinero, quien sabe si para acallar una conciencia que mal trata a sus trabajadores del tercer mundo…

El dinero sólo es mi esfuerzo convertido en medida tangible, y lo que gane depende de mi valoración propia. Pero para eso el eje de mi vida ha de estar en mi corazón.

Es cuestión de FE EN MI. Soy lo más valioso que tengo. Hago que que midan mi esfuerzo,  porque doy SIEMPRE lo mejor de mí. Y… decía mi madre, quien da lo que tiene, no está obligado a más.

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