Virus contagioso

Aplauso simpatiquisimoMuchas veces siento que las palabras no llegan. No lo hacen, porque por no descubrirnos, por respeto tal vez, hablamos en general. El otro día terminaba mi texto así: “Una vez más la respuesta es AMAR”. Y me quedé pensando… ¿Debería explicar qué entiendo por AMAR? No para dar una definición. Hay cientos, y seguramente cada uno tiene la suya. Sí puedo describir cómo siento yo que hay amor en nuestras manifestaciónes.

Antes decir TE QUIERO para mí era imposible. Me obligaba a un nivel de conducta exquisito y como no me sentía capaz de darlo, era más fácil callar. Luego la cosa cambió. Sí reconocía que quería, pero querer debía acompañarse de una especie de pasión, una sensación en mi pecho concreta. Hasta que un día, de uno de los mejores seres que conozco oí: EL AMOR NO ES UN SENTIMIENTO. ES UNA ACTITUD. ¿Una actitud? Evidentemente a veces se acompaña de sentimiento, de emoción, pero siendo una actitud la cosa cambiaba.

Para mí es hoy un modo de vida, una manera de comportarme. No es que elimine así los juicios sobre los demás, pero sabiendo que al final siempre les declaro inocentes y mi veredicto es liberarles de mi genio, amo al cuidar de todo y de todos en la medida que sé. Muchos no necesitan mi cuidado, pero para esos guardo el máximo respeto, y me aparto.

He comprendido que lo que está fuera de mí, aunque no me agrade, habla también de mí. Y cuando me siento mal con alguien es una obsesión hasta que en mi fuero interno hago las paces. No necesito de nadie para comprender y serenarme hasta alcanzar la paz, puesto que yo rechazaba, yo puedo resolver el rechazo que siempre estuvo en mí.

En estos días difíciles, con toda la población casi encerrada en sus casas (¡INCREÍBLE!)  hablan de solidaridad. En realidad es amor. Veo muestras de desinterés, de generosidad por parte de tantos, y miro y descubro que nos hemos convertido en niños. Sí, niños. No sólo se contagia el virus, también la generosidad, el amor. Los adultos proceden como niños, dando lo que tienen: esfuerzo, material, dedicación, cartas a desconocidos, canciones, comida gratis a camioneros,… Interminable lista que cada tarde, se muestra en las ventanas abiertas a las ocho para aplaudir.

No sé ya si se aplaude al personal sanitario, a la policía y bomberos sólo, al resto de profesionales de limpieza, repartidores o productores de alimentos, o al hecho de que a las ocho vuelve la vida y salimos del encierro. A mi me parece infantil, dicho hoy aludiendo a lo mejor que la infancia es: ingenuidad, inocencia y entrega.

Crecimos. Pero el niño que fuimos vive escondido, nunca muerto, esperando un juego, una broma, un día especial y espera porque si él muere, moriremos nosotros. Ser adulto es construir muros, adulterarse, evitar mostrar qué soy.

España, ahora, ha recuperado su infancia y como no podía ser de otra forma, ama, porque tras la actitud de sentir la pena del otro y esos aplausos vespertinos hay amor. Las barreras son los muros de nuestras casas, pero como las ventanas, los corazones están abiertos. Fluye la compasión. Oyes que alguien se contagió y lamentas de veras su ingreso en el hospital. Tienes cerca un viejito y le haces la compra… Hasta los políticos hablan de unidad…

Han caído las barreras… ¿Seremos capaces una vez fuera de esta crisis de mantener esta misma actitud?

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