EXTINCIÓN

Hablaba un científico, experto en robótica, desde la vanguardia del mundo empresarial: La evolución consiste en dejar atrás lo humano en favor de la inteligencia artificial ¿Era un hombre quien veía el futuro plagado de máquinas pensantes?

Ahora la deshumanización del poder pretende un gobierno único para el planeta y sobra población. Antes las guerras lo solucionaban. Hoy no sería interesante cargarse ciudades, infraestructuras y medios en general bajo la amenaza de una conflagración nuclear. ¡Más fácil! Van directamente a por la gente.

Tocaron lo único capaz de conmovernos: nuestra vida. El miedo a morir es la más eficiente tecla a tocar para dominar, controlar y manipular las masas. Los largos años de desinformación, una educación que impide pensar y crear un criterio propio, la droga del consumo, una salud sostenida por fármacos, la falsa apariencia de libertad…, han conseguido que creamos en los medios y traguemos lo que quieran.

Lo último: un ente no aislado, supuestamente causa de más de 600.000 muertes en el mundo. En su nombre, expertos comprados dictan normativas aberrantes. Han convencido a casi todos. Bueno es distanciarse, taparse la boca, y no expresar los sentimientos hasta nueva orden. En tiempo record dispondrán y aplicarán una inyección de vaya usted a saber qué. Para cuando sintamos los efectos secundarios será tarde y nadie se hará responsable. Seremos conejos de indias de unos desalmados. Moriremos sin mascarilla, eso sí. ¿Qué nos enchufarán? ¿Moriremos? ¿Así hacen sitio a ese mundo digital inteligente sin corazón? ¿Están extinguiendo nuestra especie? … ¿Exagerado?

Vacunaron en serie en África: miles de mujeres son estériles ahora. ¿Y si fuera verdad que alterarán nuestros genes transformándonos? ¿¿Cuántos y cómo sobrevivirán a una vacunación obligatoria, único modo, dicen, de volver a la “nueva normalidad??

De cuanto descubrió el hombre, lo más grande, es la certeza de que una energía plural de poder inconmensurable, más allá del tiempo y el espacio, es “el material” que compone el universo y nuestros cuerpos. La mística supo siempre de esa vibración poderosísima, base de todo. El pasado siglo lo demostraron dos científicos. Obtuvieron por ello el Nobel. Pero pesan dos siglos de materialismo explicando la vida, el mundo y al ser humano como mecanismos. Ningún científico dirá que ya sabemos qué es Dios ni mencionarán lo único que importa. Ese Dios, esa vibración de vibraciones, vibra en una frecuencia cuyo nombre es AMOR.

¿AMOR? ¿Y tanta destrucción, tanta perversa maniobra, tanta corrupción, tanto engaño, tanta muerte?

Hemos condenado una parte de la Vida. La exiliamos. Se preparó con odio, deseando venganza, acumulando fuerza. Yo también destruyo cuando arrojo al suelo plástico. Me corrompo al llevarme a casa material de oficina, o callando ante la injusticia por cobardía. Yo engaño. Contribuyo a la muerte cada vez que niego mi amor… Puedo culpar a reyes, presidentes, políticos, jefes… Pero por pequeña que sea mi maldad, me iguala a ellos. Soy tan responsable del desastre como ellos.

El mal pide a gritos que reconozcamos la necesidad de su presencia. No aparece para quedarse, pero no se irá mientras la condena o el rechazo pesen sobre él. La VIDA está hecha de opuestos. Uno se esconde para que el otro brille. Pero esconderse no ha de significar ser maldecido. Reconocerlo en mí es el único gesto de amor posible para que brille el AMOR. Y de paso, no condenarles más. Ellos no son oscuros, sino mi posibilidad de encontrar la LUZ.

 

 

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