Aún no somos humanos (1)

Tengo un amigo sabio. No por lo que conoce, sino por el cuidado que pone en todo. Me joden a menudo sus frases…, pero hablando de la nueva realidad, de que el mundo se acaba, que desapareceremos, me dijo: “No puede desaparecer lo que no está. La humanidad está inacabada. Aún no somos humanos”.

-¡No estás terminado!

-¿Qué quieres decir ?

-Lo que digo. Tu, yo…, ningún ser humano está terminado.

-¡Cómo! A pesar de los tacos que tengo, las arrugas, la calvicie… ¿no estoy listo?

-Exactamente. Damos por supuesto, creemos, que basta cumplir años para crecer, pero SER HUMANO, ser HOMBRE, ser MUJER, son palabras mayores que no tienen que ver con la edad.

-Aceptaré tu afirmación. Pero… ¿Qué es entonces un ser humano?

-Para empezar, es la penúltima meta. Pasa por reconquistar la inocencia.

-¡Hombre, eso no! ¿Me tengo que volver niño?

-No. Un niño nada ha de reconquistar. Tú eres adulto. Eres quien ha de recuperar lo que nunca perdiste, pero olvidaste. El conocer no resta inocencia, siempre que no culpes a otros como medio para dejar de culparte a ti mismo.

-Pero conozco muchos culpables…

-No. Conoces muchos que como tú creen ser el actor de su vida. Eso no es así.

-¡Ah! ¿No? ¿Me estás diciendo que mis ojos y oídos me engañan, que las pruebas de su culpa no les condenan?

-Sólo Uno vive y actúa a través de infinitos actos relacionados entre sí en busca de un final feliz. Viste con tu mente cargada de culpa y condenaste a otros porque tu mismo te condenas. El otro es tu oportunidad de borrar tu culpa si olvidas la suya, por perversos que fueran sus actos. Sé que no lo parece, pero lo que das a otro a ti mismo te lo das. No eliminarás ni el juicio, ni la condena social que él/ella haya de padecer. Sin embargo experimentarás un alivio indescriptible, porque al borrar culpas ajenas, borras las tuyas.

-Bueno, bueno…, supongamos que ya no culpo a otros. ¿Eso me hará inocente a mí?

-Sin duda alguna. Pruébalo y verás.

-Aún no sé qué entiendes por SER HUMANO.

-Liberado de tus culpas, habrás de superar tus miedos.

-¡Joder! ¡Qué fácil! ¿No? ¡Ahí es nada! … Superar mis miedos…

-Hay algo en nosotros, llámalo voz interior, que intentamos desoír. Durante todo el día, empleados a fondo en nuestras tareas, desoímos esa voz. Te informa de qué es lo que afrontas por simple que sea. Todo produce inevitablemente placer o disgusto. Pero ni nos empapamos del placer, ni queremos discernir por qué lo que nos molesta lo hace. Seguimos, creamos una jaqueca, protestamos por cualquier otra cosa, sin frenar y ver dónde y qué desencadenó el malestar. Dicen que no hay tiempo. Para lo que va quedando poco tiempo es para convertirnos en humanos.

-Pero… imagínate que en mi trabajo diga al jefe: “Me ausento diez minutos: tengo que pensar y sentir”.

-Lo haces para fumar, para ir al servicio… Es importante para tu paz interior averiguar qué te inquieta, por debajo de pagar la hipoteca, o acabar tu proyecto. Eso son síntomas de miedos profundos que prefieres ignorar. Porque… Quizás ha llegado el día en que sientas que eres guiado por la Vida que habita bajo tu piel y en torno a ti.

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