CREAR

¿Has pensado qué no hay dos seres idénticos en la naturaleza? Los cristalitos de un copo de nieve se diferencien entre si. ¿Qué falta hacía? Pero ocurre. Cada estrella de hielo tiene un patrón distinto. ¡¡Imaginad un ser humano, constituido por millones de células también distintas entre sí!! ¿Por qué, para qué?

A cambio, todo nuestro universo nos uniforma, nos hace iguales cuando no lo somos. En el hospital donde te hacen nacer el protocolo es idéntico con los bebes. En las guarderías y escuelas se espera que seas “normal”. Los centros de estudios superiores juegan a lo mismo: imponen sus patrones de conducta profesional si quieres colegiarte. Sin ir tan lejos: tus amigos esperan que adoptes sus costumbres, vistas como ellos, comas lo que comen y respires al ritmo que marca la “sociedad”.

Una escuela podría dedicarse a observar para potenciar qué traes ÚNICO, afianzar tus particularidades, permitirte crecer, exponer tu creatividad y que dé fruto. Un hospital podría enseñar a cuidar tu salud: lo que traes no puede perderse. Esas estadísticas que evidencian las diferencias podrían hacernos ver que eso que llamamos NORMAL, no sirve para organizarnos: destruye la confianza en uno mismo y la creatividad.

Criticamos mucho sin descubrir que tu y yo podemos CREAR nuestra vida, aunque perdamos los privilegios con que nos compran al uniformarnos. Nos vendemos por un crucero, un viaje a Cacoon, un coche más moderno, por ser el de la publicidad… En el fondo, por no estar solos.

Y la ansiedad, la angustia, la vulnerabilidad gritan desde dentro. Denotan nuestra insatisfacción: vivir es una maravilla que se nos escapa. Ya viejos nos preguntaremos si se trataba de sacrificar mi yo, si saqué cuanto tenía y pude dárselo a quienes me rodean. El autosacrifico es noble, fructífero, si nace de una decisión consciente, no de permitir que nos uniformen. Entonces, es un crimen perpetrado por mí intentando ser otro.

Somos diferentes por algo. Cada uno es una pieza del puzzle que llamamos humanidad. Tú aportas algo imprescindible. Claro que, hay que recomponerse. Repasar nuestros valores, las “culpas”, reconocer que fuimos reos del abandono. Actuábamos desde el miedo, la rabia justa, el inmerecimiento, o la inmadurez.

Empieza a CONFIAR en ti. Desoye cuanto ataca tu integridad. No la vendas a ningún precio. Que mis errores sean míos y no fruto de costumbres impuestas, que mis opciones nazcan de mi corazón sintiendo lo correcto para mí en cada instante, que mi mente sea la que discierne, no los medios de comunicación.

La ingeniería social no es nueva. Se nutre gracias a grandes recolectores de información y a nuestra irreflexiva sensación de conexión. Nuestros datos generan determinaciones políticas a favor de los muchimillonarios, no nuestro. ¿Por qué? ¿Cómo?

Fácil: renunciamos a nuestra integridad. No te compran con dinero, sino con popularidad en las redes o con bienestar material, porque el peque abandonado que fuiste busca aprobación siempre.

Las leyes se cuecen paulatinamente. Engatusan la opinión pública con sutil empeño, cambian los principios que confieren integridad al hombre, y cuando se aprueban, ni te enteras. Hoy, el gran valor para mandar es la información. Luego, montarán un acontecimiento internacional y como te conocen y eres un niño/a uniformado, abandonado, lo que vale a un paquistaní te valdrá a ti.

Urge recomponer mi yo, no sacrificarlo uniformándome, o nos perderemos su aportación vital y única. Urge mirarnos con verdadera piedad y reconocer que no es malo “ser yo”. En todos habita la rabia, el egoísmo, la prepotencia, la pereza… pero todos llevamos la huella del abandono. Fueron unos minutos al nacer… Aquello nos hizo aceptar el uniforme o mamá nos abandonaría de nuevo. Y desde luego en todos habita la verdad, la fuerza, el amor, la grandeza…

Uno es lo que es, ni bueno ni malo. Uno ES. Y eso hay que preservarlo a ultranza, sin ponerlo ya más a la venta.

ENTONCES dejaremos de copiarnos y CREAR SERÁ POSIBLE, entre todos.

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