Y el viejo fue niño.

Hay una opinión irreal y ñoña, o a mi experiencia se lo parece, respecto al niño. Son maravillosos, ser padres un sueño, que inocentes son… Frases de este estilo desdibujan la potencia con que un peque actúa. Su voluntad es más fuerte que nada. Nada les frena, salvo su querer, ya mismo, lo que persiguen. Dura nada y menos, pero mientras dura esa motivación es de una potencia ilimitada.

Urge comprender y sentir al niño que fuimos, que tan viejo se ha vuelto, que ya no se mueve siguiendo ese bendito egocentrismo.

Sí, el ego, que existe no para ser superado, sino para movernos por aquí hasta VER y OÍR. Y entonces el viejo se vuelve niño y todo lo complejo es tan simple…

Nos hemos olvidado de amar, de jugar. Pasamos de jugar a las casitas y a los médicos, de amar al amor con fruición, a hundirnos en las deudas y tomarnos la vida muy en serio. ¿Serio? No. Todo se ha vuelto grave, arriesgado, peligroso y como así lo creemos, así es.

Es evidente que a la infancia le faltan muchas cosas, físicas y psíquicas. Pero ese impulso que busca sin freno hay que retomarlo y VIVIR.

Pocas veces la historia brinda al hombre periodos de modificación y/o cambio. Estamos viviendo uno. Y es interesante y vital que no nos echemos la siesta justo ahora. En apenas tres años lo que suena a amanecer puede ser un crepúsculo y si llega la noche, no sé si habrá ni luna ni estrellas. Tiendo a creer que amanece la Vida, aun a pesar de negros presagios muy funestos, cada día más notorios.

Y sé que sólo saldrá el sol si todos los espíritus malignos son al fin abrazados como cosa mía, no como error de otro preferentemente. Se trata de estar vivo y saber que estarlo pasa por ser malo ahora y bueno luego, que el otro no es distinto a mí y cuando le toca ser malo, serlo a tope es necesario. Se trata de que de una vez por todas todo se pueda aceptar y sin reprimir nada, que lo oscuro ocupe su digno y bendecido lugar que es el inconsciente, para que el consciente pueda por fin REÍR.

Y saldrá el sol cuando tu diferencia conmigo sea mi riqueza, no mi estorbo. Saldrá cuando nada tóxico me lo parezca porque habré sentido que la Vida también es tóxica y que los tóxicos nos empujan en busca de la paz, si los acogemos. Saldrá si encuentro un atisbo de virtud en el mal.

El sol ha de salir y no sólo para uno, sino para este equipo humano millonario en conductas, pobre en actitudes amorosas. Vivimos un planeta maravilla y nosotros somos magos que juegan a prestidigitadores.

Ayer hice de un gusano de plastilina un dragón ante los atónitos ojos de diez niños y niñas de 3 años. Aquello, creedme, no parecía un dragón, pero como yo lo llamé así y ellos lo creyeron, todos al tiempo querían hacer SU dragón. Ahí está. Fe, en el otro. Voluntad para crear y entrega con esa infinita potencia suya. ESO ES LO QUE HAY QUE RECUPERAR. Nada está aún fijado. Aún podemos hacer del nuevo tiempo un tiempo nuevo sobre la excelente base de nuestra memoria.

Y el viejo, la vieja que ya soy, recuperará a la niña que nunca dejé de ser.

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