La ola morada

Una moda nueva, una ola morada, levanta aplausos. Promovida por celebridades y políticos de respetabilidad sospechosa, hablan de la mujer adueñándose de la palabra, que para nada les pertenece sólo a ellos, como si la hubieran inventado.

Es natural querer trabajar por dinero, pero también es trabajo el de casa, que ahorra mucho. Es justo que tareas iguales reciban igual remuneración. Y ninguna clase de abuso o maltrato merece que la sociedad mire para otro lado.

Pero no va de vulva o pene. Se trata de dignidad, de amor propio. Tristemente, eso no se enseña en las escuelas, se actualiza a diario. Nacemos con dignidad de seres humanos y la naturaleza decidió que la mayoría seamos hombres y mujeres. Si importara la dignidad, cuidaríamos mucho más la infancia. Allí se gesta lo que uno cree valer y merecer.

Violaciones, malos tratos físicos y psicológicos no llegan por emparejarse. Surgen en los hogares desquiciados; aparecen sobre todo en el corazón de personas que se creen menos que nada, personas inseguras, independientemente de lo que parezcan; se acunan en una sociedad que actúa ante lo que ve, pero olvida sistemáticamente que somos corazón y mente, no fachada.

Cuando hombre y mujer se encuentran, portan una mochila emocional que actúa de imán entre ellos. No es casual el frecuente caso de la mujer maltratada por varias parejas. Ellos, son seres hundidos, acumulan rabia por heridas no bien procesadas, ocultas. Buscan descargar su ira. Ellas, crecieron en el desprecio. Creen valer muy poco y merecer lo peor, porque…, si nadie las valora ¿será que han hecho las cosas mal? Necesitan castigo. Son tal para cual. Da igual la clase social. El panorama interno es el de quien se cree culpable y busca un verdugo que ejecutará la sentencia. No es consciente. Se sienten víctimas antes del primer golpe. Va grabado en sus pensamientos destructivos. Y no es flor de un día, no se formó a partir de su encuentro. Fue día a día, año a año, en sus hogares y colegios, en la calle…

Que la ministra vocee y los medios canten el NI UNA MÁS cuanto gusten. Los políticos se promocionarán con su «protección» a la mujer, e incluso darán el mismo número de cargos para mujeres que para hombres. Todo inútil. El origen del maltrato está en el alma, eso que esta sociedad quiere destruir. ¡Como no se ve… ! Y parte de la solución sería proteger la familia y la infancia. Pero sin entrar al alma, son palos de ciego.

Hemos descuidado mucho lo sagrado, lo esencial, lo natural. Se quieren cargar la maternidad. Atacan la familia concienzudamente. Impiden la educación, fomentando la ignorancia y la pérdida de la identidad personal, social y ahora vamos a por la globalización. A nuestros gobernantes les importamos un bledo. Nos ofrecen PAN y CIRCO, como en Roma, menos pan cada día y mucho CIRCO (móviles más fáciles de controlar, pantallas donde perdernos, medios donde exponernos, deportes competitivos, etc.)

Día de la mujer…, Conciertos «a favor de», Asociaciones pro derechos de la mujer… No seré quien niegue alivio y consuelo a las víctimas. Es sólo, que esto es pan para hoy y hambre siempre, hasta tanto no vayamos al origen y dejemos de ofrecernos en sacrificio, cuando lo que buscamos es un bien tan alto: el amor.

La mujer es Vida, con mayúsculas. Lo que cada una de nosotras es y lleva no cabe en un blog. Sólo que justamente, desarrollarlo necesita del hombre, de los hijos, de los demás para que descubramos el inmenso valor que tenemos. Proteger a la mujer está bien… Pero hay una guarda de sí misma que nace en ella y sólo en colaboración con quienes se siente feliz.

Harían falta medios económicos, psicológicos, sociales y más, para crear un nido en que ellas y ellos crezcan seguros, estables y amados. Entonces, no habría víctimas ni verdugos. Y puesto que es dentro de ellas donde ha de crecer la confianza, mientras una mujer no encuentra la fuerza en sí misma, ya pueden «empoderarla» desde fuera. No sirve. Parece bastante evidente que se le reconoce un poder que no tiene, porque quienes lo ejercen y diseñan el mundo la sienten enemiga. Ella es el cauce que hace posible que nazcan más personas, que la vida siga siendo humana y de evitarlo va la trama.

Maltratada 9 años, tras conseguir dejar de serlo sin odiar a mi verdugo, animo a quienes sufren maltrato, hombre o mujer, a entrar en su alma y descubrir su dignidad. No es algo que te reconozcan. Es nuestro por derecho natural y divino. Y si uno no lo ve, ya pueden «empoderarte» lo que les de la gana.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s