¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Estos días vamos a oír mucho:»¡FELIZ NAVIDAD!». No dudo de que salga del corazón con buen  propósito. Y sin embargo…, ¿sabemos lo que decimos? La NAVIDAD, sólo puede ser feliz. Es como decir  «nieve fría».

Jesús también era amigo de fariseos como Nicodemo, que pertenecía al Sanedrín, al gobierno de Galilea. Y a él, que quería saber más le explicó qué es la Navidad. «En verdad te digo, que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el Reino de los Cielos».

Imagino a Nicodemo, confundido, desesperanzado ante lo de «nacer» tan mayor como era…:

«¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?» Eso dice a Jesús. Y entonces, el Maestro, responde:

«En verdad, en verdad te digo (dos veces señala que va a decir VERDAD) que quien no naciere del AGUA y del ESPÍRITU, no puede entrar en el Reino de los Cielos… «ES PRECISO NACER DE ARRIBA», recalca aun…

El hombre común divide lo de arriba y lo de abajo, de modo que Nicodemo pudo creer que jamás entraría en el Reino de los Cielos, que eso y no otra cosa ES LA NAVIDAD:

NACER DEL ESPÍRITU Y DEL AGUA.

Entrar en el Reino de los Cielos, no es para después de muertos, sino para realizar en vida. La primera vez que leí estas palabras me sentí fuera. Como dependía de «arriba», la felicidad me estaba vedada. Mucho he indagado, leído, vivido y buscado, y ahora sé que ESPÍRITU es lo que no se ve, las ondas, el vacío cuántico, la energía, los pensamientos… Mi mente firmemente decidida es espíritu. Y en el mundo esotérico, el agua alude siempre al sentimiento, al corazón. ¡Ya lo tenía! Jesús dijo algo como esto a Nicodemo, traducido a mi comprensión:

«El cuerpo es materia animada por el espíritu, pero lo importante sucede primero en el espíritu. Es el alma quien mueve. No necesitas renacer de tu madre sino de ti mismo…, tus padres son ahora tu mente y tu corazón».

Desde entonces quiero hacer mío con la voluntad de mi mente ese renacer. Y desde entonces la voluntad de mi corazón está dirigida a amar, amar y amar. Amar, no como «querer», tan variable como una veleta. Amar, no como ir poniendo algodones a mi alrededor o a mí misma. Amar, como quien ACEPTA TO-DO. Porque si como dice el dicho: «No hay nada fuera de Dios», es cierto que el universo manifestado en sus múltiples facetas es Dios, vea lo que vea o a quien vea, todo pide mi aceptación y ser tratado como AMABLE, o lo que es igual, como DIGNO DE SER AMADO.

Ese es siempre el problema. Amar lo que es bello, bueno, dulce, lo que me gusta, divide en dos la vida, ya que excluye cuanto no considero bello, bueno o dulce y por ello no me gusta. Nacemos como Pinocho con un traje que nos permita vivir, que no es nuestro vestido, pero sí deja ver cuanto es rechazado, para aprender a amarlo. Y la auténtica Navidad se produce el día en que comprende Pinocho que nada le es ajeno, que todo es suyo, también lo condenado. Entonces, siente que su cuerpo es real, hecho de infinitud, de formas imposibles, hecho de energía susceptible de ser cualquier cosa. Y eso, es lo que entiendo por Navidad.

Esa navidad que nos devuelve a nuestro verdadero ser, que ha venido a salvar a lo «pecador», porque lo justo ya está salvado, es la que me pido para cada hombre o mujer de este mundo y de cuantos puedan existir. Y esa, SÓLO PUEDE SER FELIZ. dulce navidad

¡¡¡Es la que os envío a todos!!!

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